opinión | Publicado el

Alberto Velásquez Martínez


Lo que se juega

Lo que estará en juego este domingo es el modelo de país que quiere adoptar la sociedad colombiana, en lo económico, en lo social, en lo político. Decidir si aspira a vivir en libertades con una responsabilidad de Nación garantizada por un hombre serio, incontaminado o sumergirse en un régimen totalitario, presidido por un agitador de lucha de clases, un hábil vendedor de ilusiones y espejismos, con pasado bastante discutido y azaroso.

Optar por la propuesta de Petro significaría no solo apostar en la ruleta rusa, sino dar un salto al vacío sin “indicio alguno” -como lo sostiene un antiuribista visceral como el caricaturista Vlado-, “que permita inferir que si gana tendríamos un país en paz”. Y agrega el sarcástico dibujante que, “de hecho Petro ya ha demostrado que es proclive a la confrontación y a los conflictos sociales y que sus herramientas favoritas son la provocación y el lenguaje incendiario, con los cuales no se construye una sociedad armónica ni un país estable”.

Contrasta la actitud de obstinado picapleitos como Petro, con el lenguaje sereno de Duque, para respaldar con sindéresis sus iniciativas. Este, en diálogo con Yamid Amat, insistía en que, “no estoy con la política del odio ni con la desunión. Nosotros somos la esperanza, somos quienes defendemos las libertades, no el dedo expropiador e inquisidor”.

Iván Duque es un joven moderno, brillante, formado en las libertades, en el orden, en el respeto por las instituciones y alejado de todo mesianismo, divorciado de las actitudes mesiánicas de las extremas políticas. Tiene preparación académica en la aplicación de la economía de mercado sin extravagancias e inequidades. Antípoda de la perversa moda del populismo que arrasa con las sociedades y las economías de los países tercermundistas.

El populismo, esencia de la carnadura de Petro, al cual se llega por la demagogia electoral de prometer en campaña lo que no se puede hacer financiera y fiscalmente en el gobierno, así como por la utilización melosa de eufemismos y doble lenguaje para edulcorar falacias, ha sido señalado por el exministro de hacienda Juan Carlos Echeverry, como el factor y la doctrina que con el socialismo, “renegaron de la capacidad de empresa y del mercado, condenando a las familias a comprar menos y de peor calidad”. Propone, “como lo hace Petro con frases melosas, el comprar empresas y terrenos a diestra y siniestra, hecho que hace previsible una hiperinflación de deuda pública y de precios... que empobrecería a todos para transferir riqueza a manos del gobierno”. Llegaríamos a la misma hiperinflación que hoy rige en Venezuela, nación que ha sido el referente económico en el cual se inspiran los populistas que se rinden al hechizo del modelo de maquillajes y engaños. El mismo que refinó Chávez, uno de los más influyentes caudillos en la vida de Petro.

Así que este domingo el país decidirá entre dos modelos económicos y sociales. Uno serio, coherente, consistente, ponderado. Otro revanchista, lleno de sorpresas temerarias y de incógnitas, apoyado en la dura y triste experiencia de aquellas naciones sumergida hasta el cuello en los fangos del populismo, hermano siamés del fracasado socialismo siglo XXI.


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