opinión | Publicado el

P. Hernando Uribe


La Asunción

Asunción es acción y efecto de asumir, atraer, tomar para sí; hacerse cargo, responsabilizarse de algo, aceptarlo; más aún, adquirir, tomar una forma mayor.

Cuerpo y alma no son realidades separadas que se pueden juntar y separar, sino dos dimensiones distinguibles, no separables del ser humano. Vamos naciendo, viviendo, muriendo y resucitando en cuerpo y alma. Desde que nacemos comenzamos a morir y resucitar, y al morir y resucitar acabamos de nacer en cuerpo y alma.

El Creador asume para sí a sus criaturas, se hace cargo de ellas en la unidad de cuerpo y alma, en la totalidad de su ser, tal como los ha creado. Cada célula es un portento del poder infinito del Creador.

En la religión católica, asunción hace referencia a la condición especial de María, la Madre de Jesús, y también Madre de todos los hombres, que subió en cuerpo y alma al cielo. La fiesta de la Asunción es patrimonio común de la creación. Compromiso de compromisos, asustadoramente amoroso.

La Asunción de María, Madre nuestra, es la asunción de nosotros, sus hijos. A una mamá le interesa que sus hijos sean dueños de todo lo suyo, ser plenos en cuerpo y alma de la cabeza a los pies. La Asunción es una fiesta de la grandeza humana.

Orar es ejercicio de asunción. Cuando oro me estoy dejando asumir, como María, por mi Creador, que de esta manera me hace partícipe de su condición divina en cuerpo y alma, la unidad de mi ser. Y así mi oración adquiere valor de eternidad, que es mi Creador aconteciendo en mí y yo en él.

San Juan de la Cruz dice: “¡Oh alma hermosísima entre todas las criaturas, que tanto deseas saber el lugar donde está tu Amado [...] Ya se te dice que tú misma eres el aposento donde él mora [...] que es cosa de grande contentamiento ver que todo tu bien está en ti”.

De María podemos decir lo que un vidente escribió en éxtasis: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bendiciones espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo antes de crear el mundo, para ser santos e inmaculados ante él por el amor” (Efesios 1,2-3).”

La Asunción es la fiesta de la Madre y la fiesta de los hijos, las criaturas, asumidas en cuerpo y alma por el Creador. Para San Agustín, “después de esta vida, Dios mismo es nuestro lugar”. Dios es por participación, la perfecta Asunción.


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