editorial | Publicado el

David Santos Gómez


Hombre de no fiar

Sin que se le moviera un músculo de su cara, sin mostrar un mínimo de arrepentimiento o vergüenza, el presidente de Colombia dijo la semana pasada en Londres, mientras recibía un premio por lograr el acuerdo con las Farc, que en las noches su “peor pesadilla es Venezuela”. Que lo atormenta la idea de un colapso total de los vecinos que genere un flujo migratorio y se afecten los ya precarios sistemas laborales y de salud de nuestro país.

Santos, sabemos hace muchos años, es un hombre de no fiar. Un personaje cuyas contradicciones, calculadas, revelan su oportunismo moral. Pero al mismo tiempo es un político con suerte, al que los tiempos cambiantes le dan la ventaja para modificar sus principios. Un mandatario que criticó a Hugo Chávez para ganar popularidad y votos, y luego se abrazó a él como interlocutor de las Farc. Luego, con el proceso de paz ya encaminado, regresó a sus críticas, ahora contra Nicolás Maduro.

El gobierno bolivariano no fue menos autoritario antes, cuando Juan Manuel Santos callaba porque le convenía, pero ahora, que le funciona variar una vez más su discurso, no le molesta criticarlo por el descalabro político y económico.

Porque en Santos la mentira es un camino hacia logros superiores. Por eso nos dijo en sus épocas de candidato uribista que tallaba en piedra el congelamiento de los impuestos. Por eso les prometió a los jubilados un alivio monetario que luego incumpliría. Por eso, respecto a la negociación con las Farc, su última palabra no es más que la primera y quizá, para prever el futuro, lo más sensato es esperar justo lo opuesto a lo que promete.

Y así como Santos fue Uribe y antes que él Pastrana y antes que él Samper (este quizá con la cara aún más dura que todos) y antes Gaviria y Barco. Pareciera que las falacias y las reculadas son esenciales para llegar a la Casa de Nariño.

Ahora, con los nombres de los candidatos que buscan la presidencia, deberíamos castigar con firmeza en el voto a aquellos que promulgan que la política es “dinámica” y se mueven de opinión en opinión según la dirección de la marea. En este país de oportunistas, es necesario elogiar a los consistentes.


Powered by