opinión | Publicado el

Rodrigo Botero Montoya


El Orden Económico Multilateral Bajo Asedio

La imposición recíproca de aumentos de aranceles entre Estados Unidos y sus principales socios comerciales es parte de un movimiento de mayor trascendencia. El ordenamiento institucional posterior a la Segunda Guerra Mundial, que facilitó la recuperación económica de Alemania y Japón, promovió la unificación europea y liberalizó el comercio internacional, está siendo puesto a prueba. La premisa central de ese ordenamiento era el propósito de evitar los errores cometidos al finalizar la Primera Guerra Mundial: no se les impondrían condiciones punitivas a las naciones derrotadas; Estados Unidos no regresaría al aislacionismo y al proteccionismo; por el contrario, se propondría desempeñar un papel protagónico en el fortalecimiento de un ordenamiento multilateral.

Esa visión se plasmó en un documento elaborado por el Consejo Nacional de Seguridad para el Presidente Truman en 1950, como respuesta de la política exterior de Estados Unidos al reto global que implicaba la expansión del comunismo soviético. El documento recomendaba una política a favor del liderazgo internacional como la mejor manera de avanzar el interés nacional americano. ‘Por lo tanto, rechaza el concepto del aislacionismo y afirma la necesidad de nuestra participación positiva en la comunidad mundial.’

A grandes rasgos, esas directrices de política exterior estadounidense guiaron la interacción de sucesivos gobiernos con las entidades financieras, comerciales y de seguridad de carácter multilateral. Si bien la implementación de la política exterior mencionada, y la arquitectura institucional resultante, distan de ser perfectas, han evitado otra guerra mundial, han contribuido a promover formas democráticas de gobierno y a conformar una economía internacional crecientemente abierta.

En un despliegue de voluntarismo comparable al de un gobernante autoritario, el presidente Donald Trump se ha propuesto remplazar el sistema de cooperación multilateral por uno basado en su eslogan de America First, es decir, por el ejercicio unilateral y desinhibido de nacionalismo económico. Así se explica su decisión de retirar a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico, la animadversión a NAFTA, a la Unión Europea y a la Organización Mundial del Comercio. La reciente reunión de líderes del Grupo de los Siete, que incluye a las principales democracias industrializadas del mundo, terminó en forma discordante a causa de las recriminaciones de Trump a la política comercial de sus socios. La relación con México se ha deteriorado por la renegociación de NAFTA, por la insistencia en construir un muro en la frontera Sur y por el tratamiento represivo a los inmigrantes indocumentados.

A diferencia de lo que afirma Trump, las guerras comerciales no son buenas, ni es fácil ganarlas. Sólo dejan perdedores de lado y lado, además de los daños colaterales que se infligen a terceros países. Un aspecto positivo de este desconcertante comportamiento por parte de Washington es que el orden multilateral ha resistido el intento por desmantelarlo. El Acuerdo Transpacífico sigue vigente. El compromiso del resto del mundo con el Tratado de París sobre el cambio climático se mantiene. Es de esperar que esta agresividad resulte ser una aberración pasajera de la política exterior estadounidense.


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