editorial | Publicado el

David Santos Gómez


El momento de la transición

Nada será más importante para Colombia en este 2018 que la elección del nuevo presidente. Tras ocho años de un gobierno mentiroso y corrupto –que le apostó todo al acuerdo con las Farc, incluso mediante maromas legales que ahora amenazan su estabilidad– resultará interesante ver cómo se reorganizan las fuerzas políticas tras el descrédito de los partidos y la apremiante necesidad de alianzas.

La derecha parece tener en Iván Duque al contendiente mejor valorado, incluso por opositores. Resulta necesario un conservadurismo serio, comprometido con sus ideales y honesto. Que se quite de una buena vez el vínculo con el caudillismo de Álvaro Uribe y sus responsabilidades en la debacle de violaciones a derechos humanos. Al mismo tiempo es obligatorio depurar la charlatanería y la violencia verbal de personajes como María Fernanda Cabal o Andrés Pastrana o Fernando Londoño Hoyos. Por nombrar apenas las caras más visibles de la desvergüenza.

La izquierda tiene un reto mayor en un país acostumbrado a relacionar sus ideales con la lucha armada, aun cuando durante décadas algunas de sus figuras hicieron enormes esfuerzos por desprenderse de la revolución fracasada de las guerrillas. Necesita recapturar la voz de un pueblo sometido a años de falsas dicotomías entre seguridad y bienestar social, que permitió la llegada de gobernantes que encontraron en la lucha contra las Farc y el Eln la cortina perfecta para sus componendas.

A pesar de las enormes necesidades sociales de un país pobre y enormemente desigual como el nuestro son contados los políticos que han logrado reconfigurar la posición del centro y la izquierda como alternativas viables. Caen fácilmente en los lugares comunes y la falta de concreción programática.

Pareciera ser este el momento para que den el paso. En el Legislativo, senadores como Antonio Navarro y Jorge Enrique Robledo nos han demostrado que es posible ser crítico, decente y constructivo desde una esquina política tradicionalmente minoritaria. Tendrán ahora que conformar una alianza válida que no se diluya en medias tintas.

Nada le haría más bien a una democracia agujereada como la nuestra que en este 2018 se diera una verdadera discusión en torno a las mejoras sociales urgentes con una derecha autocrítica y seria y una izquierda responsable que se quite de una buena vez el apellido de violencia que le ha impedido ser alternativa de poder.


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