editorial | Publicado el

Carmen Elena Villa Betancourt


Dios o nada

África es un continente donde el cristianismo crece de manera exponencial. El catolicismo es un ejemplo de ello: En el año 1900 dos millones personas profesaban esta religión y hoy se estima que hay 185 millones de católicos en este continente. En muchos países hay una convivencia pacífica entre cristianos y musulmanes. El trabajo sacrificado de tantos misioneros que se radican en las zonas más pobres y desoladas se traduce en frutos como obras sociales y como personas que se han encontrado con esa fe que le ha dado sentido a sus vidas. La vocación del cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, es uno de los tantos frutos de este trabajo misionero. Él es original de Guinea. Pasó de ser un niño sencillo en una aldea ubicada en Ourous a ser sacerdote y posteriormente obispo y cardenal. Hoy es uno de los más estrechos colaboradores del Papa Francisco.

Su libro “Dios o nada”, una entrevista realizada por el periodista Nicolas Diat, hace un recorrido por la vida de este personaje y presenta una serie de reflexiones espirituales y relacionadas con la situación del catolicismo del siglo XXI. La sencilla procedencia de este personaje le permite ser agudo y crítico con algunos vicios que se viven en la cultura occidental y que han permeado también varias de las estructuras de la Iglesia. Critica el tema del carrerismo eclesiástico, el activismo y frenesí que viven varios clérigos y laicos –supuestamente– comprometidos con la fe. Estos vicios traen muchas veces consecuencias lamentables como una incoherencia entre la fe y la vida, que puede llevar incluso a escándalos que terminan alejando mucha gente de la vida de la Iglesia. “El hombre solo es grande cuando se arrodilla ante Dios”, dice en el libro. Y eso se logrará con una vida de oración la cual no debe entenderse como el hecho de ponerme delante de Dios a presentarle una lista de necesidades temporales urgentes para que él nos las resuelva mágicamente. Él habla de orar como “callarse para que hable el Espíritu Santo. De tener la seguridad de que seremos escuchados porque tendremos la disposición de corazón”.

En “Dios o nada”, el cardenal Sarah cuenta la experiencia que, como delegado del Papa, ha tenido visitando lugares que han padecido de algún desastre natural. Haití con el terremoto en el 2010, Japón con el terremoto de 2011 y Filipinas con el tifón Haiyan ocurrido en 2013. Allí ha visto mucha tristeza, desesperanza, incertidumbre por tener que reconstruir una población entera, pero también comparte cómo ha visto la solidaridad, el heroísmo, el deseo de superación y la necesidad de creer y de sentirse consolados por Dios, sin importar muchas veces el credo al que pertenecen.

Un libro que nos da una mirada de la fe desde la sencillez de los africanos porque, como dice el cardenal Sarah, este mundo “busca ardientemente, sin saber dónde se encuentra la verdad. Busca mil caminos para llegar a creer en la vida eterna. Busca en mil paraísos artificiales la felicidad, la sencillez y la belleza. En medio de la niebla y de la luz, nuestro mundo busca su padre y su Dios porque el corazón del hombre –del hombre que le conoce o del que aún le está buscando– cuenta con la presencia luminosa de Dios”.


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