editorial | Publicado el

Diego Aristizábal


Abuso de poder

A los niños hay que protegerlos también del abuso de poder. Hace unos días, conocí el caso de una niña de trece años de una comunidad rural que estuvo por fuera de la escuela porque la maestra de la vereda en la que llegó a vivir no la quiso recibir. Al enterarme, entré en una etapa de negación, me parecía increíble que una docente pudiera ser una de las causas de la desescolarización. Hay maestros impacientes y muy bravos, uno tiende a excusarlos porque sabe que trabajan en condiciones difíciles; sin embargo, hay cosas que no tienen justificación. Empecé a investigar sobre esto porque supe también que la niña buscó ayuda y preguntó qué podía hacer para terminar la primaria. Le dijeron que la educación era su derecho, que fuera a la escuela a pedir el cupo. Semanas después volvió a escribir para contar que se lo habían negado otra vez.

En compañía de un grupo de amigos, tuvimos que intervenir como actores de la sociedad para pedir que se le restableciera su derecho fundamental a la educación. La intervención fue simple, bastó con seguir el conducto regular que nos dictó el sentido común: las escuelas rurales están adjuntas a un colegio y este tiene un rector que debe hacerse responsable por lo que pase en su institución. En cuestión de dos días la niña tenía el cupo para estudiar en la escuela de su vereda. No hubo una disculpa por haberle hecho perder un año, por el maltrato del que fue víctima o por lo que considero un abuso de confianza y de poder en la comunidad. En vez de asumir el error, los implicados se justificaron acusando a la madre de ser una descuidada. ¿Qué hubiera pasado si no hubiéramos intervenido? ¿Cuántos niños más pueden estar en su misma situación?

Todos debemos velar porque se les respeten los derechos a los niños. Por eso, si se cruzan con alguno que no esté yendo a la escuela, acérquense para preguntarle la razón y traten de ayudarle. Antes de juzgar a su madre (es la reacción más común), recuerden que las mujeres han padecido violencia de todo tipo, que la mayoría están solas a cargo de sus hijos y que, en general, la gente del campo ha sido desplazada y olvidada. Uno se encuentra mamás que no tienen las herramientas para defender y proteger a sus hijos. Ni siquiera saben que la educación es su derecho y que la ley los protege. De cualquier modo, que un niño sea descuidado por sus padres no es razón para que el Estado, en cabeza de sus instituciones, evada sus responsabilidades.

Analicemos si los niños que más ruedan de escuela en escuela son también los más pobres y los más vulnerados. Esos son también los que no quieren en ninguna parte, pero justamente ellos son los que necesitan más atención de sus maestros, de la sociedad. Ojo, la salida nunca puede ser la exclusión.


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