editorial | Publicado el

Carmen Elena Villa Betancourt


Murieron en Argelia por odio a la fe

A pesar de ser asesinados por odio a la fe, los mártires de Argelia fueron libres. Fueron libres porque estaban convencidos de que iban por el camino correcto, de que valía la pena luchar (incluso sacrificar la propia vida) por buscar un diálogo y convivencia entre cristianos y musulmanes. Fueron libres porque amaron el lugar donde estaban y se entregaron a las personas que rodeaban la aldea de Tibhirine, cerca de la ciudad de Medea en Argelia, donde fueron asesinados por fundamentalistas islámicos en plena guerra argelina entre 1993 y 1996.

El pasado martes fueron beatificados 19 mártires muertos en Argelia. Entre ellos están siete monjes cistercienses, cuya historia inspiró la película “De dioses y hombres” (2010 y merecedora del gran premio de jurado en el Festival de Cannes). El Papa Francisco se refiere a ellos en su más reciente exhortación apostólica Gaudete et exsultate, sobre el llamado universal a la santidad. En este texto el Pontífice hace alusión a aquellas comunidades en las que sus miembros se ayudan mutuamente a estar firmes en la fe y pone como ejemplo la de estos siete monjes.

Los religiosos venían de Francia y algunos llevaban allí hasta más de 40 años dedicados a la oración, el trabajo en el campo, la ayuda a los más necesitados y el cuidado a los enfermos.

El monasterio hacía las veces de centro de salud donde acudía cualquier tipo de persona sin importar sus ideas religiosas. Con este gesto los monjes buscaban la convivencia entre cristianos y musulmanes.

Pero este territorio comenzó a ser un peligroso corredor de grupos terroristas y en 1995 invadieron el monasterio.

A partir de ahí los religiosos se preguntaban si valía la pena quedarse y permanecer junto con los habitantes de Tibhirine con quienes había un fuerte lazo de amistad, pues corrían el riesgo de ser asesinados por el odio racial y religioso.

Después de momentos de diálogo y oración decidieron de manera unánime quedarse. El amor a los lugareños les fue más fuerte que el miedo o el deseo natural de proteger la propia vida. En marzo de 1996 siete monjes fueron secuestrados y dos se salvaron (Jean Pierre que todavía vive y Amédée, quien falleció en 2008) porque los terroristas no los encontraron.

Los secuestradores pidieron a Francia un canje: ellos dejarían en libertad a los monjes mientras que este país abogaría por la liberación de varios terroristas. Francia se negó. Así el 21 de mayo los siete monjes fueron asesinados y después de nueve días se encontraron sus cuerpos sin vida en una zona desolada de Medea. Ellos son Christian, Christophe, Michel, Célestin, Luc, Bruno y Paul.

“Todos los hombres de alrededor del monasterio vinieron. Ellos enterraron a los hermanos. La población civil llevó los ataúdes a las tumbas, y cada uno echó un puñado de tierra. Al final todos nos abrazamos”, contó el hoy, único sobreviviente de esta masacre, Jean Pierre Schumacher, de 94 años, en entrevista con el periódico El Mundo de España.

Estos mártires trapenses han dado con su vida una lección llena de amor, valentía y perdón a quienes son capaces de silenciar con un rifle a aquellas personas cuyo único pecado es propiciar que la hermandad subsane las absurdas diferencias religiosas. El perdón es “una mariposa frágil que, con el batir de sus alas, puede provocar una reacción en el otro extremo del mundo”, dijo el hermano Schumacher al portal Periodista digital.

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