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La historia no predice el futuro


El israelí Yuval Noah Hariri es historiador, y profesor y escritor. Su más reciente libro, De animales a dioses, es un bestseller. Sus teorías son para abrir la boca, porque toca las fibras del ser humano. Foto: Cortesía.

Yuval Noah Hariri es historiador, y profesor y escritor. Su más reciente libro, De animales a dioses, es un bestseller, y no ha importado que sea de historia. Sus teorías son para abrir la boca, porque toca las fibras del ser humano y su relación con la naturaleza, de su esencia y su significado, y entonces hay que preguntarse, ¿de verdad?, ¿será posible? Cuando explica sus teorías no parece un teórico enredado, un hombre de historia de esos del imaginario colectivo: aburrido, que duerme al público. Con él hay que abrir los ojos y los oídos, porque cualquier cosa que dice es para pensar dos veces. En sus letras, que llegaron por email, Harari escribió sobre el hombre, su posición en el mundo y el futuro.

El lenguaje

“Los humanos no tenemos instintos de cooperación masiva. Podemos cooperar con extraños porque podemos inventar historias sobre las cosas que solo existen en nuestra imaginación –como dioses, países, dinero o derechos humanos– y contarlas a millones de otras personas.

Cuando millones de personas pueden creer en las mismas historias imaginarias, siguen las mismas leyes. Los chimpancés no pueden hacer eso. Nunca podrás convencer a un chimpancé de darte un banano si le prometes que después de morir irá al cielo y, entonces recibirá bananos de manera ilimitada por sus buenas acciones. Solo los humanos pueden inventar y creer esa clase de historias. Y solo por eso podemos manejar el mundo”.

El poder

En el libro De animales a dioses escribió que “la historia empezó cuando los humanos inventaron dioses, y terminará cuando los humanos se conviertan en dioses”. Suena como si los humanos pudieran hacer cualquier cosa que quisieran.

“Cuando pensamos en el futuro, por lo general lo hacemos en un mundo en el que las personas son idénticas a nosotros y disfrutarán de una mejor tecnología: armas láser, robots inteligentes y naves espaciales que vuelan a la velocidad de la luz. La potencial revolución de las tecnologías futuras es un cambio del Homo Sapiens mismo, incluyendo cuerpos y mentes, y no solo vehículos y armas. Lo más emocionante sobre el futuro no serán las naves espaciales, sino los seres que volarán en ellas”.

Mira la muerte como ejemplo. “A través de la historia, la muerte fue vista como un fenómeno metafísico. Nosotros morimos porque Dios lo dice, o el Cosmos, o la Madre Naturaleza. La gente creía que la muerte podría ser derrotada solo con un gran gesto metafísico como la llegada por segunda vez de Cristo. No obstante, en los últimos tiempos hemos redefinido la muerte como un problema técnico, uno muy complicado, sin duda, pero solo técnico. La ciencia cree que cada problema técnico tiene una solución técnica. No necesitamos esperar a Dios, a Jesucristo o al Mesías Judío para superar la muerte. Un par de geeks en laboratorio podría hacerlo. Si tradicionalmente la muerte fue la especialidad de sacerdotes y teólogos, ahora los ingenieros podrían serlo. Hace dos años, Google estableció una compañía llamada Calico, su objetivo es resolver los problemas de la muerte.

El resultado de esto será enorme en nuevas oportunidades, así como nuevos peligros, espantosos. No hay cómo ser optimista o pesimista. Necesitamos ser realistas. Necesitamos entender que esto está pasando –es la ciencia, no la ciencia ficción– y es tiempo de empezar a pensar que es muy serio. La mayoría de los problemas que le preocupan a los gobiernos y a los ciudadanos son insignificantes en comparación. La crisis económica global, el Estado Islámico, la situación de Ucrania, son problemas importantes, por supuesto, pero quedan bajo la sombra de la pregunta por mejorar la humanidad”.

Según Harari, el ecosistema no tuvo tiempo de acostumbrarse a que el hombre estuviera en la cima de la cadena alimenticia, de ser el animal con más poder. Eso explica, en parte, por qué los humanos pueden ser poderosos para el mundo y sus otras especies”.

“Otros animales en el top de la cadena alimenticia, como los leones y los tiburones, evolucionaron a esa posición de manera gradual, durante muchos millones de años. Esto le permitió al ecosistema desarrollar controles y equilibrios para prevenir que los leones y los tiburones causaran demasiados estragos. Como los leones llegaron a ser más mortales, las gacelas evolucionaron para correr más rápido, las hienas para cooperar mejor y los rinocerontes para ser más malhumorados. En contraste, la humanidad ascendió a la cima tan rápido que el ecosistema no tuvo tiempo de ajustarse. Es más, los mismos humanos tampoco lo lograron. La mayoría de los depredadores superiores del planeta son criaturas majestuosas. Millones de años de dominio les han dado confianza en sí mismos. Los Sapiens, por el contrario, son más como el dictador de una república bananera. Después de ser de los de abajo de la cadena, estamos llenos de miedos y ansiedades sobre nuestra posición, y eso nos hace doblemente crueles y peligrosos. Muchas calamidades históricas, deguerras mortales y catástrofes ecológicas, son el resultado de este salto rápido”.

La religión

“El monoteísmo tuvo un profundo impacto en la humanidad y en la historia. La intolerancia es lo único del monoteísmo. Los monoteístas han tendido a ser más fanáticos y misioneros que los creyentes de otras religiones, como el hinduismo o el budismo.

Los monoteístas creen que hay un solo Dios y una sola Verdad, y que es su dios y su verdad. Ellos encuentran difícil aceptar que los dioses o las creencias de otras personas también tiene mérito. En consecuencia, en los dos últimos milenios los monoteístas han sido responsables de muchas más guerras religiosas y persecuciones que cualquier otra clase de religión. Esto es, en parte, la razón por la que se ha extendido: exterminó la competencia en casi cada lugar del mundo, excepto en el sur-este y este de Asia.

Por supuesto, no debemos condenar todos los monoteístas. Mientras el monoteísmo ha sido responsable de muchas guerras religiosas y persecuciones, también ha inspirado compasión, caridad y alegría en muchos. Como ha pasado con frecuencia en la historia, la misma idea puede ser usada para bien o mal. La religión es lo que hacemos de ella. Es responsabilidad de los monoteístas hacer lo mejor de su credo”.

La historia, ¿para qué?

“La gente algunas veces imagina que estudiamos historia para predecir el futuro, o para aprender de los errores del pasado. Desde mi visión, debemos estudiar historia no para aprender sobre el pasado, sino para liberarnos de él. Cada uno de nosotros nace en un mundo particular, gobernado por un sistema particular de normas y valores, y de un orden económico y político particular. Desde que nacemos en él, tomamos la realidad que nos rodea como natural e inevitable, y tendemos a pensar que el único camino posibles es como la gente vive sus vidas.

Rara vez nos damos cuenta de que el mundo que conocemos es accidental, producto de una serie de eventos históricos al azar, que condicionan no solo nuestras tecnología, política y economía, también la forma en que soñamos y pensamos. Así es como el pasado nos agarra por detrás de la cabeza, y gira nuestro ojos hacia un solo posible futuro.

Sentimos el apretón del pasado desde que nacemos, por eso no lo notamos. El objetivo de estudiar la historia es liberar ese apretón, y permitirnos mover nuestras cabezas más libremente, para pensar en nuevas maneras, y mirar muchos más futuros posibles.

Si no conocemos la historia, fácilmente equivocamos los accidentes de la historia con nuestra esencia real. Por ejemplo, si nos pensamos como pertenecientes a una nación como Israel o Corea, creemos en una determinada religión, nos miramos como individuos, creemos que tenemos ciertos derechos naturales. Por eso, cuando me pregunto a mí mismo quién soy, podría decir, soy israelí, soy judío y soy un individuo que tiene derechos inalienables para la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

El futuro

“Los humanos nunca podrían predecir el futuro, y las consecuencias de sus acciones, pero hoy es más difícil que antes. En el pasado, el conocimiento humano se incrementó despacio, y la tecnología tomó tiempo para desarrollarse, por eso la política y la economía también cambió aun paso lento. Hoy nuestro conocimiento está aumentando a una velocidad vertiginosa, y teóricamente debemos entender el mundo mejor y mejor. Lo opuesto está pasando. El conocimiento nuevo nos guía a cambios políticos, económicos y sociales más rápidos, y en un intento de entender qué está pasando, aceleramos la acumulación de conocimiento. Eso nos lleva solo a más rápidos y mayores trastornos. En consecuencia somos menos y menos capaces de tener sentido de presente o predecir el futuro.

En 1016 fue relativamente fácil predecir cómo Europa luciría en 1050. Seguro, las dinastías caerían, desconocidos asaltantes invadirían, y desastres naturales pasarían. Además fue claro que en 1050 Europa estaría todavía gobernada por reyes y sacerdotes, y sería una sociedad agrícola, en la que la mayoría de sus habitantes serían campesinos, y sufrirían todavía de hambrunas, plagas y guerras. Por el contrario, hoy no tenemos ni idea de cómo Europa lucirá en 2050. No podemos decir qué clase de sistema político tendremos, cómo se estructurará el mercado de trabajo ni qué clase de cuerpos tendrán sus habitantes”.


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