antioquia | Publicado el 18 de May de 2018

Las similitudes históricas entre Medellín y Palermo

Leoluca Orlando, alcalde de Palermo; Juan Luis Mejía, rector de Eafit, y Martha Ortiz, directora de EL COLOMBIANO dialogaron sobre la importancia de promover la cultura. FOTO jUAN aNTONIO sÁNCHEZ

Por Área Metro

Con mensajes de fraternidad y admiración hacia Medellín, se despidió ayer de habitantes y autoridades de la ciudad el alcalde de Palermo (Italia), Leoluca Orlando, quien esta semana sostuvo diversos encuentros con el mandatario local, Federico Gutiérrez, en los que socializaron la manera cómo las dos urbes han trabajado para superar el narcotráfico.

El cierre de la visita diplomática se dio con el conversatorio La cultura de la legalidad como alternativa ética para una revolución cultural, realizado en Plaza Mayor, y moderado por Martha Ortiz, directora de EL COLOMBIANO, y Juan Luis Mejía, rector de la universidad Eafit.

Leoluca destacó la labor de Gutiérrez para acabar con el estigma de narcotráfico, de la mano con estrategias de seguridad y la Fuerza Pública.

“Medellín vivió una situación difícil en la época de Pablo Escobar, y es un eterno presente de sufrimiento (...) no era un criminal normal: mataba a las personas y a la cultura de un pueblo”, enfatizó.

La transformación cultural y social identifican a Medellín y Palermo. Las dos ciudades, la colombiana y la italiana, vivieron décadas pasadas en las que imperó la mafia y la ilegalidad.

Contexto de la Noticia

Tras décadas de control mafioso, Palermo y otras comunidades de Sicilia, como Corleone, han logrado dar pasos hacia la recuperación de la legalidad y de la cultura democrática. La década de los 80 y el comienzo de los 90 marcó el lapso más cruento en la región. Salvatore Riina, el capo de la “Cosa Nostra” y conocido como “La bestia”, comenzó su guerra contra el Estado en 1982 cuando ordenó el homicidio del general Carlo Dalla Chiesa, enviado a Sicilia para combatir la mafia. El uniformado cayó seis meses después de llegar a Palermo, junto a su esposa y a uno de sus guardaespaldas. En 1991, al igual que Medellín, alcanzó la tasa de homicidios más alta de su historia: 9,7 por cada 100.000 habitantes, según autoridades locales. La andanada criminal tuvo su mayor apogeo en 1992 con los asesinatos de Giovanni Falcone y de Paolo Borsellino, los jueces encargados de juzgar a la mafia Siciliana, en 1986 con el famoso “maxiproceso”. Ambos homicidios fueron perpetrados con carros bomba, con solo dos meses de diferencia. Riina creyó haber doblegado al Estado y para negociar un alto al fuego escribió “Papello”, un documento en el que establecía 12 condiciones para frenar los ataques, entre ellos, la eliminación de la tasa a la gasolina. En 1993, seis meses después de la muerte de Borsellino, Riina fue capturado en Palermo, desarmado y con documentación falsa, el principio del fin de la Cosa Nostra.

Casi una copia de lo que vivió Palermo en las décadas de los 80 y los 90, cuando las mafias “gobernaron” y se apoderaron de la ciudad, fue aquello que vivió Medellín en ese mismo lapso. En la capital antioqueña el narcotráfico tuvo a su máximo capo en Pablo Escobar. El poder corruptor mafioso permeó todos los estamentos de la sociedad y asesinó o desapareció a todo aquel que intentó oponérseles. La mafia doblegó al establecimiento, ejecutó varios magnicidios en los que cayeron ministros de Estado, candidatos a la Presidencia, jueces, magistrados, periodistas, líderes empresariales y cerca de 600 miembros de los organismos de seguridad y de justicia de Antioquia y el país. Las cifras, según reporte de la Alcadía, dan cuenta de 15.000 personas muertas, la mayoría en Medellín. El pico más alto de la violencia en la ciudad se presentó en 1991, con 7.273 asesinatos, 266 homicidios por cada 100.000 habitantes. Desde ese año la racha homicida comenzó a bajar y hoy está en 23 muertes por cada 100.000 habitantes, la más baja en los últimos 30 años.

La superación de esa estela de criminalidad llegó de la mano con una transformación urbanística emprendida hace más de dos décadas. Estudios del instituto Urbam de Eafit, muestran la intervención arquitectónica de comunas y espacios en la ciudad en los que sus habitantes pasaron de la violencia a la accesibilidad de transporte, servicios públicos y escenarios deportivos. La comuna 13 es ejemplo de ese cambio.

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