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Dos familias que ya saben dónde están sus desaparecidos


Luz Miriam Vergara y Gloria Úsuga, familiares de dos desaparecidos. FOTOS JULIO CÉSAR HERRERA

Unas 20 familias de los 130 desaparecidos que fueron ubicados en el Cementerio Universal de Medellín ya fueron notificadas de que sus seres queridos se encuentran en ese campo santo.

La Fiscalía y la Subsecretaría de Derechos Humanos de Medellín trabajan para poder ubicar a los demás dolientes quienes serán atendidos por estas autoridades para que, una vez sean hallados los restos de estas víctimas en el Cementerio Universal, reciban una atención interdisciplinaria y así puedan finalizar el duelo que, para muchos, se ha tenido que postergar hasta por dos décadas.

Desde la Alcaldía de Medellín afirman que los familiares de los desaparecidos recibirán una atención sicológica completa y también se les activará una ruta jurídica con el fin de buscar la manera de que sean beneficiados por la Ley 1448 o Ley de Víctimas.

“Nuestra misión es que estas familias tengan lo que dice la ley de Víctimas y por eso se les apoyará en el proceso del duelo”, explicaron desde la Subsecretaría de Derechos Humanos.

EL COLOMBIANO logró contactar a dos mujeres, mamá y hermana, de dos hombres que aparecen en el listado de fotos de desaparecidos. Ellas contaron sus historias de cómo se enteraron de la suerte que corrieron sus seres queridos después de tanto tiempo.

Contexto de la Noticia

Durante los ocho años en los que Luz Miriam Vergara de Rojas no tuvo noticias del paradero de su hijo, Aldinever de Jesús Rojas Vergara, fueron numerosos los sueños en los que él aparecía, también muchas las noches en las que no pudo dormir porque se imaginaba lo peor sobre su destino. “Él se me aparecía en los sueños, siempre lo veía triste y eso me partía el alma, también se despedía mucho”, recuerda Luz Miriam, sin lograr controlar el llanto.

La vida no ha sido para nada fácil para esta mujer de 67 años, ya que su esposo fue asesinado por la guerrilla en el municipio de Salgar y, a partir de ahí, tuvo que salir adelante con sus cinco hijos, con quienes vivió en Magdalena, Cundinamarca y Antioquia. “A nosotros nos tocó salir desplazados de Salgar, también de la Sierra Nevada, donde estuvimos trabajando en unas fincas, en ambos casos fue la guerrilla la que nos obligó a salir. También vivimos en Bogotá, pero con el pasar del tiempo, cada uno de mis hijos fue tomando su camino, solo Aldinever se quedó a velar por mí”, agrega Luz Miriam.

Justo en esa época, 2009, uno de los hermanos de Aldinever lo convenció a él y a su madre de regresarse a Bogotá, porque allá tenían la posibilidad de trabajar. Esa propuesta fue aceptada por los dos y comenzaron a preparar todo para su traslado. Sin embargo, a la capital solo llegó la mamá. “Ese año nosotros estábamos viviendo en Bolombolo y cuando decidimos volver a Bogotá fue cuando mi muchacho me dijo que él se iba a adelantar a Medellín para esperarme allá, para luego salir a Bogotá. Cuando yo llegué él no aparecía, lo esperé varios días y luego me tocó seguir mi camino para donde mi otro hijo. No sabía que no lo iba a volver a ver, aún me pregunto por qué no me quedé acá para buscarlo”, relata con resignación.

Fueron ocho años sin conocer el destino que tuvo su hijo hasta que el pasado 3 de febrero vio su imagen en EL COLOMBIANO, en ese momento se dio cuenta que la persona que aparecía en la foto 86 (diseño arriba), era él: Aldinever de Jesús Rojas Vergara. Ese día, asegura, que la embargó la tristeza, “pero también mucha felicidad porque sentí un descanso, sabía que no iba a estar por ahí a merced de los gallinazos, que estaba en
un campo santo”.

Ahora esta mujer, que vive sola en un cuarto ubicado en el barrio Machado de Bello y que se gana la vida haciendo aseo en varias casas del sector y con la ayuda de sus otros hijos, espera nuevas noticias de las autoridades para poder saber qué es lo que sigue con su hijo, a quien asegura sentir más cerca ahora.

“Cuando yo me enteré por el periódico lo de mi muchacho, fui a la Fiscalía, allá me dieron más información de él, me hicieron una prueba de sangre y han estado muy pendientes. Ahora estoy esperando que me vuelvan a llamar para saber qué es lo que sigue porque yo creo que lo despediremos como se debe y lo dejaremos en ese cementerio, pero ahora en paz”, asegura Luz Miriam.

La Fiscalía trabaja para no solo ubicar el sitio exacto donde fue inhumado el cuerpo de Aldinever de Jesús en el Cementerio Universal y hacerle entrega a su familia, sino que también investiga por qué ocurrió la muerte violenta de este hombre quien para el mes de septiembre estaría cumpliendo 45 años, aunque su madre aseguró que es poco lo que quisiera saber de su muerte porque “ya lo tiene”.

“No se me olvida esa fecha porque nos cambió la vida. Ese día, el pasado 3 de febrero, yo estaba viendo EL COLOMBIANO cuando vi el artículo de los desaparecidos que están en el Cementerio Universal, automáticamente empecé a buscar la foto de un sobrino que está desaparecido desde 2002, pero la sorpresa fue mayor cuando vi la imagen 118 (ver diseño arriba). Era él, mi hermano Luis Fernando”.

Así narra Gloria Úsuga el momento en el que se enteró qué era lo que había pasado con Luis Fernando Úsuga, su hermano, de quien no tenía noticia alguna desde 1993.

“Mi mamá murió en 2015, esperando que él llegara. Esperó desde ese día, hace 24 años, cuando salió de la casa y le dijo que le guardara frijoles para la tarde. Desde ese entonces no paramos de buscarlo, pero fue inútil, ya las esperanzas eran pocas. A mi mamá le tocó muy duro, todas las noches pensaba sobre lo que le podría estar pasando a Fernando, que si estaba aguantando hambre, que si tenía frío. En las épocas de invierno como esta se estresaba mucho porque sentía que él se estaba mojando por ahí en la calle”, expresa.

Gloria, y algunos de sus hermanos siguen viviendo en Robledo Miramar, en la misma casa donde hace 24 años esperaban a Luis Fernando. “¿Usted señor periodista se acuerda de esa canción que dice ‘probablemente ya de mi te has olvidado’, pero que también decía ‘te seguiré esperando’? pues esa la recordaba mucho mi mamá y por eso es que no nos fuimos nunca de esa casa; además, porque Luis ya se nos había perdido casi un año, pero en ese entonces si regresó”, añade Gloria.

Según su familia, Luis Fernando Úsuga estudiaba por la noche en una institución educativa del barrio y también, en su tiempo libre, bailaba con una academia de danza en algunos municipios del departamento, “pero siempre fue un buen muchacho, por eso nos extraña lo que pasó con él, que alguien lo hubiera matado”, asegura su hermana.

La familia Úsuga espera noticias de las personas encargadas de la investigación. Gloria dice que una vez se enteró de que su hermano está en alguna parte del Cementerio Universal, se fue a realizar todas las diligencias respectivas para poder cerrar ese capítulo lleno de dolor para su familia.

“Ya me hicieron las pruebas de ADN, ya tenemos que esperar para que cuando saquen sus restos se haga el examen y este resulte positivo, ahí podremos tener sus cenizas y darle un adiós como se lo merece, al lado de los suyos, de su familia”, expresa Gloria, quien asegura que tiene interés en conocer el por qué de su muerte, quién o quiénes fueron los responsables de su asesinato y desaparición.

La familia de Luis Fernando Úsuga obtuvo un respiro, un descanso al conocer que su ser querido, quien para hoy tendría 42 años, no se encuentra en una fosa común o desaparecido para siempre, infortunadamente ahora sus energías se enfocarán en encontrar a Héctor Emilio Arteaga, sobrino de Gloria, del que no tienen noticias desde hace
cuatro años.

“Tenemos la tranquilidad enorme por lo ocurrido con Luis Fernando, pero ahora estamos haciendo lo posible por encontrar a Héctor, de quien dicen lo tiraron al Río Medellín en 2013”.


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