tecnología | Publicado el 3 de enero de 2018

La colonización de los drones

Los drones van a cambiar esta época, de la misma forma en que han revolucionado los ámbitos de defensa y seguridad nacional. FOTO Edwin Bustamante

Por José Luis Barbería

Zanzíbar (Tanzania). Un artefacto blanco con hélices, del tamaño de una caja de zapatos, levanta vuelo ante la algarabía de niños y adultos. Con un zumbido agudo se aleja, guiado por control remoto, y desaparece. Es un dron con una misión clave: localizar charcos donde depositan sus larvas los mosquitos transmisores de malaria. Este aparato, un Phantom 3 de la compañía china DJI, pesa 1,2 kilos y en 20 minutos puede inspeccionar 30 hectáreas de terreno. En el mismo día se procesan las imágenes y se obtiene un mapa de hábitats potenciales en los que diseminar larvicidas. A medio plazo, los aparatos no tripulados podrán realizar también esta tarea.

Agadez (Níger). Este poblado de casas de adobe, en pleno desierto del Sáhara, fue hace siglos un cruce de caravanas. Ahora será la sede de un proyecto multimillonario de alta tecnología. Estados Unidos planea abrir aquí en 2018 una base de drones, la segunda en el país africano. Las aeronaves no tripuladas vigilarán las rutas de contrabando que utilizan los grupos islamistas, como Al Qaeda o el ISIS, para transportar armas y combatientes desde Libia al norte de Malí. También las mafias las aprovechan para trasladar droga e inmigrantes.

Fogueados en el banco de pruebas militar desde finales del siglo XX, los UAV (Vehículos Aéreos No Tripulados), drones en la terminología convencional, se aprestan a dar el gran salto a la vida civil y colonizar nuestra existencia de la mano de la robótica y de la inteligencia artificial.

Las aplicaciones son infinitas. Además de facilitar la vigilancia de fronteras y de cualquier punto de interés militar o policial, así como la observancia directa en tiempo real de escenarios de catástrofes y de actos multitudinarios, los drones permitirán un control del tráfico y prever mejor las trayectorias de tormentas y huracanes.

Nuevas aplicaciones surgen a diario: drones adaptados para atacar los nidos de avispas asiáticas en las copas de los árboles, filmar aves y reproducir sus rutas e incluso la vigilancia en exámenes de concurrencia masiva.

En el universo dron, las aeronaves de gran tamaño conviven con los Black Hornet, un helicóptero que cabe en la palma de la mano y que el Ejército británico utiliza en los entornos urbanos para mirar por encima de los muros. Los drones de juguete de 50 euros se codean con aparatos de cientos de millones de euros.

Un fenómeno global a duras penas refrenado por la falta de legislaciones que regulen el sector y aborden los dos grandes retos del momento: la seguridad y la privacidad.

La colonización del cielo ha empezado y a la vuelta de un par de décadas, si no antes, robots aéreos no antropomórficos sobrevolarán nuestras cabezas transportando mercancías y personas.

Dron es el concepto de los tiempos venideros que implantará la línea recta allí donde la circulación se enfrenta en tierra a los obstáculos orográficos y los atascos.

“La línea recta en tierra tiene costes mayúsculos y las instalaciones aeroportuarias son ineficaces en los desplazamientos inferiores a 1.000 kilómetros.

Con el tiempo, embarcarnos en los aparatos no tripulados nos resultará tan fácil como ahora abordar el autobús”. indica Mireia Prats, ingeniera aeroespacial. “Se reducirá la duración de los desplazamientos y se eliminarán los tiempos de espera y de acceso a las mega-infraestructuras. La fase del ser humano al volante o a los mandos está agotada y su extinción se ha iniciado ya por tierra, mar y aire”.

Javier Roldán, profesor de Ciencias Políticas y autor del libro La guerra de los drones, calcula que el modelo híbrido tripulado previo a la desaparición total del piloto no durará más de 30 años.

En China y Dubái ya se ensaya con pequeños robots-helicópteros y motos-araña programados para el desplazamiento urbano. “La tecnología está aquí, solo hace falta juntarla. Surgirá una nueva y poderosa industria. El 30% del transporte discurrirá por el aire a través de rutas situadas en cotas más bajas que las de la aviación comercial”, asegura Ángel Alonso, ingeniero profesor de la Universidad de León y presidente de AUVSI España (Asociación Internacional para Sistemas de Vehículos no Tripulados). “Trabajamos en el desarrollo conceptual de prototipos de 5, 50 y 500 kilos en misiones de reparto de mercancías, y en un modelo para cuatro pasajeros con una autonomía de entre 50 y 200 kilómetros”.

No hay límites para investigadores y fabricantes. En un futuro no lejano, las empresas de reparto nos avisarán de la hora precisa en que el paquete o la pizza que estaba esperando aterrizará en la azotea de su casa.

El profesor Ángel Alonso admite que el fenómeno dron “va a introducirnos en un período de altísima ansiedad social”, pero cree que los problemas de privacidad y seguridad que acarrean pueden ser encauzados. “El tráfico aéreo estará regulado y supervisado.

El cielo se poblará de robots voladores y nosotros y los propios pájaros –las águilas combaten fieramente a los drones y a veces con éxito- tendremos que familiarizarnos con estos artilugios zumbantes, serviciales y extravagantes que han venido para quedarse.

© EDICIONES EL PAÍS.

30 %

del transporte será aéreo en rutas más bajas que las de la aviación comercial: AUVSI.

Volar de forma autónoma ya no es la cuestión. La clave es la integración en el dron de complejos cócteles tecnológicos y el análisis de imágenes y datos satelitales, visión artificial y big data.

Contexto de la Noticia

Mientras los fabricantes, chinos en su mayoría, inundan el mercado con sus drones, minidrones o microdrones de esparcimiento, los inversionistas toman posiciones y las empresas perfilan los prototipos del mañana. Facebook desarrolla el Aquila, un dron de mayor envergadura que el Boeing 737, que se apoya en la energía solar, aspira a permanecer en el aire 90 días y tiene por misión llevar Internet a 4.000 millones de personas desconectadas. Amazon y el consorcio chino Alibaba trabajan en proyectos para el transporte aéreo. Y al precio de 115 millones de dólares la unidad, el Global Hawk 872, fabricado por la Nasa, puede mantener una vigilancia de 24 horas sobre los puntos de tránsito naval del planeta. También ya están en marcha proyectos para la fabricación de robots voladores especializados en el derribo o secuestro de otros, por ejemplo, los narcodrones que cruzan la frontera de México con EEUU.

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