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Jugar para entrenar el cerebro


La colaboración entre los educadores y los neurocientíficos se ha convertido en una disciplina emergente conocida como la neuroeducación. FOTO archivo donaldo zuluaga

El juego no es exclusivo de los humanos, aunque sí característico de los mamíferos, según han encontrado los científicos. ¿Por qué y para qué jugamos?

Algunos creen que el juego se originó como una forma de preparar nuestro cuerpo físicamente para enfrentar los retos de la vida real. Sin embargo, aunque esta idea tiene sentido, la evidencia no es muy convincente. En la selva el juego podría convertirse en un desperdicio de recursos; un animal joven puede invertir entre el 12 y el 15 por ciento de sus recursos energéticos en él.

Hace un tiempo, The New York Times publicó un artículo en el que revela varios estudios científicos que apoyan la teoría de que preparar el cuerpo puede no ser una prioridad del juego. En su lugar, el objetivo de esta actividad podría ser preparar al cerebro: jugar se ha probado como algo provechoso para el aprendizaje. Hay que aclarar que no es lo único que tiene impacto en el desarrollo del cerebelo: el ejercicio también influye, por ejemplo.

Según Luis Carlos Ramírez, candidato a magíster en neurociencias de la Universidad Nacional de Colombia, quien estará esta noche en el Parque Explora para hablar de sus investigaciones en neuroeducación y en didáctica de la investigación en el aula, explica: “El juego ha sido fundamental para desarrollar habilidades y competencias adultas. Nos ayuda a relacionarnos y a regular emociones”.

Vieja idea, nuevas formas

Ya Aristóletes lo había dicho: “En la enseñanza no hay que empezar por el principio, sino por lo que más motiva”. Lo expresó sabiendo que lo que motiva emociona, pero sin saber que las emociones activan hormonas suprarrenales, como la adrenalina, que facilitan la formación de la memoria.

Las investigaciones sobre cómo funciona el cerebro aseguran que olvidamos el 40 % de lo que aprendimos después de 20 minutos y esto incrementa al 80 % una semana después. Una de las teorías es, como dice Ramírez, “la educación tradicional va en contra de la creatividad”.

Es por esto que surge la neuroeducación. “Este campo emergente busca entender cómo las experiencias educativas generan cambios en el cerebro para personalizar la experiencia”, dice el experto.

Así como la educación busca mejorar el aprendizaje, las neurociencias tratan de entender los procesos mentales involucrados en él. Este terreno común sugiere un futuro en el que la práctica educativa puede ser transformada por la ciencia y viceversa, así como la práctica médica fue transformada por la ciencia hace aproximadamente un siglo.

Mientras este campo avanza, no lo dude, póngase a jugar. Su cerebro lo agradecerá.

100

mil millones de neuronas interconectadas entre sí codifican nuestra memoria.

El juego es un eficaz detonador de emociones que ayuda al cerebro a recordar, asociar y transformar conceptos complejos. Este pudo surgir como una importante innovación evolutiva.

Contexto de la Noticia

Practicar deportes con frecuencia
La actividad física aeróbica genera BDNF, una proteína del cerebro que aumenta la plasticidad o capacidad de las neuronas para formar nuevas conexiones. Puede decirse que esta genera una especie de lubricante que facilita el aprendizaje y la recordación tanto en adultos como en niños. Quienes tienen una actividad física más intensa también tienen mejor memoria.

Preguntas más que respuestas
Guiar el aprendizaje de los estudiantes a través de sus preguntas los motiva, los ayuda a concentrarse y los convierte en una especie de detectives o investigadores. Este es además un modelo que les enseña a trabajar y a ganar autonomía para aprender lo que a su vez incrementa su capacidad de aprender por sí mismos en el futuro.

No es malo un poco de estrés
Los cambios estructurales en el cerebro requieren de situaciones de estrés moderado. Según Ignacio Morgado, psicobiólogo español, “la activación de estructuras cerebrales como la amígdala y la liberación en la sangre de hormonas como la adrenalina, pueden contribuir a la facilitación del aprendizaje y la memoria actuando sobre nuestros circuitos neuronales”


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