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700 enfermos renales en Táchira piden apertura de frontera para recibir diálisis

ElColombiano
Actualmente hay paso restringido en la frontera entre Colombia y Venezuela a la altura del Puente Internacional Simón Bolívar. FOTO COLPRENSA

Ahora más que nunca la declaratoria de “emergencia humanitaria” y la apertura de un canal de ayuda se deja escuchar en cada protesta en Venezuela, sobre todo cuando la demanda es relacionada a servicios de salud y asistencia médica hospitalaria.

En el fronterizo estado Táchira, el más cercano de la geografía venezolana a Colombia, los pacientes renales se han declarado “en cuenta regresiva para morir”, y es que en esta región existen 700 personas de un total de 16.000 a nivel nacional que no están recibiendo la diálisis, tratamiento que les garantiza la supervivencia.

La situación que aseguran pasó de “critica a fatal” en los últimos días, y se viene registrando desde hace seis meses cuando las personas para dializarse se ven obligadas a cruzar la frontera para comprar la heparina, una solución anticoagulante, sin la cual es imposible realizar las sesiones de diálisis.

“Nosotros con la ayuda de muchos, reunimos para pasar a comprar en Cúcuta la heparina que tiene un costo de 20.000 pesos cada dosis (Bs.769.230), equivalentes a dos salarios mínimos en Venezuela y un monto difícil de reunir para una mujer como yo que vivo de vender café”, dijo Reina Moran, paciente renal venezolana.

Ni hospitales públicos, ni privados, ni la red de farmacias venezolanas han logrado adquirir el producto debido a la falta de divisas para importar medicinas. La única respuesta que ha dado a los pacientes el Instituto Venezolano del Seguro Social (IVSS), organismo del Estado que se encarga de suministrar el medicamento y las diálisis, es que los fármacos no han llegado al país. Además, según denuncias, ha condicionado a las personas para otorgarles las medicinas que supuestamente no tiene.

“Llamé al seguro social y a la red de farmacias 0800-SaludYa del gobierno para solicitar unos antihipertensivos y la respuesta que recibí fue ‘¿señora usted tiene el carnet de la patria?’, les dije que no. Me respondieron que no podía disfrutar de esos servicios”, denunció Moran.

Actualmente, un grupo de venezolanos cruza la frontera tres veces por semana para seguir su tratamiento de diálisis. Muchos de ellos con doble nacionalidad, tienen el servicio de salud por ser también colombianos.

La necesidad hace que las personas busquen ser atendidos en la vecina Cúcuta, pero el Hospital Universitario Erasmo Meoz, solo atiende emergencia y no está autorizado para realizar el tratamiento de diálisis ante los altos costos que generan.

Algunos pacientes se ven obligados a tomar otras vías a través de una acción de tutela que interponen al Instituto Departamental de Salud (IDS), logrando ser beneficiados para el tratamiento donde se encuentra el servicio de diálisis.

Ante la emergencia, el Obispo de la Diócesis de San Cristóbal, Mario Moronta, de manera personal y pastoral a través de su homologo de Cúcuta, busca vías que ayuden a los pacientes renales venezolanos recibir algún tipo de ayuda humanitaria en materia de salud para que puedan proseguir su tratamiento.

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Cúcuta, la salvación

En una “tabla de salvación” para los venezolanos enfermos y alentados se ha convertido la capital del Norte de Santander. Allí acuden a diario cientos de personas provenientes de cualquier estado de Venezuela, en busca de alimentos, atención hospitalaria y trabajo.

El hospital Universitario Erasmo Meoz, el de mayor capacidad de la región, solo durante el primer mes del 2018, registró la atención de 30 venezolanos por día, en las diferentes áreas de asistencia médica, para un total de 940 personas, cifra en aumento en comparación a los 277 pacientes atendidos en enero de 2017.

Una de las mayores demandas que presenta el centro de salud pública es en la sala de partos, área que en el mes de enero atendió a 287 mujeres venezolanas que por necesidad o elección tuvieron a sus hijos en territorio colombiano. En la misma fecha del año pasado se atendieron solo 72 partos de venezolanas.

Igualmente creció la cifra de niños en la emergencia pediátrica hospitalaria, que llegó durante el primer mes de este año a 328 pacientes atendidos.

Yesenía Prato, es una joven madre venezolana de 26 años que decidió pasar la frontera y dar a luz a su segundo hijo en Cúcuta. Reveló que no se arriesgaba a tenerlo en San Cristóbal, debido a las precarias condiciones que vive la emergencia pediátrica del Hospital Central venezolano.

“Le rogaba a Dios que no se me adelantara el parto porque desde que quede embarazada le dije a mi esposo: Aquí en Venezuela no pienso parir, ni por error. No hay condiciones para que un niño nazca acá. El hospital en crisis, si hay una emergencia no hay equipos, ni insumos, menos medicinas, tenía miedo pero gracias a Dios mi hija es Colombiana, nació en el Erasmo Meoz”.

El temor de la madre venezolana no es ficción: durante el mes de enero en la emergencia pediátrica del hospital de San Cristóbal, se registró la muerte de 14 neonatos y para la primera quincena de febrero la cifra aumentó, para un total de 15 recién nacidos fallecidos por distintas causas, entre ellas infecciones bacterianas.

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Epidemias que se extienden

La reaparición en Venezuela de epidemias que se creían erradicadas, mantienen en alerta a las autoridades sanitarias fronterizas. Noel Calderón, epidemiólogo de la Corporación de Salud del Táchira, informó que el mes de enero cerró con 152 casos de paludismo en la región.

Cifra que triplicó las estadísticas con las que cerró el mismo mes de 2017, cuando se contabilizaron 57 casos.

Para el tratamiento del paludismo se requiere una medicación específica que únicamente suministra el Ministerio del Poder Popular para la Salud a los organismos médicos venezolanos.

“En estos momentos no contamos con el tratamiento para paludismo en Táchira. Estamos a la espera de las solicitudes hechas a través de la dirección regional de salud ambiental para que los medicamentos sean entregados por el Estado venezolano”, afirmó Calderón.

Alertó precisamente el epidemiólogo sobre la propagación del paludismo en la zona fronteriza a través del plasmodium faxiparo, vector difícil de tratar médicamente y el que registra mayor número de muertes a nivel nacional, sobre todo en mujeres, jóvenes y niños.

Quienes no consiguen el tratamiento para controlar este tipo de patologías, como también la difteria y malaria (enfermedades que han reaparecido en Venezuela), se ven obligados, muchas veces por la gravedad y el avance de la patología, a trasladarse a Cúcuta para ser atendidos en el hospital Erasmo Meoz, que registró en la emergencia de adultos durante enero la visita de 316 venezolanos.

Alerta roja

Ante la grave crisis en materia de salud que no tiene respuesta por parte del gobierno de Nicolás Maduro, este miércoles 28 de febrero, sociedad civil, dirigentes políticos y movimiento estudiantil, anunciaron una concentración a las afueras del Consulado de Colombia en San Cristóbal, para dar a conocer a las autoridades consulares la situación y declarar la “Alerta Roja” en la que vive un pueblo sin salud.

Fernando Márquez, dirigente del partido Voluntad Popular, dijo a El Colombiano que “en Venezuela no existen garantías de vida” por lo que elevaran la voz para solicitar ayuda humanitaria a través de un corredor de emergencia en la frontera entre ambas naciones.


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