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Diario de un viaje por la ruta de la muerte en el Mediterráneo

ElColombiano
Imagen de archivo de un rescate de la ONG Lifeline. FOTO: AFP

Hay una persona flotando en el mar. No habla, ya no puede hacerlo. No nada, quizás no sabía hacerlo cuando llegó hasta el océano. Se mueve al vaivén de las olas, sus ropas están desgastadas y y las marcas en el cuerpo dan cuenta de un largo viaje bajo el sol y la lluvia. No tiene vida. Se le acabó buscando un sueño y ahora es una estadística más sobre los muertos del mar o, incluso, comida para peces. Murió ahogada.

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No es uno, son más. Al menos 1.600 personas fallecieron o desaparecieron en el mar Mediterráneo de enero a junio de este año, intentando llegar a las costas de Europa, según la Organización de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Pero, ¿quiénes son esos cuerpos sin vida? Personas de Siria, Iraq, Afganistán, Eritea, Sudán, Sudán del Sur, el Congo y otras naciones sumidas en el conflicto, con gobiernos totalitarios, problemas de esclavitud, guerra o que sufren las consecuencias del cambio climático.

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Según esta organización, por cada 18 personas que llegaron a Europa, una murió o desapareció. Y, aunque la cifra de refugiados que llegaron a este continente en lo que va del año es menor a la de los últimos periodos, la incidencia de muertes aumentó. Según la Acnur, en la primera mitad de 2017 fueron al menos 105 mil personas las que cruzaron el mar para llegar a Europa. En todo el 2016 fueron 362 mil. Los destinos más comunes son Alemania, España, Grecia y Francia, pero para llegar a ellos es necesario un mismo camino: el Mediterráneo.

“Este es uno de los puntos marítimos de cruce más letales del mundo”, así lo afirma Pascale Moreau, directora de la Oficina de la Acnur en Europa. Este mar tiene tres rutas. Al costado occidental, de quienes buscan llegar a España; el oriental, de las personas que se dirigen a Grecia; y el central, ruta utilizada para alcanzar las costas de Italia desde Libia. Atravesarlas, implica recorrer al menos 40 millas náuticas en bote.

Libia: el peor lugar

“Cuando rescataba me di cuenta de que algunas mujeres tenían un hueco en la ropa, en la parte de los genitales. A una de ellas le pregunté por qué tenía la ropa rasgada; su respuesta: con un hueco en los genitales evitaban que los hombres las desvistieran cada que las violaban”: Salvamento Humanitario Internacional.

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Onio Reina Arias es el presidente y fundador de la ONG Proemaid, que nació en noviembre de 2015 motivada por lo que describe como el “bombardeo mediático” sobre la crisis humanitaria de los refugiados sirios. Para hacer realidad su deseo de servir a la gente no necesitaron el apoyo de otros ciudadanos, sino la convicción de que era necesario hallar una salida al problema. Por eso, él y sus compañeros comenzaron poniendo su propio dinero para financiar las primeras misiones de rescate.

Abordo del barco Aita Mari, cuyo nombre está inspirado en un hombre que se dedicaba a salvar perdidos en el mar, el año pasado rescataron a 585 migrantes durante cinco misiones. Ahora hacen un llamado de emergencia por el Mediterráneo y una denuncia sobre las violaciones a los derechos humanos y el mal trato de los guardacostas sirios a las personas.

La ruta de Libia a Italia es una de las más complejas. La razón: las constantes negativas de Malta e Italia de recibir barcos con migrantes rescatados por diferentes ONG y las políticas de los guardacostas de Libia, quienes ejercen mayor vigilancia de la zona marítima. Según la Acnur, la mayoría de personas que usan esta ruta han sufrido algún tipo de abuso. El motivo: son víctimas de la trata de personas y la esclavitud perpetradas por la mafia de Libia.

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Proemaid acostumbra trabajar junto a Salvamento Humanitario Internacional (SHI). Ambos comenzaron su labor a la par. SHI nació por una foto que le dio la vuelta al mundo: un bebé sirio de menos de dos años que apareció muerto en las playas de Turquía. La imagen del pequeño que vestía camisa roja y pantalón azul y cuyo cuerpo se veía indefenso sobre la arena fue el detonante para crearla.

Su presidente, Iñigo Gutiérrez, explica que en la zona de Libia es donde, si los migrantes no se encuentran con un barco de alguna organización de rescatistas, probablemente no llegaran vivos a la costa porque “la mafia solo quiere cobrar el pasaje y lanzarlos al mar. Lo que ocurra con esta gente después no les interesa porque seguirán manteniendo su negocio”. Un negocio que consiste en engañar a las personas diciéndoles que la costa de Europa está cerca, lanzándolos al mar en un bote sin chalecos salvavidas ni experiencia en navegación.

Barcos fantasmas

“Hay embarcaciones que se han perdido. El año pasado, mientras navegábamos en busca de barcos tripulados, encontramos un bote vacío. No había nadie en él y no tenía ninguna marca. Es probable que quienes estaban abordo fallecieran”: Salvamento Humanitario Internacional.

Cuando Onio Reina estaba en rescate con Proemaid, encontró un barco con 150 personas a bordo, solo una tenía chaleco salvavidas y la embarcación estaba pinchada. “Es probable que si no llegábamos, solo uno sobreviviera”, afirma. Cuando esto pasa, rescatan a las personas, dejan registro fotográfico de la embarcación, la marcan y la reportan a las autoridades. Como Reina de Proemaid, Axel Steier, de la ONG alemana Lifeline, ha tenido experiencias similares.

“La mayoría de los botes están llenos de gente y tienen residuos (excrementos). En el primer acercamiento buscamos niños, mujeres y muertos y lo reportamos a las autoridades”, comenta Steier. Pero la realidad es que las ONG cada vez tienen menos apoyo de las autoridades europeas. Además, “nunca vas a saber si ese bote naufragó y todos ellos murieron”, comenta Aloys Vimard, coordinador del proyecto de búsqueda y rescate en el Mediterráneo de Médicos Sin Fronteras (MSF).

Entonces, los refugiados navegan sin rumbo por el mediterráneo a la espera de encontrar tierra firme, la Europa prometida, o de que ocurra el milagro, que una ONG los encuentre. Pero no todos cuentan con esa suerte.

Morir ahogado

Cuando navegamos encontramos personas sin vida flotando en el mar. De esos cuerpos dejamos un registro y seguimos nuestra búsqueda. Se quedan ahí como comida para los animales porque es un área llena de peces, incluso de tiburones”: Proemaid.

Al preguntarle a Steier, de Lifeline, si alguno de los migrantes rescatados le ha contado sobre un amigo o familiar que haya desaparecido en medio de la travesía para llegar a una costa europea, él responde que “no hay posibilidad de encontrar una persona que haya conocido a alguien que falleció porque, si un barco se hunde, casi todos mueren”. Y ese es el desenlace de algunos migrantes que fueron arrojados al mar y que no encontraron tierra firme.

Para él, aunque la cifra que dieron la Acnur y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), es de 1.600 personas fallecidas de enero a junio de este año, el número podría ser cinco veces mayor. Y es que contar a los muertos es difícil: ¿quiénes hablarán por ellos? ¿quién los cuenta? Y si se convirtieron en “comida para los peces”, hacer un registro exacto es imposible.

Aloys, de MSF, ve un poco de esperanza en este tema: “No es que todos vayan a morir, pero la realidad es que muchos no alcanzarán tierra firme. Muchas de estas personas necesitan asistencia porque están en un peligro real”. Y concluye que: “ellos están en el océano para intentar escapar de la violencia de Libia”. Es por esto que las organizaciones consultadas para este artículo trabajan en rescates en el océano, buscan patrocinadores que hagan realidad sus misiones y el pago a colaboradores (equipos médicos, expertos en navegación y rescates) que se atrevan a adentrarse en alta mar para salvar vidas en medio de la profundidad.

Sobrevivir al mar

“Conocimos a un hombre que venía de Eritea. Tardó un año y medio para llegar hasta Libia y allá fue esclavo durante tres años. Escapó y les pagó a los coyotes para que lo embarcaran hacia Europa, pero la guardia Libia lo capturó y lo vendieron por cien dólares como esclavo. Luego intentó escapar dos veces más. Al tercer intento, lo logró volvió a zarpar y fue rescatado”: Lifeline.

Quienes escapan son personas que no pueden vivir en sus países. Son víctimas del sistema y la violencia. Por eso, Aloys Vimard de MSF lamenta que “las políticas están arrojando a las personas a vivir en estas condiciones. Infortunadamente, muchos barcos están ahí sin quien los rescate.

Pero aquellos que atraviesan el mar Mediterráneo, sobreviven a la profundidad y a la intemperie y encuentran tierra firme en Europa ven en esta una esperanza, esa tierra prometida que comienza a llenarse de xenofobia.


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