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Mariano Rajoy sucumbió bajo el peso de la corrupción


FOTO AFP

Durante años, Mariano Rajoy fue el gran superviviente de la política española, gracias a su temple y su habilísimo manejo de los tiempos. Pero finalmente sucumbió bajo el peso de la corrupción, que le costó una condena judicial a su partido.

Sin dejar a un sucesor designado, el líder conservador de 63 años, de gafas y barba blanca, perdió el poder este viernes en una moción de censura en la cámara baja. Una mayoría de 180 diputados de 350 votó a favor de su rival Pedro Sánchez.

El líder socialista, nuevo presidente del gobierno, promovió la moción después de que la justicia sentenciara que el Partido Popular (PP) de Rajoy se lucró gracias a una vasta trama de corrupción y mantuvo durante dos décadas una contabilidad paralela.

Fue la crisis de más para un Rajoy que con su paciencia e impasibilidad, así como la división de sus rivales, había aguantado con tesón al frente del gobierno, reconocen tanto sus aliados, que lo ven como un brillante estratega, como los adversarios que lo atacan por su inmovilismo.

Reclinándose en su butaca esperando a que amaine la tormenta, había capeado la contestación contra sus políticas de austeridad, los escándalos de su partido y la crisis independentista en Cataluña.

Símbolo de su capacidad de sobrevivir a todo, en 2005 se salvó de un accidente en helicóptero con apenas un dedo roto.

Un político curtido

Elegido como concejal por primera vez en 1981 en su Galicia natal, Rajoy “es el único político que lleva toda su vida en esto”, asegura el politólogo Antón Losada, autor de una biografía del líder conservador.

“Ha ganado elecciones, ha perdido elecciones, ha sido ministro, ha sido líder de la oposición, ha pasado por todo”, en comparación a unos rivales que son “novatos”.

“Ha aprendido a esperar, a aguantar la presión”, añade.

Esperó casi ocho años como líder de la oposición para convertirse a fines de 2011 en presidente del gobierno español con mayoría absoluta.

Y tras las elecciones generales de 2015, en las que perdió muchos apoyos por los escándalos de corrupción y la austeridad de su primer mandato, supo aguardar diez meses y unas nuevas elecciones para ser reinvestido en octubre de 2016, una vez sus rivales demostraron su incapacidad de acordar un gobierno alternativo.

Resucitado aunque más débil, otras crisis se interpusieron en su camino, especialmente el fallido intento de secesión en Cataluña el pasado octubre.

Criticado por su inacción ante un conflicto cocido durante años, consiguió salvar la situación a última hora imponiendo su control directo sobre la región, y destituyendo en bloque al ejecutivo independentista de Carles Puigdemont.

Los independentistas conservaron el poder, pero por el momento parecen haber renunciado a una separación unilateral inmediata.

Nunca muerto

Los cómicos suelen mofarse de sus embrollos dialécticos -”España es una gran nación y los españoles son muy españoles y mucho españoles”, dijo en 2015- que contrastan con sus ingeniosas réplicas parlamentarias.

Aficionado al ciclismo y al Real Madrid, así como a las caminatas matutinas, se sabe poco de la vida privada de este hombre casado y con dos hijos.

Nacido en 1955 en Santiago de Compostela, Mariano Rajoy Brey creció en una familia burguesa de provincias y en su juventud fue registrador de la propiedad.

Pero pronto saltó a la política, inscribiéndose en Alianza Popular, fundada por ministros del dictador Francisco Franco y que acabaría convirtiéndose en el PP.

Cinco veces ministro del gobierno de José María Aznar (1996-2004), fue su portavoz cuando tuvo que justificar la desastrosa gestión de la marea negra provocada en Galicia por el buque petrolero “Prestige” en 2002 o la entrada de España en la guerra de Irak en 2003.

Designado a dedo por Aznar como su sucesor, perdió dos elecciones frente al socialista José Luis Rodríguez Zapatero en 2004 y 2008, antes de alcanzar el gobierno en una España atenazada por la crisis.

La austeridad que se cobró la vida política de otros dirigentes europeos lo hizo tambalearse, pero no lo tumbó. “Tienes la piel de elefante”, le llegó a decir la canciller alemana Angela Merkel.


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