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El día que un hombre “común” mató a 58 personas en Las Vegas


Familiares de las víctimas de la masacre de Las Vegas. FOTO EFE.

La noche del 1 de octubre del año pasado, mientras más de 20.000 espectadores disfrutaban en Las Vegas (Nevada) de un concierto al aire libre, un hombre abrió fuego contra la multitud cobrándose la vida de 58 personas e hiriendo a otras 887. Un año después, sus motivos aún se desconocen.

La Policía cerró la investigación en agosto con un informe de 187 páginas sobre Stephen Paddock, el autor de los hechos, y los indicios encontrados en aquella suite del piso 32 del hotel Mandalay Bay, desde donde llevó a cabo la matanza.

Lo que las autoridades no pudieron desentrañar fueron las razones que llevaron a Paddock, de 64 años, a actuar de esa manera contra los asistentes al festival de música country Route 91 Harvest antes de quitarse la vida. Lo hizo completamente solo, sin ayuda de nadie.

Según Joe Lombardo, alguacil del condado de Clark, Paddock era “un hombre común y corriente” que había mostrado “señales (de poseer) una mente con problemas”, si bien no tuvo comportamientos que pudieran generar sospechas de la Policía.

Lo que sí hizo Paddock fue dejar un rastro previo en el que, tal vez, fue perfilando sus intenciones.

La investigación desveló que hizo dos reservas de hotel en ciudades que albergaban festivales de música al aire libre. La primera de ellas fue en Chicago, durante el Lollapalooza, que tuvo lugar en agosto. La segunda fue en Las Vegas, durante el Life is Beautiful, días antes de la tragedia.

En ambos casos, Paddock solicitó habitaciones con vistas a los recintos donde se celebraban los conciertos.

La Policía revisó los ordenadores de Paddock y encontró en los historiales búsquedas sobre festivales de música al aire libre, tácticas policiales de la unidad de elite SWAT, armas y explosivos.

Paddock compró legalmente 55 armas, la mayoría rifles de distintos calibres, entre octubre de 2016 y septiembre de 2017.

El atacante modificó hasta 12 rifles semiautomáticos con dispositivos en las culatas para poder disparar municiones contra la multitud a una mayor velocidad. El tiroteo desde la habitación del hotel se alargó entre 9 y 11 minutos.

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Se recuperaron hasta 47 armas de fuego en tres localizaciones diferentes: el hotel Mandalay Bay (10 bolsas con 23 armas) y dos residencias de Paddock, situadas en Mesquite y Reno, ambas en Nevada.

Las cámaras de seguridad del hotel captaron a Paddock portando bolsas de gran tamaño desde su vehículo hasta el interior de la habitación en los días previos a la masacre.

También recuperaron allí una nota, pero no se trataba de un texto de despedida o un manifiesto, sino cálculos sobre la distancia de las balas hasta el lugar del concierto.

Aunque el grupo yihadista Estado Islámico (EI) se atribuyó la autoría del tiroteo en un primer momento, el Buró Federal de Investigaciones (FBI) descartó cualquier vínculo de Paddock con organizaciones terroristas extranjeras.

Lo que sí pudieron confirmar las autoridades es que las finanzas de Paddock habían sufrido un revés en los últimos tiempos, ya que perdió casi un 75 % de su patrimonio en apenas dos años.

En septiembre de 2015, sus cuentas bancarias reunían más de dos millones de dólares. En septiembre de 2017, la cifra apenas superaba el medio millón. El dinero había ido a parar, principalmente, a saldar deudas en casinos y bancos.

Lombardo señaló que este hecho “pudo haber sido un factor” que contribuyó a llevar a cabo el tiroteo.

Uno de los hermanos del agresor, Eric, dijo a los investigadores que Stephen “siempre quería ser el mejor y ser conocido por todos”.

“Había hecho ya en la vida lo que quería y estaba aburrido con todo. Tal vez planeó el ataque para matar al mayor número de gente posible y ser así recordado por tener el récord”, indicó sobre el suceso, el peor tiroteo masivo en la historia moderna de EE.UU.

Bruce, otro de sus hermanos, comentó que llevaba más de una década sin hablar con Stephen y que su hermano era “un enfermo mental, paranoico y delirante”.

Días después de la masacre, el presidente de EE.UU., Donald Trump, insistió en retratar a Paddock como alguien “enfermo” y “demente”, y reconoció que tendría que abordar el control de las armas de fuego en EE.UU. “en algún momento”.


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