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Elecciones en Brasil: ultraderecha o izquierda, la cuestión


Fernando Haddad y Jair Bolsonaro son los dos candidatos con más opciones en las elecciones de Brasil. Foto: AFP

Con un país dividido entre la izquierda y la ultraderecha, una difícil situación económica desde 2014, escándalos de corrupción y un expresidente preso, hoy Brasil acude a las urnas para los comicios generales. Han sido semanas turbulentas. Este país pasó de tener casi seguro que Lula da Silva sería el ganador, con cerca del 40 % de intención de voto, a decirle adiós a su candidato predilecto por estar impedido para ser elegido.

Entonces, les quedaron cinco opciones: Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal, Marina Silva, de Red de Sostenibilidad; Ciro Gomes, del Democrático Laborista; Geraldo Alckmin, de la Social Democracia Brasileña, y Fernando Haddad, el ungido del Partido de los Trabajadores (PT). Pero tres de ellos fueron perdiendo popularidad hasta dejar la elección en una dicotomía entre el ultraderechista Jair Bolsonaro y Fernando Haddad, quien intenta representar la lucha de Lula y su PT.

Toda una dualidad. De un lado, Bolsonaro, quien ha dicho que no es un problema que las mujeres ganen menos que los hombres “porque ellas se embarazan” y que preferiría contratar a un hombre solo por esta condición; cuyo discurso está en contra del matrimonio igualitario y el aborto y ha defendido la venta libre de armas, la tortura de delincuentes y las ejecuciones extrajudiciales por parte de la policía. Acusado, además, de tener ideas fascistas, este hombre tiene un 32 % de intención de voto según la mediación de Ibope del pasado miércoles.

Bolsonaro se encontraría en la segunda vuelta con el candidato del PT.

Haddad es Lula”, proclama la propaganda del PT. Una frase clave que le permitió pasar de tener el 4 % de intención de voto a subir, en tan solo tres semanas, hasta el 23 %. Sumado a esa consigna que lo hace ser el ungido del emblemático Lula da Silva, están las fotos de los dos políticos: abrazados, sonriendo y dándose la mano. Para terminar, un mensaje: “vota 13 para que Brasil sea feliz de nuevo”.

Votar para que uno no gane

Entonces, con los bajos porcentajes de popularidad de los demás candidatos (ver gráfico) Brasil decide entre Bolsonaro –el candidato apuñalado– y Haddad –el hombre de Lula, y se prepara para una eventual segunda vuelta, que sería el 28 de octubre. Solo si un candidato logra más del 50 % de la votación, sería posible que Brasil conozca hoy el nombre del sucesor de Michel Temer.

“Este año es más una cuestión de divisiones y menos de propuestas concretas. Hay una ola muy fuerte en la sociedad porque está dividida entre los que están en contra del PT y los que están en contra del fascismo”, explica Ana Luiza Matos de Oliveira, doctoranda en desarrollo económico de la Universidad Estadual de Campinas y profesora visitante de Flacso en Brasil. Y, como protagonista de esa división, está Lula.

Al preguntarle a Cristina Gomes, profesora investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), si Lula es el espectro de la contienda, asegura que “no es un fantasma, es una realidad”. Gomes explica que gran parte de la población comprendió que Haddad es el candidato de Lula y él sigue siendo la figura más importante de la política brasileña.

“La disputa es de una propuesta liberal y una laborista. Llegamos a las elecciones con esta ruptura de la democracia desde 2014 porque los votantes de derecha se unieron a la extrema derecha y hoy aprueban una propuesta fascista”, es decir, la de Bolsonaro.

El Brasil que recibe

“En términos económicos aún hay dificultades y el principal problema es el desempleo (12,7%), hay mucha gente trabajando en la informalidad. Hay una cuestión que llama cada vez más la atención de los medios y es la llegada de venezolanos al país. La gente percibe que con el arribo de los migrantes la situación de Brasil puede empeorar”, comenta Carolina Silva Pedroso, coordinadora del curso de Relaciones Internacionales de la Universidad de Ribeirão Preto e investigadora de Cries. Por eso, la economía juega un papel clave en la elección. Sin embargo, en medio del panorama electoral, las previsiones del mercado son de un alza de precios de 4,3 % este año y de 4,2 % el próximo.

Sumado a esto, el actual presidente Michel Temer tiene una popularidad bastante baja. Para abril de este año, según un sondeo realizado por Ibope, solo el 5 % de la población respaldaba su gestión. Incluso, para septiembre de 2017, llegó a tener una aprobación de tan solo el 3 %. Este descontento con su administración se explica en que Temer llegó al poder cuando el Senado Federal destituyó a Dilma Rousseff en agosto de 2016 y él, al ser el vicrepresidente, debió asumir el cargo.

Hoy los brasileños elegirán entre dos visiones opuestas del país en unos comicios tensos y en los que se presentó un hecho sin precedentes: la multitudinaria manifestación de mujeres contra Jair Bolsonaro, que demuestra cómo el candidato más popular es, a la vez, el más rechazado.

Los sondeos apuntan a que él y Haddad llegarán a la segunda vuelta. Además, solo un aspecto podría cambiar la tendencia al alza de Bolsonaro: que Lula da Silva reciba un permiso para dar entrevistas y manifieste su apoyo a Haddad en los medios. De suceder, él sería el próximo presidente y se confirmaría que Lula es más que un fantasma, para Brasil, sino que él es una realidad, porque la población aún recuerda la prosperidad que se vivió en sus ocho años en el Palácio da Alvorada.

Sin embargo, a pesar de la fuerza de Lula y su PT hay quienes temen que hoy Bolsonaro consiga la mayoría de votos necesarios para consagrarse como el próximo presidente de Brasil y, con esto, llegaría al poder un hombre con una ideología opuesta a la que ha gobernado este país en, al menos, en los últimos quince años. Un hombre que apoya la dictadura militar, con tendencias misóginas, homofóbicas, racistas y cercanas al fascismo, a tal punto, que le llaman el Trump de Latinoamérica..

Elecciones en Brasil

Contexto de la Noticia

“En términos generales la importancia de Brasil para Colombia ha venido aumentando, pero no compensa el hecho de tener una frontera viva. En las relaciones comerciales, este país no aparece en los primeros lugares de nuestra balanza”, explica Mauricio Jaramillo, profesor de relaciones internacionales de la Universidad del Rosario. En 2017 Colombia importó a Brasil 150,6 millones de dólares, especialmente en petróleo refinado (7,9%), partes de vehículos (3,6%), teléfonos (2,9%), circuitos

electrónicos (2,7%) y medicamentos dosificados (2,1%).


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