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Hanif Kureishi, un escritor que incomoda


El escritor trabajó en los años ochenta y noventa con David Bowie. Foto: ShutterStock

Si Hanif Kureishi no dice nada, es un hombre de rasgos de la India. Los ojos y la piel lo delatan. Si habla, es un británico de los mismos que casi no separa los labios para hablar, como si hablara para él mismo. Nació en Londres, de un padre pakistaní y una madre inglesa. Por eso la mezcla. El autor del Buda de los suburbios le dijo alguna vez al periódico The Guardian que “cada diez años se convertía en alguien distinto”.

Ya tiene 60 años. ¿Cuántos hombres ha sido?

“Es algo que se mantiene igual, supongo porque tus padres son siempre los mismos, pero ahora soy un hombre más dulce, suave, de lo que solía ser. Es muy difícil decir si soy un buen hombre o quién soy. Quizá es una pregunta para hacerles a mis amigos, pero todavía soy un escritor, me encanta escribir y no he desistido. Amo mi trabajo y tengo una nueva novia, ¿qué más pedir?”.

¿La literatura ha sido una manera de descubrir quién es?

“Esa es una idea interesante, supongo, pero tú no sabes qué dirás hasta que lo escribes. Escribes una línea y luego otra y no tienes ni idea que dirás. Entonces te conviertes en alguien más, que no sabes quién es. Sí, eso supongo. No es tanto descubrirte, es más encontrar un nuevo yo. Cuando es hora de escribir una novela o hacer una película, eso lo pongo detrás de mí, y por eso puedo cambiar. Mira a David Bowie, cambió muchísimo. Él cambió de una manera muy visible, pero supongo que también de formas menos visibles”.

Ahora que nombra a David Bowie, trabajó con él...

“Sí. Yo trabajé con él por cerca de tres años en los ochenta y noventa, y lo conocí muy bien. Él escribió la música de una serie para televisión, basada en una novela que escribí (El buda de los suburbios)”.

¿Cómo funciona la literatura para usted? ¿Es porque tiene algo que decir, por ejemplo, sobre inmigración, sobre su cultura?

“Yo escribo sobre cultura e inmigración porque es mi vida. Lo supe porque me pasó y pude ver que empezó a pasarles a otras personas y el ritmo cambió y eso fue muy interesante para mí. Eso fue realmente complejo, como esta nueva Gran Bretaña iba a emerger, pero no escribo sobre inmigración. Yo escribo sobre sexo, amor, familia, fracaso, éxito. La mayoría de mis escritos ahora son sobre la edad, porque la mayoría de mis amigos, y también yo, nos estamos envejeciendo y enfermando. Muchos de mis amigos, mi generación de amigos, pasamos ya los sesenta y, ¿ahora qué, dónde estamos, qué clase de trabajo hacemos? Esa es una pregunta interesante”.

¿Se siente viejo?

“Después de los 60 te vuelves más consciente de que tu tiempo es más limitado, que terminará. En tus 30 nunca pensabas que tu tiempo se acabaría. Ahora piensas cuánto más tiempo tienes para vivir y trabajar y qué quieres hacer con tu tiempo, pero esa es una gran pregunta. Es decir, la vida tiene sentido porque mueres. Si no murieses, no tendría sentido. La muerte hace que la vida valga la pena. En realidad, que termine, que haya un stop significa que todo tiene sentido”.

Algunas personas tienen miedo de morir. ¿Usted no?

“Tengo miedo, pero puedo ver eso que te digo, aunque no estoy deseando que llegue ya. Puedo ver que uno empieza a pensar acerca del tiempo que te queda”.

El humor es importante en su escritura, ¿por qué?

“Los escritores británicos son cómicos. Shakespeare fue un gran escritor cómico. Dickens también. D.H. Lawrence no es exactamente cómico, pero la mayoría son cómicos. Puedes ser muy serio sin dejar de ser un escritor cómico. Lo soy porque vengo de una familia India, y en las familias indias te ríes y tratas de decir cosas inteligentes. Te entretienes y entretienes a los demás siendo subversivo. También los libros que escribes y las películas que haces son entretenimiento para la gente, que está pagando por ello. Por eso quieres tratar de hacerles pasar un buen rato”.

Algunas personas no pueden diferenciar entre el autor y sus personajes, y buscan qué hay de él en ellos. ¿Será curiosidad sobre la vida del escritor?

“Todo lo que importa es el libro. Si escribo un libro y te lo doy, solo tienes el libro. Te gusta la literatura y lees el libro, así que disfrutas el libro. Si me pasó a mí, si le pasó a alguien más, es realmente irrelevante. ¿Por qué habría de importar? Si lees El Buda de los suburbios, por ejemplo, algunas cosas me pasaron a mí, otras no, algunas les pasaron a otras personas, pero eso no importa”.

La ficción, de todas maneras, empieza en la realidad...

“La realidad es el punto de partida, cómo negocias con la ficción y la realidad cuando escribes. La regla es que pones algo en la historia porque la hace bien para el lector. Cuando haces una película piensas qué les gustaría, cómo funcionaría, porque la gente está pagando para ver esa película. Esa es la regla. No importa si es realidad o imaginación. Estás tratando de hacer ficción, de generar placer, y eso también parece representar algo de la verdad acerca del mundo. Eso parece real”.

¿Deben sus amigos sentir miedo de qué le dicen, porque pueden terminar en uno de sus libros?

“Bien, todos saben que soy un escritor, es más, muchos de mis amigos son escritores. Realmente no importa si estás en un libro o no. Alguien me puso en un libro una vez, en realidad, mi papá me puso en un libro una vez, y no importa, ¿no? Creo que me diste una buena idea, debo poner más a mis amigos en mis libros. Realmente no pienso que la fuente importe, pero obvio no creo que debas ofender a las personas. No creo que debas poner a una buena persona en un libro y hacerla pasar como un idiota, no, eso no lo hacemos. Tratamos de contar historias para entretener al público”.

A usted lo conocen como un escritor transgresor. ¿Es natural o lo hace a propósito?

“Crecí en los sesenta y setenta y había punk y estaba Jimmy Hendrix y tenía a Los Six Pistols, y más tarde llegó Lady Gaga. Hay gente brillante, que tiene mucha vida porque son desobedientes. La desobediencia es también bella y es el comienzo de la humanidad, ¿no? La gente ama la desobediencia. Podríamos hacer más con desobediencia. Hace poco fui a Cuba y pensé que esa gente está perdida. Ellos son totalmente obedientes. Se divierten, cantan, tienen sexo, pero son básicamente esclavos de Castro, cantando para turistas. Me pareció un lugar asqueroso, una cosa horrible para hacer. No tienen independencia, ni política. Creo que fue repulsivo y que deberían sublevarse y hacer un nuevo mundo. Eso sería más interesante”.

Con sus libros, hace que los lectores se sientan incómodos. ¿Es natural o a propósito?

“Yo escribí My beautiful Laundrette en los ochenta, y es también una celebración. Nosotros no queríamos que la gente pensara, ‘oh, Dios, dos homosexuales besándose, qué horrible’. No. Queríamos que la gente pensara ‘sí, mira, este es el futuro, eso pasará y este es nuestro bello país, que puede abrazar esta forma de amor. También es una celebración de la creatividad humana, de originalidad e independencia”.


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