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Francisco venció limitación y recuperó su vida


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Mientras intentaba reponerse de la exigencia de una intensa jornada de entrenamientos, Francisco Sanclemente se dejó caer en un mullido mueble de su casa. Era hora de descansar. Sin embargo, unos instantes después, cuando trató de levantarse, el mundo se le vino al piso y se desplomó súbitamente. Al querer pararse, por sus medios, no lo pudo hacer. Jamás volvió a caminar.

El rumbo de su vida cambió ese 14 de julio de 2006 justo en la sala de su residencia en Buga. Tenía 18 años, era arquero de la Selección Valle y le faltaban dos semanas para hacer parte de las inferiores del Once Caldas, equipo en el que quería compartir con su ídolo Juan Carlos Henao. Pero el destino le puso un obstáculo a su carrera.

“Yo vivía con mi hermana, mi mamá y mi abuela, y entre ellas me levantaron, en medio de mi llanto de impotencia”, recuerda Francisco. En el hospital, a donde fue llevado y después de tres días de exhaustivos exámenes, el médico le dictaminó una mielitis crónica (inflamación de la médula espinal).

“Fueron momentos muy duros. No es fácil entender como de un momento a otro un tipo de 1,88 metros de estatura pasa a estar sentado en una silla de ruedas. Fueron como tres meses de depresión, encerrado en la casa”.

Sin embargo, la vida también le daría la fórmula para salir de esa oscuridad. Algún día, cuenta, su mamá lo mandó a la tienda a comprar cien pesos de cilantro. Ese solo hecho del desplazamiento en la calle lo obligó -asegura- a socializar con la gente, a volver a recibir aire puro, a enfrentarse a las realidades de las personas con discapacidad y, sobre todo, darse cuenta que hay una vida por delante.

Con esta nueva convicción, se graduó del colegio y obtuvo el título como administrador de empresas en la universidad, además de cosechar amistades y nuevas habilidades informáticas.

Y hasta volvió al deporte, en el que, con el tiempo, alcanzó otras destrezas diferentes al fútbol. Corría el 2011 y un amigo le dijo que se inscribieran a la Media Maratón de Bogotá, que podían correr atletas en silla de ruedas adaptada. “Creo que decir que llegué último es un descaro, porque fue más que eso, pero pasar la meta es algo que me hizo dar cuenta que podía correr con mis manos”, resalta.

En el 2013 se hizo a su silla profesional, a los guantes correctos para no ampollarse las manos y poder “consumir” kilómetros. Pero había otro escollo por superar: la consecución de recursos. Dueño de un discurso particular y elocuente tocó puertas en las empresas que, más que una oportunidad de triunfos, lo vieron como una inspiración y motivación.

“Descubrí otra faceta, la de conferencista”, cuenta. Gracias a EPM, Argos, BBVA y Sheraton puede acudir a grandes competencias internacionales, como lo hizo en 2016, cuando se ganó la Maratón de Buenos Aires en su categoría de adaptados, o a principio de este año, cuando se impuso en Miami (Estados Unidos).

Sanclemente ahora es feliz. Ha superado obstáculos. Su próxima meta, justo cumpliendo 29 años, está en Madrid, cuando este domingo protagonice su primera experiencia en territorio europeo: La Media Maratón de esa ciudad. “Espero darme ese regalo, sería importante en mi vida”, puntualiza.


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