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Hilos de plátano y lana de ovejo para tejer un mundo imaginado


Con hilos extraídos de fibras de plátano, artesanos de San Agustín, Huila, elaboran tejidos y artículos de papel. “Este papel es bueno para pintar sobre él”, dice Listbina. FOTO Donaldo Zuluaga

El tallo del plátano o, mejor dicho, la corteza que lo envuelve, es lo primero que desechan los productores cuando cortan el racimo de su fruto. Es también lo que aprovechan los artesanos de San Agustín, Huila, para fabricar mochilas y manteles.

En Expoartesano quien habla de este tema es una mujer cuyo nombre también parece hecho a mano: Listbina Becerra.

Y mientras habla invita a los visitantes a que tomen en sus manos las bolsas hechas de papel de plátano, coronadas con cogederas de cabuya, y prueben su textura. A que revisen por el revés y el derecho las carpetas y los manteles hechos con el hilo obtenido a partir de esas fibras.

Tiene a disposición un trozo de corteza, para mostrar las fibras de las que sale todo. Y ovillos de hilo para la venta.

Un artesano llanero se acerca a comprarle hilo para ensayar unas puntadas con ese material, cuando regrese a su tierra.

“¿Resistente? —Listbina repite la pregunta de la mujer que observa un individual para mesa—. Se puede lavar y planchar. ¡Y dura años! Se garantiza”.

Las obras en color natural son de un color cercano al habano claro. Pero también las tiñen con achiote para lograr tonos rojizos o con cáscara de coco para conseguir marrones.

Pensamientos de lana

El dios Kaku Serankwa está representado en las mochilas arhuacas que teje Cheyka Torres, una indígena de Valledupar. Y también el rayo, el pensamiento del hombre, el de la mujer, los cerros, las lagunas, lo que sostiene el mundo y el caprichoso decorado de las culebras cascabel, que tienen un mapa en su piel.

“Hemos registrado, además de la marca, Arhuaco, 80 diseños distintos”, comenta Cheyka.

Un mes tarda en tejer una mochila. Allí, mientras espera que acudan clientes a su puesto de venta en Plaza Mayor, sentada al lado de José Rosado, va tejiendo con aguja capotera el asiento de una nueva.

“Esta es labor de mujeres”, explica José, quien usa un sombrero blanco en forma de cono, con orejeras, el tutusona. “Las de los hombres —continúa hablando— son las tareas agropecuarias: cuidar las ovejas, cultivar y fabricar nuestros vestidos: los ika”.

Los arhuacos dicen que su cultura está fuerte. No solo los grandes hablan el idioma, sino también los niños. Y que en las mochilas ellos tienen una forma de escritura de los elementos de su mundo.

Contexto de la Noticia

Isaura Quiñones y Kevin Cortés no son artesanos; son músicos de la Fundación Tumac, que tiene asiento en Medellín. Ella canta y baila, y el toca la percusión de los ritmos del Pacífico.

Son dos tumaqueños que atienden en el puesto de venta de artefactos del Pacífico Sur.

Bateas de madera de Guapi, Cauca, marimbas hechas de chonta; tambores con cuero de venado; sillas de madera con el espaldar hacia atrás...

Elementos de la cultura material del litoral.


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