Turismo | Publicado el 28 de agosto de 2018

Entre el nevado y el atardecer, ahí está Caldas

El departamento de Caldas está lleno de encantos, que lo hacen atractivo para los turistas, especialmente en la parte ecológica y agrícola, además de municipios insignias como Salamina, San Félix, Neira y Manizales. FOTO cortesía Andrés Osorio Lizarralde

Julio César Acosta Valencia

Si las nubes se van, como se van a veces, el volcán nevado del Ruiz se ve al fondo de Manizales (si se mira al suroriente), con su punta muy blanca, con su roca –porque ya se ha ido mucha nieve– y con la compañía del Santa Isabel al lado, también blanco, y el Tolima. Los tres nevados pintan una instantánea que se toma perfecta, por ejemplo, desde El Cable, una de esas zonas que hay que visitar si se pasa por la capital de Caldas.

Eso pasa a veces, solamente. Lo que sí es un espectáculo casi diario es que el cielo se pinte de colores rojos o naranjados cuando al sol se le da por desaparecer entre las montañas. Entonces hay que mirar al horizonte, para encontrarse el ocaso. Si hay algo que tiene Manizales son atardaceres.

Este departamento, conocido por su gran riqueza natural, sus rutas turísticas y su historia cultural, ahora tiene un eslogan: Vuelve a su origen. Con este se empieza a promocionar esta parte de Colombia, considerada un destino en el que se conjugan la naturaleza y la aventura.

Manizales y sus diferentes municipios cuentan con una increíble biodiversidad, con alturas de más de 4.000 metros sobre el nivel del mar y temperaturas extremas a medida que recorren una variedad de ecosistemas, como páramos, bosques de niebla, montes desérticos, además de innumerables terrenos con frutas tropicales, una colorida vegetación y la exótica vida silvestre.

“Con esta estrategia buscamos atraer viajeros nacionales y extranjeros, promover los productos del departamento, que conozcan los sitios de la región y tener una identidad de esta zona”, manifesta Miguel Trujillo Londoño, secretario de Desarrollo, Empleo e Innovación de la gobernación de Caldas.

Un buen momento para recorrer este departamento fue la edición 25 de la Leyenda del Dorado, evento deportivo de ciclomontañismo.

Paso a paso

En esa travesía estuvo el Nevado del Ruiz, las fincas productoras de café como Tío Conejo, el Bosque de la Samaria, donde se destacan las palmas de cera y los caminos ecológicos, y Salamina, un municipio declarado monumento nacional y, al ser parte del Paisaje Cultural Cafetero, patrimonio de la humanidad desde 2011. Todo esto por su arquitectura muy tradicional de la cultura paisa, en la que resta el bahareque, y porque es como si se hubiese detenido en el tiempo, por allá en el siglo XIX.

Por supuesto, el camino siguió en Manizales, subiendo a lo alto de la Catedral a conocer el reconocido Corredor Polaco (es llegar hasta la punta de este templo, no solo con la emoción de corredores muy angostos y a gran altura, sino también para encontrarse una panorámica de esta ciudad blanca), el barrio Chipre (un mirador para los atardeceres) y los termales (para cuando se deja el Nevado del Ruiz, tener un baño con aguas naturales).

Es para verlo

Por esos detalles que se conocen solo llegando hasta allá, Vuelve a su origen tiene como fin destacar la fauna y la flora, así como la historia que hace que Caldas sea catalogado como un destino turístico importante en el país.

“Nos importa destacar la riqueza de los páramos con el Nevado, la riqueza de las montañas, la abundancia del agua, el café, las aves, los pueblos patrimonio y la cultura y el arte”, dijo la directora ejecutiva de Cotelco Caldas, Mónica Londoño Arango.

Caldas encanta con recorridos que entregan sorpresas en cada kilómetro, pasando fácil del frío al sol y de los fuertes vientos a esos paisajes con frailejones, esas plantas que están en el camino al Ruiz y que solo crecen un centímetro al año.

Qué decir de los paradisiácos sitios en los cuales se encuentran los termales y que ponen a soñar a cualquier turista, como El Otoño y el Ruiz.

Un ejemplo cultural es el Carnaval de Riosucio, que se celebra cada dos años en este pueblo del occidente, a tres horas de Medellín, y que es Patrimonio Inmaterial de la Nación. Muy conocido porque su símbolo es el diablo y sus cuadrillas encantan con sus disfraces.

A todo esto agréguele las rutas Amaranta, conocida como “el paraíso de Caldas” por sus representativos paisajes; Arriería, que ofrece a los visitantes un trayecto por las huellas de la colonización; Cóndor, enmarcado en el turismo comunitario; Oriente, en el que se realiza un recorrido por el territorio del Oriente y Magdalena Caldense y Aves.

En fin, un departamento de 7.888 kilómetros cuadrados por descubri.r

Contexto de la Noticia

Efraín Castellanos disfruta hablando de la historia de Manizales, Salamina, San Félix, Neira y aquellos pueblos colonizados por antioqueños, pero mucho más de Tío Conejo, un personaje de la tradición oral que siempre sale avante a pesar de las dificultades. Y más allá, también corresponde a la marca de un café colombiano de tipo especial, muy reconocido en Estados Unidos, que parte de un proyecto económico y turístico que atrae a extranjeros a las montañas de Caldas.

Tío Conejo, según este agradable conversador, es el resultado del empuje de una familia de colombianos que, tras vivir varios años en Washington, el corazón del poder del país norteamericano, decidió regresar a Colombia buscando una tierra para realizar un proyecto productivo, y se encontró con el café, del que no conocían nada, pero al que se dedicaron en cuerpo y alma.

Al negocio cafetero se fue sumando poco a poco el ingrediente turístico que nació porque la gente quería ir hasta la finca a ver cómo se realizaba el proceso. Un buen recorrido le permite conocer sobre las diferentes variedades como caturra y geisha, que son bien especiales.

Alexánder Abril habla con propiedad sobre la riqueza ecológica, agrícola y pecuaria de lo que hay en el Valle de La Samaria, ubicado en el corregimiento de San Félix, en Salamina. A sus 24 años es un emprendedor del campo y un convencido de las bellezas que se entregan en este lugar, donde sobresale el árbol insignia de Caldas, la Palma de Cera.

La propuesta de la familia Abril Castro es generar proyectos de siembra y conservación de esta, para evitar su desaparición. “El valle es privado y los propietarios de la zona dependen económicamente del ganado y el cultivo de papa”, dice él, pero ellos se han empeñado en convertir su finca en un sendero ecológico, en el cual el turista disfrute del paisaje y aprenda de la Palma de Cera. “Queremos que vengan y pasen la noche aquí en el Mirador y luego vayan al poblado y compren. Debemos crear una dinámica turística”.

Es toda una experiencia con la naturaleza, que empieza a la entrada de San Félix, con deliciosos lácteos (de quesos a yogures), para continuar entre la flora y la fauna.

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