Internacional | Publicado el 16 de julio de 2018

El rey emérito Juan Carlos, de nuevo en el ojo del huracán

FOTO COLPRENSA

AFP

El rey emérito de España, Juan Carlos I (1975-2014), vuelve a encontrarse en el ojo del huracán a raíz de las afirmaciones de una examante sobre unos presuntos negocios turbios que han puesto en alerta al gobierno y a los servicios secretos.

Dos medios digitales conservadores, El Español y OK Diario, desataron la tormenta al publicar la semana pasada unas grabaciones de audio atribuidas a Corinna zu Sayn-Wittgenstein, realizadas según ambos en 2015.

Las afirmaciones de la aristócrata alemana son explosivas. Y suponen, en palabras de la experta en Casa Real, Ana Romero, “otro problema más” para el rey Felipe VI, cuyo cuñado, Iñaki Urdangarin, lleva cuatro semanas en prisión por corrupción en otros asuntos.

En las grabaciones, de un total de cuatro horas, Corinna dice, sin nombrar expresamente a Juan Carlos, que la utilizó como testaferro para ocultar su patrimonio en el extranjero.

Sostiene también que el exjefe de Estado colocó “algunas cosas”, como por ejemplo cuentas bancarias en Suiza, a nombre de un primo suyo, Álvaro de Orléans Borbón, residente en Mónaco.

Igualmente, siempre según su versión, Juan Carlos habría cobrado una comisión por la concesión del tren de alta velocidad de La Meca, en Arabia Saudí, a un consorcio de empresas españolas.

Y en lo personal, cuenta Corinna que el rey emérito le planteó la posibilidad de separarse de la reina Sofía y casarse con ella, más que nada “porque quería el dinero” que supuestamente le había confiado.

Según varios expertos de la Casa Real contactados por la AFP, la voz de las grabaciones corresponde a la de ella, que por cierto no ha desmentido lo afirmado y se limitó en un comunicado a denunciar una “campaña de descrédito” contra su persona.

“Yo sí le doy credibilidad” a la grabación, aseguró Pilar Urbano, autora de varios libros sobre la Casa Real. Según ella, lo que se afirma en las grabaciones “es tan oscuro, tan tiznado, que reclama chorros de luz”.

El partido de izquierda radical Podemos ya ha pedido una comisión parlamentaria de investigación sobre las actividades del rey emérito, quien en 2014 abdicó en favor de su hijo Felipe VI, debilitado precisamente por el “caso Corinna” y el escándalo de su yerno Urdangarin, condenado recientemente a casi seis años de cárcel por malversación.

Por boca del ministro de Fomento, José Luis Ábalos, el gobierno socialista pidió este lunes “serenidad”, y dijo que quiere “escuchar primero” al director de los servicios secretos, Félix Sanz Roldán.

Éste ha solicitado declarar a puertas cerradas ante los diputados, después de que Corinna lo acusara de amenazas en las grabaciones reveladas la semana pasada.

Será la segunda vez que lo haga, ya que en 2013 tuvo que explicarse sobre los manejos de la aristócrata, famosa por haber participado en Botsuana en una cacería de elefantes de la que Juan Carlos volvió con una cadera rota.

Una grabación “extraña”

El contexto de las grabaciones es extremadamente turbio. El interlocutor de la aristócrata alemana es el excomisario de policía José Manuel Villarejo, quien se encuentra en prisión por presunto blanqueo y según varios medios podría estar así presionando.

La alemana se expresa en un castellano bastante correcto, alternándolo a ratos con el inglés, y junto a ella y el comisario participa en la conversación el empresario Juan Villalonga, expresidente de Telefónica.

Ana Romero sospecha que todo esto podría obedecer a una “manipulación”, y destaca que, escuchando el audio, “se ve que Corinna está siendo guiada” por Villarejo, quien a menudo recapitula para que las acusaciones queden claramente formuladas.

“Esa cinta es extraña. Corinna no tiene ese nivel de español, pero curiosamente es capaz de leer” lo que tal vez podría ser un ‘script’, añade Romero, que se ha reunido media docena de veces con la aristócrata alemana.

El caso pone de nuevo el foco sobre una Casa Real española que, como recuerda Ana Romero, “siempre tiene que hacer un esfuerzo mayor”, ya que fue restaurada en 1975 por el dictador Francisco Franco, una circunstancia excepcional en Europa.

Pilar Urbano cree que para blindarse, el rey Felipe VI podría tener que plantearse una dolorosa opción, “la expulsión de su padre de la estructura de la familia real”, para hacerla “más escueta”.

“La Corona exige estos precios a contracorazón”, dice Urbano, y recuerda que Felipe ya hizo algo similar con su hermana, la infanta Cristina, y su marido, Iñaki Urdangarin.

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