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El milagro de Dunkerque trazó el triunfo aliado


Cientos de miles de aliados se vieron forzados a evacuar en el puerto francés de Dunkerque (frontera con Bélgica), pagando alto precio por bombardeos alemanes. FOTO museo imperial de guerra

Las aspas ruidosas de los aviones Junkers Ju-87 “Stuka” lanzaban muerte desde el cielo sobre cientos de miles de hombres, y sonaban como trompetas del apocalipsis. Hoy el mundo experimenta, desde las salas de cine, esa pesadilla que enfrentaron los soldados aliados en la batalla de Dunkerque (1940), y ese drama de estar tan cerca de casa pero sin antes cruzar un infierno en la costa y en el mar para llegar.

La película nombrada en honor al único puerto que le dio esperanzas a los aliados frente a una inapelable derrota a manos de los nazis, trae de nuevo a la memoria de historiadores y expertos la importancia que tuvieron los sucesos de mayo y junio de 1940 para el desarrollo e incluso el desenlace de la Segunda Guerra Mundial (SGM).

Incluso, si se escarba en la historia y se analiza la batalla, se puede ver que el elemento de incertidumbre iba hasta tal punto que una derrota total de los británicos en Dunkerque hubiese significado cerca de allí, en Londres, la dimisión de un mandatario como Winston Churchill —fundamental como fue para la derrota del nazismo—, y la firma de un armisticio favorable a la Alemania de Hitler.

¿Qué causó y que implicó esa batalla para la Segunda Guerra Mundial y, por tanto, para la historia contemporánea global? EL COLOMBIANO abordó este y otros interrogantes.

Golpeados por la blitzkrieg

Tras invadir con éxito Polonia a finales de 1939, la Alemania nazi se concentró en una ambición largamente soñada por Adolf Hitler desde que era un simple soldado raso en la Primera Guerra Mundial: que las botas alemanas pisaran vencedoras las aceras de París.

El gran obstáculo para que la maquinaria de guerra teutona cumpliera tal meta no era tanto el Ejército francés, sino la construcción de la formidable barrera de la Línea Maginot, un entramado de fortificaciones practicamente imposible de arrasar. Tras largas deliberaciones para evitar el estancamiento del frente occidental, el Mariscal de Campo Erich von Manstein propuso utilizar el intrincado bosque de las Ardenas —ubicado entre Bélgica y Luxemburgo— para cruzar las líneas aliadas, sabiendo que no esperarían un golpe contundente desde allí, dada su dificultad geográfica.

“Los aliados (ingleses, belgas y franceses) siempre pensaron que serían atacados a través de la frontera de Bélgica con Alemania, como había ocurrido en la Primera Guerra Mundial. Los alemanes ya habían perfeccionado la guerra relámpago (blitzkrieg), pero los aliados, aunque habían visto sus resultados en Polonia, no se habían preparado para contrarrestarla. El grueso de sus tropas se movió a la zona de Flandes y la frontera con Alemania. Los alemanes atacaron allí y ellos pensaron que era lo que estaba previsto”, explicó el periodista español David Solar, fundador de la revista La Aventura de la Historia.

Von Manstein, junto a otros generales alemanes, llevaban en ese momento cuatro meses estudiando las condiciones del terreno y preparando los medios para atravesarlo. Cuando atacaron en la frontera germano-belga, aprovecharon esa finta para mandar por las Ardenas todos los acorazados y el armamento pesado que necesitaban para inclinar la balanza a su favor.

“Cuando los franceses se dieron cuenta, ya tenían encima a las unidades acorazadas alemanas que rompieron sus líneas, y sufrieron el corte de hoz propuesto por Von Manstein, ya que los nazis no siguieron hacia París (al sur) sino que dieron un giro violento a la derecha (oeste) rumbo al mar”, agregó Solar.

Efectivamente, tras cuatro días los alemanes llegaron a las costas del Canal de la Mancha en la localidad francesa de Abbeville. En el territorio costero que fue rodeado por el movimiento en hoz de las tropas alemanas, entre Holanda, Bélgica y Francia, hasta medio millón de soldados aliados quedaron sin salida, en una bolsa con un área aproximada de 10.000 kilómetros cuadrados.

“Todas las tropas de la Fuerza Expedicionaria Británica (BEF), las de Bélgica, unas pocas tropas holandesas y gran parte del Ejército francés, se encontraron atrapados entre el martillo, que era el Ejército alemán atacándolos desde el norte, y el yunque, que eran las tropas acorazadas de Ewald Von Kleist, donde estaban generales tan conocidos como Heinz Guderian y Erwin Rommel”, añadió.

Un error costoso

El 24 de mayo de 1940, Hitler se reunió con el Comandante en Jefe del Grupo de Ejércitos Sur de Alemania, Gerd von Rundstedt. En una decisión que aún es materia de debate para los historiadores, ordena suspender la ofensiva de la artillería y los acorazados sobre las acorraladas tropas aliadas.

La primera teoría es que Hitler no quería ocasionar una gran derrota a los ingleses porque lo que quería era arcodar con ellos la paz. “Esto no se sabe si es verdad, pero de cualquier forma sería una estupidez, porque el primer ministro británico, Winston Churchill, no estaba dispuesto a pactar con los nazis”, aseguró Solar.

La segunda apunta a que Hermann Göring, Comandante de la fuerza aérea alemana, le pide a Hitler conseguir una gran victoria propagandística para la Luftwaffe, es decir terminar a base de aviación con la bolsa. “No se sabe tampoco si es verdad, pero tiene más sentido y bases históricas. Hitler tenía enorme curiosidad en saber si las teorías sobre la superioridad aérea y sus efectos decisivos, como las de Giulio Douhet, eran ciertas. Esa versión sostiene que los otros jefes de la aviación respondieron que era un disparate. Lo que ocurrió fue que no les hicieron caso, como fue usual en Hitler, y el resultado fue que los británicos defendieron muy bien la bolsa”, argumentó.

Un respiro de fénix

Los aliados tuvieron tiempo suficiente para evacuar a más de 200.000 soldados británicos y 140.000 franceses y belgas, pero las pérdidas ciertamente indicaban un fracaso. Todo su equipo bélico, armas pesadas, combustible y acorazados quedaron en manos alemanas. Asimismo, más de 100.000 prisioneros de guerra aliados quedaron atrás. Pero tal como explica Solar, por dos motivos este suceso histórico resultaría crucial para la posterior victoria sobre el nazismo y el odio.

“Realmente los británicos salvaron su Ejército. Las únicas tropas adiestradas que tenían eran las que estaban encerradas en la bolsa de Dunkerque. Es decir, de allí sacaron a los hombres que luego terminarían enfrentándose a Rommel y derrotando a los alemanes en el norte de África”, explicó.

Por otra parte, detrás del ajedrez bélico de Dunkerque también había una fina arista política que amenazaba con romperse y causar una derrota casi mortal para los aliados. Tanto así que en Inglaterra, tras la batalla, todo fue vendido como una estruendosa victoria por la propaganda del incipiente gobierno de Churchill.

“¿Qué hubiera ocurrido si derrotan en Dunkerque a todo el Ejército británico? Que el fracaso inglés hubiera sido irrevocable y probablemente hubiera caído su gobierno. Esto teniendo en cuenta el contexto en Londres. Lord Hallifax (Edward Wood), el ministro de Exteriores, era por esos días completamente partidario de una negociación con Alemania hacia una capitulación o por lo menos un armisticio. Churchill se negó, pero si la derrota se hubiese materializado, probablemente hubiera cambiado el gobierno británico y se hubiera firmado el armisticio. Por eso -concluye- Dunkerque tuvo extraordinaria importancia para lo que luego iba a ocurrir en la guerra”

La batalla de Dunkerque le dio un nuevo aire político y militar a los británicos, conscientes de que se salvaron de pasar un punto de inflexión en su contra y en detrimento de las fuerzas aliadas.

Contexto de la Noticia

En Reino Unido, aunque fue una derrota estrepitosa porque dejaron allí cientos de miles de prisioneros y perdieron todo el material bélico, terminaron vendiendo la batalla como una victoria. Para Solar, “Dunkerque fue muy importante desde el punto de vista propagandístico, pero también desde el material. A esos hombres que salvaron, aunque Inglaterra ya no tenía armas para darles, Estados Unidos sí se las envió, y ese Ejército pudo volver a estar organizado en seis meses gracias a su ayuda”. EE. UU. no entraría a la contienda sino hasta el año 1941.


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