editorial | Publicado el

Rafael Isaza


El buen pastor

Amable lector. Según la historia, en el año 597 a. C. los babilonios dirigidos por el rey Nabucodonosor sitiaron a Jerusalén. Una década más tarde saquearon la ciudad incluyendo su templo. Alguien dijo que el pueblo judío, más que por sus tierras, ha permanecido unido por sus creencias religiosas soportadas en los libros sagrados.

Alejandro Magno (356 – 323 a. C. ), es un icono de la antigüedad, casi un Dios que sobresalió por sus dotes militares y por los cambios sociales que introdujo en los pueblos dominados. Fundó la ciudad de Alejandría, donde se construyó una enorme biblioteca. Allí florecieron las matemáticas, la medicina y el pensamiento. Un incendio destruyó esta joya y con este se perdió parte de los relatos antiguos de la humanidad.

Cinco décadas después, en una humilde morada nace Jesús de Nazaret. Habló a su pueblo en palabras sencillas. Por medio de parábolas que son narraciones fáciles de recordar y con mensajes que invitan a la reflexión.

Según el evangelista Juan, la persona de Jesús fue un hombre cercano a los demás. Cuando asistió a la boda de Caná, para darle gusto a su madre, convirtió unas tinajas de agua en vino. Expulsó del templo a unos mercaderes incluyendo varios prestamistas. Tuvo sed y le pidió a una samaritana le diera de beber.

En otra ocasión multiplicó unos pocos panes hasta que la multitud que lo escuchaba quedo saciada. Cuando sorprendieron a una mujer en adulterio, los maestros de la ley la iban a apedrear. Él les dijo, quienes no tengan pecado, que tiren la primera piedra. Hablando con sus apóstoles les dijo: que uno de ellos era un diablo; hoy en términos porcentuales son muchos más.

Mientras cumplía su misión en la tierra se cuidó de sus enemigos. Al final fue detenido y juzgado. Al iniciar el camino hacia la cruz, basta leer las preguntas que le hicieron y sus respuestas, para entender, que ante todo fue un hombre de carácter.

Al margen de lo que piense cada uno sobre un ser superior, es innegable que encontrar a Dios en playas de veraneo, clubes sociales, yates de lujo y supermercados, en pocas palabras, donde abunda la riqueza y la salud, no es posible.

En cambio, los pobres, los enfermos, los que sufren y quienes están en un mar embravecido, o cuando la tierra tiembla con furia, todos imploran la ayuda de alguien que es más fuerte que ellos.

La historia del cristianismo, en términos generales, deja mucho que desear. Los seguidores de Jesús con frecuencia han olvidado sus mensajes. Esta semana ha sido conmovedor observar las multitudes que quieren estar cerca del Papa Francisco. Sin embargo, preocupa observar que los templos cada vez están más vacíos.

Uno de mis grandes amigos, me dijo: viejo, yo no comprendo lo que dicen los sacerdotes en la homilía. Sin que me escuchara, dije yo tampoco. A veces pienso que si los pastores hablaran como Jesús, en parábolas breves, las ovejas entenderían mejor. Si interpreto bien las palabras del Papa Francisco el perdón y la reconciliación sin justicia es una quimera.


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