cultura | Publicado el 9 de marzo de 2018

Don Quijote vive en América desde que nació

ilustración Raúl Zuleta

John Saldarriaga Londoño

El Quijote, ese personaje tan mentado y ese libro tan citado, ha influido en el caletre de media humanidad. En muchos casos, de manera directa, porque lo han leído; en una infinidad de maneras indirectas, porque casi todo el mundo lo menciona sin leerlo.

Alguien que se ocupa de leerlo por otros es Alberto Velásquez Martínez. El periodista y columnista ha publicado varios volúmenes sobre esa obra: uno de ellos es Tras las huellas del Quijote. Ahora editó un volumen titulado El Quijote en América, Colombia y Antioquia.

Lo ha leído y estudiado con locura desde la primera mitad de 1980, cuando el entonces presidente Belisario Betancur lo nombró cónsul de Colombia en Madrid y, al despedirlo, le dijo que, aparte del trabajo habitual, solamente le haría un encargo: “Haz la ruta del Quijote y escribe una crónica”.

El periodista, por supuesto, cumplió la misión. Recorrió la ruta —una red de caminos que suman más de 2.500 kilómetros de longitud— y escribió. Después de eso, como poseído por un espíritu de sensata locura, el del personaje, ¡lo ha realizado otras trece veces!

Y en cada ocasión disfruta como en la primera sus andanzas por el Campo de Montiel; la visita a los molinos de viento, y hasta el ingreso a la Cueva de Montesinos, en la Provincia de Albacete, que es oscura y resbaladiza. En esta lo alcanzó a asustar la bandada de murciélagos que salieron espantados por su inesperada presencia. En esa cueva, el Quijote alucinó.

“Y a mi me faltó muy poco para alucinar también. Creo que con tres vinos más, hubiera desvariado”.

De esa entrada trajo un guijarro que sumó a su colección de artículos relacionados con el personaje, conformado por unas 120 piezas, en las que destaca un quijote grabado en un palillo de dientes, que le regaló un cónsul de Japón en Santiago de Chile.

En el primer viaje aprovechó para buscar colombianos. Justamente, en El Toboso, frente a la casa que se atribuye a Dulcinea, vivía un viejecito colombiano, que le habló del libro y lo llevó a la biblioteca pública para que viera más de 150 ediciones, en diversos idiomas, de la obra cervantina.

Alberto Velásquez recomienda volver sobre los pasos del caballero de la figura triste, pero si no se va con la idea de ver grandes mansiones y edificios majestuosos, porque se desencanta. Son construcciones sencillas y antiguas, que uno debe apreciar, auspiciado por la imaginación y dispuesto a comer los alimentos que menciona Cervantes en el libro (carnero, vaca, lentejas, palomino), porque en él, la gastronomía es muy importante.

El Quijote aquí

El nuevo libro de Alberto habla del impacto de la obra cumbre de la lengua española en muchas partes y personas del continente americano.

Para esos que creen que aquí todo nos llega tarde... ¡hasta la muerte!, como decía el poeta Julio Flórez, Velásquez comienza revelando un dato singular: los primeros ejemplares de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha llegaron a América en 1605.

¿Acaso no fue en ese mismo año que salió la edición uno de la primera parte del Quijote en Madrid? Los libros llegaron a San Felipe de Portobello, hoy de Panamá, y poco después, pero en el mismo año, algunos otros ejemplares, a Cartagena de Indias.

Cuenta que fue lectura de Andrés Bello y con ella influyó en Simón Bolívar y Francisco Miranda. Y ha llegado a muchos americanos de todos los pelambres: mujeres, hombres, artistas, escritores, trabajadores, estudiantes, vagos, blancos, negros, militantes de izquierdas y de derechas...

“Todo el mundo tiene que ver con el Quijote, porque es el más humano de los personajes y el más completo de los libros”, sostiene Alberto.

Los primeros ejemplares de El Quijote llegaron a América en el año de la primera edición: 1605. Desde entonces la obra ha influido en la vida y el pensamiento de muchas personas.

Contexto de la Noticia

Colombia y Antioquia es el subtítulo del volumen de Velásquez, publicado por Taller de Edición. “Alberto nos trae de nuevo al Quijote, conversa con él, lo perfila, lo lee para nosotros”, dice Juan Manuel del Corral en el prólogo.

Otras Noticias