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Catarsis colectiva en el Atanasio


Asistentes a la vigilia que organizó la Alcaldía de Medellín y el Club Atlético Nacional para honorar a los jugadores de Chapecoense. FOTOS Julio Herrera y Róbinson Sáenz

“¡Oh! ¡No te olvidaremos. Esta copa va pa´ el cielo!”, gritaban los antioqueños emocionados que asistieron a la cita en el estadio Atanasio Girardot para honrar a las víctimas del accidente del vuelo Chapecoense, que cobró 71 vidas y dejó a seis personas heridas, en la noche del pasado 28 de noviembre.

El encuentro fue a las 6:45 de la tarde, a la hora en que jugarían la final de la Copa Sudamericana contra el Atlético Nacional: dos equipos verdes, uno novato, otro experto, pero ambos con el mismo sueño. A esa hora se reunió solo uno de ellos, para despedir al que no pudo llegar.

La Twittercrónica caminó entre la multitud de personas que con camisetas blancas se unieron para rendir homenaje y dar un adiós compartido.

Un canto por los ausentes

Como dijo Erica Ortiz, una de las asistentes, “el fútbol va más allá de los colores y las barras. Esta es nuestra forma de trascender de las redes sociales y mostrar nuestros respetos”.

Al igual que ella, miles de asistentes empezaron a llegar desde temprano al escenario deportivo. Niños, adultos y viejos, unos con flores blancas en la mano, otros con el escudo del Chapecoense en sus camisetas y hasta pintado en sus cabezas.

A la espera del inicio del homenaje, mientras unos se quedaron por fuera del estadio, los que alcanzaron a entrar gritaban: “¡Vamos, vamos, Chape!”, al tanto aplaudían y saltaban en las tribunas como si estuvieran celebrando un gol, pero esta vez cantaban con dolor.

En el norte, un cartel decía en portugués “Una nueva familia nace”, y en el sur se leía “El fútbol no tiene fronteras. Fuerza familias, hinchada y pueblo chapecoense”.

El minuto de silencio

El estadio, acostumbrado a los gritos de sus hinchas, experimentó un silencio que abrazó a los asistentes bajo un manto de respeto.

Una a una se fueron encendiendo las luces de los celulares y las velas que entraron al lugar, como si fueran estrellas que remplazaban las que no aparecían en el cielo negro.

En completo silencio la gente escuchaba, uno a uno, a los funcionarios que hablaron. Las que más conmovieron fueron las del ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, José Serra: “No olvidaremos jamás la forma en que los colombianos lo sintieron como suyo”.

Desde la tribuna Occidental y con la voz quebrada, Mario Antonio Londoño comentó: “no me imagino lo que deben sentir en Brasil. Los hinchas queremos a nuestro equipo como una familia, como un hermano que representa el apellido. Perderlos a ellos, es perder más que un ídolo”.

Luego, 71 globos blancos se elevaron sobre el estadio.

Un último grito

Después del silencio y de las lágrimas que se extendieron en miles de rostros, los antioqueños volvieron a saltar, a gritar, a lanzar las flores que habían llevado. Fue un clamor de desahogo, de despedida, de solidaridad: “Todos somos Chapecoense”.

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