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Nadie es dueño de las historias que están en la calle

ElColombiano
Si algo ha caracterizado el cine de Víctor Gaviria es el trabajo con actores naturales. Detrás de escenas de la producción de la película La mujer del animal. FOTO Cortesía / Raúl Soto

Cuando le preguntaron al director de cine Víctor Gaviria si El Animal de su película era el mismo personaje que Tarzán, del libro Verdugo de verdugos, respondió: “El Animal es una verdadera bestia, es mucho peor”.

El caso al que se refiere es a una persona, que en realidad existió, que Fabio Restrepo describe en su libro de crónicas y que luego haría parte de l filme La mujer del animal, de Gaviria.

A raíz de estas similitudes, en 2016 Fabio interpuso una demanda en contra del cineasta antioqueño por presunta violación a los derechos de autor, bajo el argumento de que Víctor había copiado la historia original de su libro.

Específicamente reclamaba que el protagonista, El Animal, era una copia de Tarzán. Además, alega el actor y escritor, fue él mismo quien le presentó a la mujer del Animal, Margarita. El fallo resultó favorable al cineasta antioqueño y, de nuevo, abrió la discusión sobre la titularidad de las creaciones en Colombia.

Protección al creador

El derecho de autor es un conjunto de normas que le permiten al autor gozar y disponer de los derechos de sus producciones. Una obra es considerada como tal si es producto del ingenio y es materializada en alguna forma perceptible y de manera original.

Explica Camilo Villa, abogado especialista en temas de propiedad intelectual, que “los derechos de autor en Colombia y los países que hacen parte de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual están protegidos por el ‘principio de protección automática’, es decir, que con el solo hecho de plasmar una obra en un medio físico o digital, nace el derecho de autor”.

En este sentido, cuando se crea una idea y esta se plasma en un medio físico o digital, ya está sujeta a estos. Y sucede en todos los campos: un libro, una ilustración, una canción, una investigación científica, etc.

“La titularidad del autor se otorga porque la obra es parte de su inspiración”, comenta Villa.

Otro asunto son las ideas o las historias de la vida real, que nadie se ha inventado. Por ejemplo, las películas o series basadas en la vida de Pablo Escobar. El relato de vida del narcotraficante no le pertenece a ninguna persona y puede haber infinitas versiones de quienes lo conocieron. Lo que sí está sujeto a derecho es la creación y la forma en la que se reconstruye esa vida.

Para el abogado Camilo Villa, “si bien Fabio le contó la historia a Víctor, lo que en últimas ocurrió fue que cada uno creó con su investigación, fantasía y talento, una pieza diferente del mismo cuento”.

En últimas, habían tres cuentos: el real, el que creó Fabio Restrepo y el de Víctor Gaviria.

Con la sentencia el tribunal quiso decir que los sucesos de la vida real no provienen de la imaginación de nadie y que son de dominio público. Por último, sentencia el tribunal que “lo que sí está protegido por derecho de autor es la forma que usa el autor para expresar esa historia, para dotarla de originalidad”.

Este conflicto entre el escritor y el cineasta recuerda que los trabajos basados en la realidad o contados por sus protagonistas no tienen por sí solas un poder de derecho.

Contexto de la Noticia

El 6 diciembre del año pasado, el subdirector de Asuntos Jurídicos del Derecho Nacional de Derechos de autor profirió sentencia en el caso de “Fabio Restrepo versus Víctor Gaviria y Viga Producciones S.A.”. Concluyó que el director no violó ningún derecho autoral y además el demandante fue condenado a pagar las agencias en derecho.

El director declaró que con la sentencia recupera “la posibilidad de conversar con todo el mundo, de escuchar cosas que siempre anoto para hacer cine. A veces del caso Posadita, o de la época de los bandoleros o de los jaibanás Emberá”.

Dos casos clásicos que se han dado en el derecho de autor colombiano han sido contra el Nobel de Literatura Gabriel García Márquez y sus obras Relato de un náufrago y Crónica de una muerte anunciada, ambas demandas desestimadas y resueltas a favor del creador.

En el primer caso, Luis Alejandro Velasco, el marinero protagonista del texto, demandó al escritor porque las aventuras narradas en el libro le pertenecían en tanto él las había relatado y protagonizado. En 1994 el tribunal del caso sentenció que Velasco se limitó “a narrar lo acaecido, sin que ello constituya aporte artístico alguno”.

En el segundo libro, mismo caso: Miguel Santiago Reyes Palencia, protagonista de las Crónicas de una muerte anunciada, buscaba el 50 por ciento de los beneficios de los libros. El tribunal sentenció en 2010 a favor, de nuevo, del autor costeño a razón de que los hechos relatados no eran una creación intelectual del demandante sino “una extracción subjetiva que el señor Gabriel García Márquez realizó de las circunstancias que en determinado momento del tiempo rodearon la vida del primero”.

En Colombia, como sucede en el mundo, no hay un derecho de propiedad sobre la realidad, así como un creador no necesita autorización de su protagonista.


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