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Hay árboles que viven entre las hojas


Los árboles han estado presentes en la literatura de los primeros cuentos que echaron los humanos.

“Son importantes como entidades en sí mismos y como portadores de simbolismo”, dice el artista y editor Elkin Obregón. Como entidad, dice, el árbol es un personaje importante que habita en los recuerdos de cada persona y mora en los libros con vida y a veces con funciones establecidas. Como simbolismo, el árbol puede dar idea de protección, de orgullo, de fortaleza.

En el orgullo se le viene a la mente una obra de la dramaturgia española: Los árboles mueren de pie, de Alejandro Casona.

Este drama cuenta la historia de los Balboa. El abuelo se ve obligado a echar al nieto de la casa, porque este es un tipo malvado, pero no le cuenta a la abuela, para no atormentarla. Es “una metáfora para aludir a la entereza que se necesita para vivir”, dice Elkin.

Hay un árbol que representa la sabiduría: el de la Ciencia, que aparece en el Génesis, como uno de los dos fundamentales del Paraíso Terrenal. Elkin Obregón recuerda la novela de otro español, Pío Baroja: El árbol de la ciencia (1911). Hace parte de la trilogía La raza, con La dama errante y La ciudad de la niebla.

En un diálogo del capítulo tres los personajes aclaran que Dios le prohibe a Adán comer su fruto. No del de la vida.

De este otro árbol del Génesis se ocupa el escritor y profesor de la Universidad de Medellín Óscar González: “Tras nombrar el árbol de la vida como el de pan, en su incandescencia cae en el hermoso abismo de la mirada que lo contendrá para siempre inalterable en su destino”.

González dice que cuando nombramos un árbol, este se nos hace visible “entre los árboles del bosque”.

Esta idea se parece a otra de Obregón: la de que, en literatura al menos, es distinto un árbol a un bosque. No tanto porque uno sea sustantivo individual y el otro colectivo, sino porque la simbología del bosque es diferente: significa lo desconocido e, incluso, lo peligroso, como en La caperucita roja, en Robin Hood o en la literatura de caballería”.

Contexto de la Noticia

En los pergaminos del gitano Melquiades, un gitano medio alquimista y medio profeta: “El primero está atado a un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas”. Ese árbol era un castaño. Después de ciertos desvaríos, a José Arcadio se le amarró a un castaño y al final murió de infarto.

Para Diva Marcela Piamba Tulcán, magíster en Estudios Literarios, en el artículo La flora y la fauna de Macondo: un asunto de interpretación (revista de la U. Nacional), la flora es importante en la obra de Gabo. El almendro es otro que aparece mucho. Es señal de buena suerte.

Tomás Carrasquilla, el autor, lo cuenta así: “Cada rato sacaba un pelo y lo cortaba en el aire. ‘Vengo por vos’, le dijo a Peralta. ‘Bueno’ —le contestó este—. Pero me tenés que dar un placito pa confesarme y hacer el testamento’. ‘Con tal que no sea mucho —contestó la Muerte, de mal humor— porqui ando di afán’. ‘Date por ai una güeltecita —le dijo Peralta—, mientras yo mi arreglo; go, si te parece, entretenete aquí viendo el pueblo, que tiene muy buena divisa. Mirá aquel aguacatillo tan alto; trepate a él pa que divispes a tu gusto’.

Las palmas de esta casa en la que transcurre la historia tienen varias funciones. Una, referencial. Esas plantas dan característica a la vivienda para distinguirla de otras.

En un artículo del profesor Marino Troncoso, de la Universidad Javeriana, publicado en el magazín de El Espectador, se infiere que representa varias dualidades: amor y muerte, bien y mal, entre otras. En Mejía Vallejo, los árboles son importantes. Menciona los de la región del Suroeste y la región andina, no como decoración, sino como seres influyentes.

“Porque es áspera y fea,/ porque todas sus ramas son grises,/ yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos,/ ciruelos redondos,/ limoneros rectos/ y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras,/ todos ellos se cubren de flores/ en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste/ con sus gajos torcidos que nunca/ de apretados capullos se viste...

Por eso,/ cada vez que yo/ paso a su lado,/ digo, procurando/ hacer dulce y alegre mi acento: «Es la higuera el más bello/ de los árboles todos del huerto».


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