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Volver a conocer el lugar en donde uno creció

ElColombiano
David fue el ganador del premio Nacional de Novela y Cuento este año. Retrata una época de la ciudad. FOTO Manuel Saldarriaga.

David Gil siente que conoció Colombia mejor durante los años en los que vivió fuera del país. Se dedicó de lleno a leer la obra de autores como Fernando Vallejo, Tomás Carrasquilla, Manuel Mejía Vallejo y Gustavo Álvarez Gardeazábal, y a través de sus lentes construyó una nueva imagen de su país.

Gil, filósofo y escritor, ganó el XIII Concurso Nacional de Novela este año. Lo logró con Colección de tragedias y una mujer, un relato que pone en el centro de la herencia del narcotráfico en Medellín a un profesor, a su alumna y a un sicario. EL COLOMBIANO charló con el escritor que creció en Medellín durante la época en la que la violencia alcanzó sus mayores picos.

¿De niño no le daba miedo la violencia, por lo que escuchaba en las noticias?

“Eso es una cosa extraña porque era como si la realidad de Colombia nos pasara por el lado. De todas formas éramos niños, entonces cuando yo era niño los miedos eran otros. Podían ser los fantasmas de Campo Escuela que era donde íbamos a acampar. Ese era un miedo infundado, porque los fantasmas no existen, pero ese era nuestro terror. Nunca nos preocuparon las Farc, los paramilitares o el narcotráfico. Sí sabíamos de eso, pero era como si no existieran para nosotros”.

¿Cómo fue ese proceso de abordar la violencia mucho tiempo después en el libro?

“Yo estudié filosofía y esa era una disciplina a la que no le importaba la historia de Colombia. Era como si en ese momento aparentemente mis preocupaciones, como el ente de Aristóteles o la dialéctica de Platón, fueran más importantes. Desde que estudio literatura he podido descubrir el país atravesando novelas. Leyéndolas de lado a lado”.

¿Cómo nacieron los personajes de la suya?

“Los fundamentales son tres: el narrador, que es un profesor de filosofía; Yeraldín, su alumna, y Aquiles, su novio, que es una especie de sicario. Son muy propios de la narrativa antioqueña y el único tipo de personaje que ha sido ampliamente tratado sería Aquiles. En la literatura colombiana hay una herencia grande del tratamiento de los sicarios. Lo que yo quería era apropiarme de esa herencia narrativa, que solo conozco a través de la literatura, y combinarla con algo que sí conocía muy bien que era el medio universitario”.

En su libro narra la muerte de Escobar, de una manera casi cinematográfica...

“Lo que quise hacer con en ese capítulo fue desfigurar a ese señor narrativamente hablando. Ese capítulo narra su muerte, pero en Nueva York. Desfiguré esa historia que sabemos de memoria: que fue cuando el bloque de búsqueda lo mató en La América. Lo que hice fue deformar esa historia conocida y poner a Pablo Escobar como si fuera una especie de héroe de película gringa. En ese capítulo me desquité e hice algo que en cierta medida puede ser revelador para el lector y es llamar la atención sobre un personaje muy conocido, pero desde un punto completamente nuevo. Es como si se le quitara el velo a una persona conocida y se le viera de un modo distinto”.

¿Uno es un sobreviviente del lugar del que viene?

“Yo no me considero un sobreviviente de la violencia porque no me tocó tan directamente, pero ideológicamente sí que todos hemos intentado sobreponernos a eso, porque la violencia se instaló en la ciudad como un modo de ser de Medellín. Lentamente hemos tenido que superar ese modo de ser, la violencia era algo legítimo”.

Contexto de la Noticia

Gil fue niño entre la década de los ochentas y los noventa, cuando la violencia recrudeció en Medellín. Curiosamente, sus padres le daban mucha libertad y fue un niño que recorrió la ciudad sin muchos límites. Aunque vivió en el momento más violento que golpeó estas tierras, siente que no lo afecto directamente. “Recuerdo que la violencia del narcotráfico no me tocó. Sí había amiguitos a los que les mataron los papás. Un vecino cayó en la famosa bomba en la que Pablo Escobar mató a Antonio Roldán Betancourt en la avenida Pichincha, por el barrio Estadio. Pero yo era un niño temerario y arriesgado”.


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