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La oscuridad del mundo según el escritor Pierre Lemaitre


El autor francés Pierre Lemaitre vive en un mundo sumido en oscuridad, por eso su novela no podía ser más que negra. Generación conversó con él. FOTO CORTESÍA

Los franceses siempre han sido aficionados a la novela negra, un género que por definición se desarrolla alrededor de la criminalidad. Por eso autores como Émile Gaboriau y Simenon son tenidos en gran estima dentro de la tradición literaria, y la industria editorial entrega reconocimientos especiales como el Premio Le Point a la novela policiaca europea, que ganó Lemaitre con Recursos inhumanos, o el premio de novela policiaca en francés Montigny-lès-Cormeilles, que se ganó con Vestido de novia. Sin embargo, para la crítica no todos los libros de Lemaitre hacen parte de la novela negra, género que para muchos es menor, pues obras como Nos vemos allá arriba, galardonada con el Premio Goncourt en 2013, o Tres días y una vida, no entran en esa clasificación.

Nos vemos allá arriba es la historia del teniente d’Aulnay-Pradelle y los soldados Albert Maillard y Édouard Péricourt que regresan de la Primera Guerra Mundial a una vida que ya no existe. Lisiados, con su destino truncado y sin dinero, planean golpes que pueden ayudarlos a restablecer su lugar en el mundo. Tres días y una vida es una especie de Crimen y castigo, solo que el protagonista en un niño de doce años y el crimen es un asesinato. A la primera se le clasificó como picaresca, mientras que la segunda se sale del molde porque más que tratarse de la resolución del crimen, se trata de la angustia del joven criminal y su vida adulta. Sin embargo, para Lemaitre todas son novela negra, pues este género no tiene que ver únicamente con la resolución de casos, sino con una visión de mundo, que siendo la de él lo que es, lo motiva a consultar con el psicoanalista.

Pierre Lemaitre publicó su primera novela a los 55 años. No lo había hecho antes, no porque no se interesara en la literatura, de hecho tenía una empresa que se dedicaba a enseñarle nociones básicas a los bibliotecarios franceses, sino porque no había logrado atraer a ninguna editorial. La primera novela que escribió fue a los 20 años y la rechazaron, la segunda la empezó a escribir a los 30, pero la dejó, fue su esposa Pascaline la que lo convenció de terminar Irene, que se publicó en 2006 (se tradujo al español en 2015) y resultó reconocida con el premio Cognac a la mejor ópera prima. Desde entonces todos sus libros están dedicados a Pascaline.

Irene es un thriller policiaco protagonizado por el detective Camille Verhoeven, que también se encarga de los casos en Alex, Rosy & John y Camille. Verhoeven es un hombre de menos de metro y medio de estatura que se impone a sus limitaciones a punta de cara dura, carácter y trabajo dedicado.

Estos son los personajes de Lemaitre, hombres con pasados diferentes, que los pudieron haber puesto en ventaja o desventaja frente al mundo, pero que de un momento a otro la vida les cambia y amenaza con acabarlos. ¿Cómo lucharán contra una sociedad que a pocos les permite ganar? No precisamente con la mejor voluntad o las tácticas más limpias, finalmente en un mundo injusto no se puede ganar siendo correcto. De estas oscuras posibilidades Generación conversó telefónicamente con el autor.

¿Cree que haber empezado a publicar tardíamente le dio alguna ventaja con respecto a los escritores más jóvenes?

“El interés de publicar o escribir a una edad más avanzada tiene que ver creo que con una cuestión de madurez, sobre todo porque yo empecé muy tardíamente la vida profesional. Enseñé literatura, lo que me permitió conocer a profundidad las técnicas literarias y las tuve a mi disposición cuando empecé a escribir. Otra ventaja es que cuando comencé a trabajar tenía alguna formación, entonces tenía el sentimiento de que ya había ahondado mucho en la literatura y podía desmontar los mecanismos alrededor de una obra antes de yo mismo sentarme a escribir una”.

¿De dónde viene su curiosidad por lo más oscuro de la condición humana?

“Creo que no se pueden hacer buenos libros solo con buenos sentimientos, creo que un lector no estaría interesado en historias de parejas hermosas, muy felices con hijos encantadores y un excelente trabajo que no llega a nada. Los escritores debemos trabajar en historias donde las decisiones son un problema, no creo que una buena historia venga de una condición sino de un obstáculo que aparece frente a los personajes. Se tiene la creencia de que la novela negra es más oscura que la literatura en general, creo que ahí cada escritor de novela negra tiene su opinión, la mía es que tengo una visión más trágica del mundo. Así escribiera o no, tengo una idea más cruda de la compasión, de la tragedia humana, que apareció naturalmente en mis libros cuando comencé a escribir. Tengo una visión de los personajes y las situaciones que sin duda surgió de mi infancia, es algo que no puedo explicar directamente y habría que discutirlo con mi psicoanalista”.

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¿Hace la división de géneros literarios en su trabajo de la misma forma que la hace la crítica?

“Creo que cada historia posee su propio registro, creo que no se puede hacer una novela policiaca de un tema que no corresponde a las novelas policiacas, aunque tampoco creo que se trate de tener la voluntad de escribir una novela histórica, una novela negra o una novela policiaca, sino que aparece una historia en mi cabeza, algo que quiero contar, con la genética de cierto género literario. Un hecho cotidiano que vemos dentro de una novela negra no necesariamente debe terminar como una novela negra, le podemos dar el tinte de la novela policiaca, toma la forma que le queramos dar en nuestra cabeza. Pienso que siempre hay que respetar las cosas como nos las imaginamos, sus particularidades, su personalidad, y se debe respetar lo que uno quiera contar, si es una novela policiaca, por el momento uno la escribe como una novela policial, hasta la próxima vez que se ponga a escribir”.

¿En sus libros hay una crítica social al sistema que rechaza a los hombres que dejan de servirle?

“Soy, a mi manera y ciertamente como novelista, un hombre muy golpeado por los daños que ha causado la mala interpretación del liberalismo, soy un hombre comprometido con la izquierda y muy crítico con un sistema que menosprecia mis valores. En Nos vemos allá arriba cuento la historia de unos soldados que regresan de la guerra y no encuentra un lugar en la sociedad a la que volvieron, son personas de ‘segunda categoría’, al mismo tiempo, en Recursos inhumanos cuento la historia de un hombre que tiene todos los méritos pero no encuentra la justa respuesta del trabajo que quiere, ni con las recomendaciones que lo hacen parte del sistema. Creo que estos temas son recurrentes en los libros, no porque esté hablando de situaciones de la I Guerra Mundial o, en el otro caso, de algo que sucedió hace más de diez años, sino que se tratan del empobrecimiento, de la precariedad, de las personas que no tienen el lugar que se merecen en la sociedad y creo que si eso continúa pasando, seguiré escribiendo sobre estos temas, porque siento que todavía tengo dos o tres cosas que decir al respecto”.

¿Qué opinión tiene de la política francesas?

“El candidato por el que voté fue eliminado, voté por Jean-Luc Mélenchon del Partido Socialista, porque yo no pienso por mí. Soy privilegiado y los políticos de derecha son políticos que me ofrecen muchas ventajas, tengo dinero y en la derecha hay personas que tienen dinero, sería muy feliz en un régimen de derecha, sin embargo, en las pasadas elecciones voté por la izquierda porque pienso que el sistema tiene muchas desventajas y es injusto para la mayoría de la gente, no es por mí”.


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