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Philip Roth, el autor que se contó a sí mismo


Entre los escritores con manías salidas de lo común está Philip Roth. Escribía parado y de espaldas a la ventana para no distraerse. No le importaba la publicidad. FOTO Reuters

Phlilip Roth se fue sin el galardón más importante de la literatura. Al igual que Borges, Cortázar y Tolstói. Justo en 2018, cuando no se entregará el Nobel por escándalos de abuso sexual, le llegó la muerte a este escritor nortemericano. Tenía 85 años, fue una insuficiencia cardiaca. Lo del Nobel, dijo la periodista francesa Josyane Savigneau, quien lo visitaba con frecuencia, era ya un chiste para él.

Se ganó, en cambio, el Premio Nacional del Libro, el Pulitzer, el Hemingway, el Navokov, el Faulkner, el Princesa de Asturias. Cada vez que pudo llevó a su papá a recibir el reconocimiento y, cada vez también, su papá le repetía: “Recuerda que yo gané uno como vendedor de seguros”.

Su obra suma más 25 libros, y aunque lo leían fuera de su país y es considerado uno de los grandes narradores del siglo XX, su obsesión era la misma: “La historia de los Estados Unidos, las vidas estadounidenses, la sociedad estadounidense, los lugares estadounidenses, los dilemas estadounidenses –la confusión, las expectativas, el desconcierto y la angustia estadounidenses– constituyen mi temática, como lo fueron para mis predecesores estadounidenses durante más de dos siglos”. Eso dijo en su discurso de aceptación del Príncipe de Asturias (2012).

Dentro de eso, sus temas eran el deseo, la vejez, la muerte, la política, la sombra del padre, el sexo, el judaísmo. Su literatura era arriesgada, experimental.

En La gran novela americana, Pastoral americana, Goodbye, Columbus, La contravida y otras obras no falta la crítica mordaz, las descripciones etnográficas, es decir, de culturas y costumbres, el desparpajo sobre las emociones, los desdoblamientos.

Él, el personaje

Nació el 19 de marzo de 1933 en un barrio de Newark (New Jersey), en una familia de origen judío polaco-ucraniano, y esta combinación étnica y cultural de su procedencia le dio una visión amplia.

Para Óscar González, profesor de la Universidad de Medellín, “un escritor es quien decide, de una manera extraña, escribir lo que en su vida siente necesario, concentrándose en observar el carácter y el movimiento de su mundo”.

Es el caso de Roth, quien “escribía por exceso de la observación de sí mismo, de la realidad que lo involucraba, le concernía y le inundaba”. Gran parte de sus libros son autobiográficos.

Recurría al alterego, como el novelista Nathan Zuckerman, que está en nueve de su novelas. Claro, una vez le dijo a The Wall Street Journal que su historia personal era el punto de vista inicial. “Cada persona es un modelo que posteriormente se convierte en alguien. Puede que estés con una persona real, pero tienes que terminar habitando en ese personaje tú mismo”.

Le dolía escribir. Lo explicaba como una agonía espontánea, que traía frustración.

En 2012 dijo que no iba a publicar más, y cumplió. Su amiga Judith Thurman se lo dijo a CNN: era tan perfeccionista que cuando sintió que su potencial bajaba, se fue. No quería que lo siguiente fuera inferior, sabiendo que ya había logrado tanto. Él lo contó en 2014: “Había llegado al final. No había nada más para que escribiera. Comencé la gran tarea de no hacer nada y la pasé muy bien”. Entonces escribió un mensaje que pegó en su computador: La lucha con la escritura ha terminado.

De la vejez, le parecía asombroso seguir ahí al final del día. “He vivido un día más”, decía. Hasta este martes, que no hubo un día más

Contexto de la Noticia

El profesor Óscar González les recomienda Operación Shylock y Teatro de Sabbath, porque en ellas se deja ver su formación y su insolencia. El escritor Memo Ánjel sugiere Pastoral americana. En ella, Nathan Zukerman habla de manera crítica de los judíos en EE. UU. Y Goodbye, Colombus, que describe los conflictos de los muchachos.


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