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¿Dónde se habían metido los espías?


ilustración Esteban parís

El espionaje, ese asunto tan antiguo como las naciones, parece ponerse de moda en ciertas épocas de la historia, como en la actual. Por cierto, también ahora da la impresión de que las tensiones políticas y militares en el mundo están reviviendo la Guerra Fría, que tanto alimentó las historias de espionaje.

Desde hace unos días, el mundo se ha sorprendido con la noticia del envenenamiento del espía ruso Sergei Skripal y su hija Yulie, en Londres, al parecer con un químico fabricado expresamente como arma, el VX, que entra por la piel y ataca las células nerviosas. Ahí los tienen moribundos a ambos, internos en un hospital de la capital británica, mientras afuera de sus habitaciones cunde la zozobra entre la población, que teme porque esa infección sea contagiosa, cosa que ya fue descartada por la autoridades inglesas, y una tensión entre los gobiernos británico y ruso, porque hay sospechas de que el atentado haya sido ordenado por Moscú, en venganza por acciones del pasado.

Y este tema, que como se ve, tiene todos los visos de una novela de espionaje, hace detener la atención sobre este género narrativo, que resulta tan seductor para los lectores del mundo.

Género que si bien se configuró como tal a principios del siglo XX, antes de la I Guerra Mundial, tiene antecedentes a lo largo de la historia.

En el libro del Génesis, el primero de la Biblia, dice: “José se acordó de los sueños que había tenido acerca de ellos, y les dijo: Sois espías; habéis venido para ver las partes indefensas de nuestra tierra”.

Y en otros apartes del libro de los libros surgen alusiones a los agentes secretos.

Para el periodista Juan José García Posada este género es apasionante por la perspicacia, tanto de los narradores como de los lectores, para desentrañar las pistas, revelar secretos de los gobiernos.

“Uno, como lector, se pone del lado del espía, así este sea malo, si lo encuentra valiente”. Las novelas y los relatos de espionaje se basan en hechos reales o posibles.

Muchas obras narrativas dan origen a películas. Juan José dice que, en general, prefiere las primeras, porque hay más realismo, en tanto que las películas son efectistas y este aspecto les resta verosimilitud. Recuerda a la novelista Agatha Christie, que dejó, además de los tramas detectivescos, algunos de agentes buscadores de información secreta, como Pasajero a Frankfurt, que habla de una condesa loca de poder, que quiere gobernar el mundo con ideas nazis. Y, más actual, El tiempo entre costuras, de María Dueñas Vinuesa, con una modista en que hace más que coser. Transcurre entre Madrid, Tánger y Lisboa. La llevaron a la pantalla y se ve en Netflix.

Para el escritor Óscar González Hernández, es el dominio del misterio lo que revelan estos libros. “El suspenso, es su elemento principal”, con los personajes siempre en riesgo de ser asesinados o caer en prisión.

Y al hablar de autores y de obras menciona a Vladimir Navokov. En El ojo presenta a un personaje que a ratos es espía volchevique.

Si quiere diversión, intriga y suspenso, la literatura de espionaje es lo suyo.

Contexto de la Noticia

El escritor samario, afecto a los géneros policíaco y de espionaje, que, por cierto, son primos, cuenta en esta novela, que un periodista investiga sobre un bombardero alemán en La Guajira. Hay espionaje y contraespionaje. ¿Y quién es Deborah Kruel? Ella es una mujer misteriosa.

Este título es la primera de una serie de doce novelas del autor británico con el agente James Bond identificado con el número 007. En Casino Royal, Bond, integrante del Servicio Secreto, recibe un encargo en el que, para empezar, debe apostar fuerte contra un espía soviético.

Publicada en 1901, tiene un pie en el género de espías y otro en la picaresca. El telón de fondo es el conflicto entre los imperios ruso y británico. Kim se hace agente del servicio secreto del segundo y emprende aventuras en las que aparecen lo político y lo espiritual.

A Robert Erskine Childer le dan el honor de definir lo que sería el género. En esta novela presenta un sujeto llamado Carruthers, que, en un crucero por el Báltico y más bien sin pensarlo, va entrando en la aventura. La obra aprovecha el hecho de la invasión alemana a Inglaterra.

El detective más famoso de todos los tiempos, Sherlock Holmes, atendió varios casos de espionaje.

Es un cuento reunido en un volumen junto a otros, en el que dos espías alemanes esperan a in irlandés que les dará el código de señales de la marina británica.

Esta novela, publicada en 1907, cuenta la historia del señor Verloc y su trabajo como espía, en la Londres de 1886. Este anarquista recibe la orden de destruir el observatorio de Greenwich, para provocar la ira del imperio británico. Aquí comienzan los conflictos de la obra.

Repetidamente se ha dicho que Graham Greene fue espía y muchos de sus escritos se basaron en vivencias. En esta novela, un comerciante británico pretende sacarle beneficio a un encargo que le hizo su gobierno, de conseguir información de la Cuba de Batista.

John Le Carré es uno de los más conocidos autores del género, en el que dejó una abundante cosecha de títulos.

Publicada en 1963, en esta obra un espía inglés, Alec Leamas, adelanta una operación contra el jefe de contraespionaje alemán, que se le complica. Fue llevada al cine.


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