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Jonathan Levi escribe entre mundos

ElColombiano
Levi participó en una iniciativa llamada Adopta a un Autor, que busca formar lectores, durante la Fiesta del Libro y la Cultura de este año. FOTO Cortesía Alcaldía de Medellín - Valentina Roldán.

Jonathan Levi es escritor, pero es de esos que se toma un buen tiempo antes de publicar un libro. Más de 20 años dividieron sus dos novelas: Guía para los Perplejos (1992) y Septimania (2016), pero es comprensible. Además de dedicarse a la escritura, también es músico, gestor cultural, productor, maestro, codirector de la Beca Gabriel García Márquez de Periodismo Cultural, compositor de óperas, esposo y padre.

Su cruce de caminos entre tantas vocaciones empezó cuando pequeño, en el instante en el que le interesó estudiar violín. Tuvo uno de esos privilegios extraños en la vida, como lo fue haber visto en vivo al reconocido músico y compositor estadounidense Leonard Bernstein en Nueva York.

El creador de Candide y West Side Story dirigía una serie de conciertos para jóvenes en ese entonces y se tomaba el tiempo para hablarles de las piezas que se interpretaban. Según Levi, era imposible no contagiarse de su energía.

En ese entonces, Levi era muy joven, pero aún recuerda con claridad haberlo visto dirigir la Filarmónica de Nueva York con ímpetu. Era un ser humano muy particular porque asumía toda clase de retos: componía música clásica, jazz, musicales de Broadway y óperas. Abarcaba muchas tareas con éxito, así como lo ha hecho él.

De notas y letras

Para este escritor, “la música no puede ser puesta en pequeñas cajas. Simplemente es música y si la amas la quieres hacer de muchas maneras diferentes” y quizá si su vida pudiera ser una analogía con ese universo sonoro, sería algo así.

Es egresado de las universidades de Yale y Cambridge, pero no estaba entre sus planes entrar de lleno a ser músico. “Me di cuenta de que mi ego estaba en un nivel mucho más alto que mi talento”, comenta con sinceridad y un poco de risa. Terminó tocando el violín para grupos de jazz. En un principio, como el joven universitario que era, lo hacía para sorprender a las jovencitas que estudiaban con él.

La música ha tomado muchas identidades en su vida. Cuando Levi dejó de tocarla en bares, le permitió ser su compañera inseparable mientras escribía para la revista literaria Granta, que fundó en 1987.

Las melodías se convertían en palabras, así ellas no fueran en sí mismas el motivo de sus escritos. Pero hay que dejar algo claro, para Jonathan Levi el encanto de la música es precisamente que no significa nada concreto.

Uno de esos aspectos maravillosos que hacen que la música sea completamente diferente a la literatura y las palabras, es que es abstracta. No hay un significado determinado para una nota. Si tocas un La o un Do, ninguna de las dos significa amor en sí misma – explica. – Si las pones juntas tampoco significa tragedia o comedia. Pero, ¿sabes algo? Las personas escriben melodías que evocan emociones y reacciones en nosotros. Y es increíble ver que yo puedo reaccionar de una manera diferente a la tuya ante una melodía. Ese es un misterio magnífico que tratamos de resolver.

Levi llevó la música entonces a un nuevo escenario, a uno de los más prestigiosos del mundo: el Metropolitan Opera de Nueva York.

No llegó como cantante, pero sí como maestro. Entró a hacer parte del Metropolitan Opera Guild, una asociación mediante la cual se busca estimular el conocimiento de la ópera en diferentes audiencias. Levi coordinó proyectos para niños y para otros maestros durante varios años.

“Como artistas y seres humanos nos gusta darles un giro interesante a las cosas, mirarlas desde otra perspectiva”, dijo. Por eso se inventó una especie de mini compañías de ópera con niños. Les enseñó que la ópera no solo necesitaba cantantes: sino también personas que construyeran escenarios, que se encargaran del vestuario y que coordinaran la publicidad, “Al final solo había cinco que cantaban”, dice alegre. La idea se replicaba y otros profesores cultivaban el amor por la ópera con ese detrás de escena infantil.

Con el pasar de los años y después de estar tan inmerso entre notas y palabras, decidió animarse y crear sus propias óperas. También funcionó.

Septimania

Hace 15 años, Levi y su familia decidieron irse a vivir a Roma. Al recorrer las calles históricas de esa ciudad se le ocurrió la historia de un amor entre un físico y una matemática genio. Pero a eso se le sumó historia de un antiguo reino francés, personajes reales, referencias artísticas y, por supuesto, la música. Así nació Septimania, su libro más reciente.

Después del lanzamiento, compuso una canción que nació a raíz de la novela, y así, poco a poco, este escritor continúa cruzando, enlazando y uniendo mundos entre notas y letras. Un reto que pocos aún pueden intentar.

Levi es un escritor con la capacidad para volar entre mundos con facilidad. Lo hace a través de la música, sin importar el panorama se aventura siempre a buscar nuevas posibilidades.

Contexto de la Noticia

Cuando escribe, Jonathan Levi es amigo de esa idea de escribir y reescribir. Escribir y reescribir, como si se tratara de un ciclo muy pulido hacia la perfección. ¿Cuándo se termina un texto? y ¿cuándo está bien parar de reescribir? “Cuando regresas a tu obra, bien sea una pieza de música o un texto, lo ves como un viaje. Tiene un comienzo que has trazado con cuidado, pero hay momentos en los que te preguntas si habrás llegado al destino final. ¿Ya estaré llegando? Al poner el punto final, cuando finalmente sientes que llegó ese fin, solo estás abierto a las nuevas posibilidades y a dejar que venga una sorpresa detrás de ese punto final”, contó el autor.


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