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Rubén Mendoza, la belleza en la rebeldía


Rubén Mendoza ha realizado 6 largometrajes, 2 documentales y 4 películas de ficción. Está en posproducción de Niña errante, su siguiente película. FOTO Cortesía Juanita Escobar

Hace apenas una semana el director y productor francés Barbet Schroeder, una institución en el cine, dijo que Señorita María, la falda de la montaña, era una película maravillosa en cada minuto, una experiencia única y que, por momentos, lo había vuelto cristiano.

En este documental, el caleño Rubén Mendoza reconstruye una historia de identidad y representación que supera un acercamiento o mera interpretación de género. Es simple: pensar en la figura de una mujer trans en un pequeño pueblo conservador y católico es escandaloso.

Señorita María acaba de participar en uno de los festivales de documental más importantes en el mundo: el Internacional de Cine Documental de Ámsterdam –IDFA–.

El director conversa sobre esta cinta que se podrá ver en el cine comercial del país desde este jueves.

¿Cómo nació el interés de este personaje?

“Siempre aclaro en estas entrevistas que antes de hablar de personaje hablo de persona. En el caso de Señorita María, lo que me deslumbró fue encontrar a alguien en un contexto como ella y que estuviera viva. Me acerqué impresionado como un turista y con la primera impresión de vida por lo que sentía por su género. Rápidamente mi curiosidad desbordó eso. Su presencia, alegría y la misma manera en que ella era, lo hizo pasar a un segundo plano”.

Va más allá de ser travesti o cualquier condición de identidad...

“Primero, ella no es ninguna travesti. Es una mujer porque eso es lo que ella quiere ser. Segundo, si hay algún término para aplicarle es una mujer transgénero. Esa es una de las suposiciones un poco tristes cuando una persona ha decidido ser coherente con su libertad y tomar algunas decisiones respecto a su vida”.

Ni siquiera es una representación de género...

“De lejos la película no es para nada una cosa sobre el género. Al contrario, es un tema que, tanto en la película como en la vida real, la evidencia supera muy rápido la visión de género. Si voy a hablar de una montaña y digo que la montaña es rocosa, pues es rocosa. Para mí es simplemente un rasgo de un retrato”.

Además el personaje tiene una fuerte carga de representación: mujer trans, pobre, campesina...

“No me gusta adelantarme a las interpretaciones porque son cosas muy personales. Es un filme en que la gente entra de una manera y sale de otra. Seguramente en Colombia es muy fácil mirar con desprecio a quien es diferente, o inclusive matarlo, como sucede a veces, pero he podido ver que la gente sale viendo la Señorita de una manera diferente. No subestimo al público colombiano, sé que es víctima de campañas de desinformación, que es muy manipulable por el odio político, como lo pueden ver de una manera ustedes muy tangible en Antioquia. Sin embargo, por encima de eso veo a un público con un corazón noble, con un asunto de hermandad y de amor que le encuentra una nueva arista a la película”.

¿Por qué le interesan lo outsiders en sus cintas?

“Porque en este mundo uno está obligado a estar descontento. Este es un mundo regido por el odio y gobernado por gente a la que le importamos un culo. A mí me gusta la gente que se sale de la carrilera y vive de otra manera este único chance de pasar por el mundo. Por eso me interesan, porque me inspiran, porque encuentro en la rebeldía una de las concentraciones más grandes de belleza”.

Contexto de la Noticia

Rubén Mendoza está trabajando en su última película, Niña errante, una de las seis nominadas de la sección Cine en Construcción del Festival de San Sebastián, dirigida a películas latinoamericanas en etapa de posproducción. A su vez, esta producción acaba de ganar en el Fondo Cinema du Monde, del Ministerio de Cultura, otorgado a pocas películas en el mundo.


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