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Débora Arango, lejos de los lugares comunes


ilustración archivo Johny Marquez

Los más superficiales se quedan en los asuntos anecdóticos de la artista Débora Arango. Como que se ponía pantalón y no montaba a caballo de lado sino a horcajadas, como los hombres, y que fue tal vez la primera mujer que manejó carro en Medellín.

Pero estas son solo muestras de su modo de ser auténtico y adelantado para la época en que le tocó vivir su juventud, la primera mitad del siglo XX, cuando las mujeres estaban reducidas a la condición de apéndice social, no contaban para nada en la vida pública, tan masculinizada

Este es el comentario del historiador Vedher Sánchez Bustamante, quien, además de ser estudioso de la vida y obra de la artista, fue su amigo y quien la convenció para que saliera del encierro al que la había relegado la presión social y volviera a exponer sus obras, a principios de 1980.

Este sábado 11 de noviembre se cumplen 110 años del nacimiento de la artista, de cuya vida hay tantos mitos y tergiversaciones, generados en esa primera mitad del siglo XX, cuando en los medios de comunicación la mostraban como una mujer atea, provocadora de escándalos y casi subversiva.

El historiador comienza por aclarar que si Débora nació en Medellín es porque sus padres, Castor Arango y Elvira Pérez, se trasladaban a la capital del departamento para que los hijos mayores pudieran estudiar. Pero que las raíces de su árbol genealógico se hunden en Envigado más de 200 años y llega a emparentarse, por allá en el siglo XVIII, con José Félix de Restrepo, el pionero de la abolición de la esclavitud y consejero del Libertador.

En cuanto a lo religioso, los sacerdotes, dice Vedher, saben que no tuvo un minuto de ateísmo durante los 98 años de existencia. De hecho, en muchas fotografías, la artista aparece con una camándula alrededor del cuello y colgando sobre su pecho.

También se conmovía con los desastres naturales o sociales, como la tragedia de Villatina, de la que se enteró en detalle.

Ponía el dedo en la llaga

Santiago Londoño Vélez, investigador de arte, en su texto La más importante y polémica pintora de Colombia, publicado por la Universidad Central, de Bogotá, dice que fue Pedro Nel Gómez, su maestro, quien la motivó, como a otras alumnas, en 1937, a pintar la figura humana, el desnudo: “para el año entrante no me sigan pensando en paisajitos, en naturalezas muertas. Ya vamos a pintar lo humano, unos desnudos, estudien que ese es el mejor estudio”, dice Santiago que les anunció Pedro Nel.

“Débora expresó espontánea y abiertamente su entusiasmo por el tema —sostiene el investigador—; pero las demás se miraron extrañadas y enmudecieron”.

La artista, quien adivinó que las otras no incursionarían en ese tema, se acercó al profesor para que le enseñara. Y así fue.

Porque está bien que Débora no era provocadora de escándalos, como señala Vedher, pero era rebelde y polémica, como dice Santiago Londoño Vélez.

Vedher considera que, más que eso, lo de Débora Arango era la necesidad de poner el dedo en la llaga sobre las inequidades de la sociedad. Denunciar los problemas nacionales como la corrupción política, la pobreza. Y a los políticos, al clero y a la Liga de la Decencia no les gustó en absoluto.

“Fue la sociedad la que no aguantaba que Débora Arango les pusiera el espejo de su arte para que mirara en él su alma injusta”, puntualizó el historiador.

Por este camino, menciona que cree que la importancia de la obra de Débora, además de la propuesta plástica, en la que destaca la inclusión de los colores simbólicos colombianos, hay un fondo sociológico, porque muestra los principales vicios nacionales. Y porque reclamó un lugar para la mujer en condiciones de equidad con los hombres. Ella dijo: ‘tengo una opinión sobre lo religioso, lo social y lo político’.

El historiador cree que es el momento de que se conozca más sobre Débora Arango. Que las nuevas generaciones entiendan quién fue, sin que la encasillen en lugares comunes, sino que se acerquen a ella, la estudien y entiendan su valor en el panorama latinoamericano.

Por eso, menciona, está asesorando un proyecto en Teleantioquia centrado en la vida de esta artista, el cual dice, saldrá al aire antes de terminar este año.

“Débora Arango, como toda gran artista, era testigo de su tiempo y, además de testigo, participativa en el diálogo social”, resumió Vedher Sánchez Bustamante.

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mil 500 millones de pesos valió Casablanca. El Área aportó el 50%, el Municipio 5.750 millones.

El cumpleaños 110 de Débora Arango es hoy, 11 de noviembre. En 2018, Casablanca será casa museo y uno de los puntos del corredor cultural de Envigado, con Otraparte y otros.
Débora Arango, lejos de los lugares comunes

Contexto de la Noticia

La ruta de Débora Arango en el Valle de Aburrá es tan breve que bien puede hacerse en un día.

Entre los sitios públicos donde se hallan obras de la artista están: el Museo de Antioquia, que tiene un cuadro titulado La Procesión, en el que aparecen un obispo, los seminaristas y una mujer inclinada para besar el anillo del primero. Está en la Sala Historias para Repensar, que reúne piezas de los siglos XIX y XX.

El Museo de Arte Moderno tiene la mayor parte del trabajo de Débora Arango: 233 piezas.

En la Alcaldía de Envigado hay dos: una es una paloma y la palabra paz, en un mural del primer piso; la otra es el cuadro La cena de los mendigos, en la oficina del alcalde.

En el hall de entrada de las oficinas del Éxito, en Envigado, hay un mural de la artista.

Débora no se frustró cuando decidió encerrarse en Casablanca, por la represión que sobre ella ejercieron algunos actores de la sociedad. “Fue feliz en su mundo”, asegura Vedher Sánchez.

Débora expuso individualmente en 1938, en el Club Unión de Medellín. Incluyó acuarelas y óleos, entre estos dos desnudos. Uno de ellos, Cantarina de Rosa, ganó el primer premio y el escándalo estalló

En 1940, por invitación del Ministro de Educación, Jorge Eliécer Gaitán, expuso en Bogotá. En 1955 expuso en Madrid una muestra individual pero por orden de Francisco Franco sus pinturas fueron descolgadas.

El Municipio de Envigado, luego de una negociación de un año, ya es dueño de Casablanca, la casa de la artista. Esteban Salazar, Director de Planeación de Envigado, dijo que tuvo un costo de $13.500 millones. El Área Metropolitana aportó $6.750 millones; Envigado, $5.750 millones, y el Instituto de Cultura de Antioquia, $1.000 millones. Y que los familiares de la artista entregaron el inmueble.

Por su parte, Diego Fernando Echavarría Giraldo, secretario de Educación y Cultura, advierte que lo que sigue es realizar labores museográficas para inventariar, documentar y proteger el mural; trabajos en cerámica, tres cuadros que quedarán en las paredes, las intervenciones de la casa, como pinturas en zócalos y baldosines, así como los muebles que usó.

Este martes 14 de noviembre, dijo Diego Fernando, se elegirá una junta de alto nivel integrada por miembros del Municipio, el Área Metropolitana y la Dirección de Cultura de Antioquia. Definirán cómo será la operación de la casa museo, si con una corporación o una fundación.

El Secretario de Educación no se compromete a dar una fecha exacta de 2018 en que abran la casa al público, pero anunció que antes de terminar 2017 habrá visitas guiadas a públicos específicos, como estudiantes y periodistas, para que conozcan el inmueble.


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