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¿Al planeta Tierra le sobran humanos?


Entre 2000 y 5000 millones de personas cabrían en un planeta que hoy alberga 7500 millones y corre hacia los 9000 a mediados de este siglo.

La Tierra en crisis. Sobrepoblación. Y ese número óptimo de personas que podrían convivir en armonía con el planeta dependería de los niveles de consumo que asuman las personas.

Hasta hoy, con el planeta más allá de ese límite, ha sido de arrasamiento. Eso sugiere un informe de varios artículos presentados en Science que analiza la situación actual de la relación de los humanos con su casa.

¿Aguanta la Tierra tanta gente como la que tiene? ¿Cómo alimentar un mundo cada vez más demandante de unos recursos cada día más agotados? ¿Cómo evitar que siga el daño y el exterminio de las otras formas de vida?

Para Eileen Crist, Camilo Mora y Robert Engelman, autores de uno de los artículos, la solución está en la educación y empoderamiento de la mujer como manera efectiva de bajar la tasa de natalidad. Las demás soluciones no las consideran viables.

Con las proyecciones de Naciones Unidas, 9.700 millones a 2050 y 11.200 millones de humanos a 2100, la producción de alimentos se tendría que incrementar 70 % a mitad de siglo y duplicar y hasta triplicar para el fin del siglo.

Aumentar la productividad, reducir los desperdicios, modificar las dietas y nuevos desarrollos biotecnológicos. Todo eso y más se ha argumentado para satisfacer la creciente demanda de comida de una humanidad creciente.

Una intensificación que podría lograrse con el aumento de la tierra cultivable, eficiencia en el uso del agua, la aplicación racional de fertilizantes y pesticidas, y con la modificación genética de las principales especies.

También, con la reducción del consumo de carne, dado el altísimo costo ecológico de su producción.

¿Será factible? Hoy la tierra agrícola y pecuaria ocupa 40 % de la superficie libre de hielo. La continua deforestación, una demanda proyectada de agua de 55 % más, un uso cada vez mayor de pesticidas y las emisiones constantes de gases de invernadero, todo sugiere un impacto grande y cuestiona si esa intensificación sostenible puede prevalecer sobre las tendencias de producción que afectan la biodiversidad.

Suficiente

Los autores recordaron que el impacto de la producción de alimentos toca hoy casi todos los sistemas del planeta.

La conversión de tierras para uso agropecuario es el principal factor de pérdida de hábitat. De los recursos de agua dulce para uso humano 80 % va a agricultura.

Al menos un quinto de los gases de invernadero son atribuidos al sistema de alimentos. Además la agricultura es responsable de la existencia de 400 zonas muertas, que se incrementan desde 1962.

El panorama tampoco es alentador para distintos ecosistemas. Las llanuras templadas sufren la conversión del hábitat con una relación de 8 a 1 frente a las áreas protegidas. Más de la mitad de los ricos humedales han sido desecados, en particular para uso agrícola. La acuicultura reduce los manglares, mientras de 10 000 a 20 000 especies de agua dulce están amenazadas.

La mayor parte de la deforestación desde los 80 se debe a la expansión de plantaciones y ranchos.

En costas y mares la situación no es mejor: los grandes mamíferos marinos están en riesgo de extinción y la sobrepesca agota los océanos.

En tierra el declive de los grandes carnívoros y herbívoros se debe a la actividad agropecuaria.

Por todo esto, para los citados investigadores la población, es decir la demanda, tiene que entrar en la ecuación junto a las otras medidas de conservación, agronomía y cosecha.

“Alcanzar un mundo sostenible –proveyendo alta calidad de vida para todos mientras se salvaguarda la biodiversidad de la Tierra– demanda llevar el crecimiento poblacional al frente de las preocupaciones internacionales”, escribieron.

Porque la demanda seguirá al alza: la clase media, hoy 3200 millones de personas, crecerá a 5000 millones a 2030. Solo en India, 40 % de la población alcanzará ese nivel a mediados de siglo, sumando 500 millones de personas a la economía global.

La solución, para ellos, se encuentra en la mujer. Sugieren priorización de la educación de niñas y mujeres; establecer servicios asequibles de planificación familiar: proveyendo métodos modernos de anticoncepción; eliminar incentivos para familias numerosas; y hacer obligatoria la educación sexual en el currículo escolar

Pero del extenso informe en Science otros artículos dan cuenta de la huella humana en el planeta.

Rastros humanos

Christopher N. Johnson, de la Universidad de Tasmania en Australia y colegas, recordaron que “la huella de la humanidad sobre la biodiversidad se extiende durante dos millones de años, cuando nuestros ancestros del género Homo comenzaron a usar el nicho de carnívoros en África”.

Redujo en dos tercios poblaciones como la de los felinos dientes de sable y las hienas de grandes patas desaparecieron. Y redujo de tres a dos millones la población de elefantes y sus parientes.

Un declive que se trasladó hacia donde se expandieron las especies de Homo y que se aceleró con la expansión global del H. sapiens en los pasados 60 000 años.

La era moderna de extinciones provocadas por los humanos comenzó en el año 1500, pero antes de eso 140 especies de mamíferos, al menos, más del 10 % del total, se perdieron en los 100.000 años previos.

Del mismo modo, 23 % de las especies de tortugas desapareció en los últimos 300.000 años. La ocupación prehistórica de las islas del Pacífico se asocia con la extinción de unas 1.000 especies de aves.

Solo en Nueva Zelanda, 44 de 117 especies de aves que había se extinguieron luego del asentamiento de los humanos hace 750 años.

La mayoría de las extinciones prehistóricas fueron animales terrestres, asociadas a la llegada de los humanos y no al cambio climático y se explican por la caza. La modificación del hábitat y la depredación por especies introducidas fueron factores adicionales, en particular en las islas.

Las tasas de extinción reciente no son muy exhaustivas por la falta de información sobre las especies. Los datos más completos son de los vertebrados. Se considera que al menos 363 especies se han extinguido desde el año 1500 de nuestra era de acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Una tasa alentada en los dos últimos siglos por la industrialización y el crecimiento de la población.

El monitoreo de aves y mamíferos muestra que los niveles globales de amenaza, dice el artículo, aumenta 1 % a 2 % por década. Hay índices peores. Los humedales costeros están desapareciendo por la acción humana. Entre 155 especies de aves acuáticas costeras asiáticas la reducción se da a tasas de 5 a 9 %.

Los datos del informe son muchos más. Una muestra de los efectos de las actividades humanas y las dificultades para la conservación de la biodiversidad dadas las presiones de una población numerosa que demanda recursos.

39

por ciento de la vida salvaje terrestre desapareció entre 1970 y 2010 dice la WWF

Contexto de la Noticia

Elise Amel y colegas analizan en otro artículo la psicología de la conducta humana para adoptar prácticas sostenibles. Aún los alarmados por el cambio climático no cambian su comportamiento. La vida urbana moderna ha evitado que muchas personas sientan los impactos directos de la degradación ambiental. Y la gente tiende a mantener el estatus quo y es difícil que se aparte de las normas sociales. Para los autores para adoptar acciones sostenibles se requerirán cambios en la conducta personal y motivar a la gente a participar en esfuerzos colectivos para cambiar los grandes sistemas y la infraestructura.


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