Antioquia | Publicado el 1 de March de 2018

Crecer hacia el río, el objetivo en el sur del Valle de Aburrá

La falta de espacio público, deterioro de las zonas verdes, mayor vulnerabilidad de la fauna que estas zonas albergan y afectación a las fuentes hídricas, son algunas de las consecuencias de construir en laderas sin planeación. FOTOs julio césar herrera

Valentina Herrera Cardona

La necesidad de definir un límite de construcción en las montañas del Valle de Aburrá no es nueva.

Desde hace más de 20 años se ha alertado sobre la urgencia de regular o detener la ocupación de sus laderas para evitar un crecimiento sin control y las consecuencias sobre el medio ambiente que este deja.

Sectores como la comuna de El Poblado, en Medellín, y municipios como Envigado y Sabaneta tienen un problema en común: la ocupación en las faldas de las montañas se ha dado de manera diferente a lo planteado por cada uno de sus Planes de Ordenamiento Territorial (POT).

Por ello, las administraciones municipales adelantan diferentes estrategias destinadas a revertir el crecimiento urbano en la periferia y lograr que este se concentre en las zonas bajas y en las cercanías del río Medellín.

Al estar en el centro del Valle de Aburrá, la capital antioqueña evidencia la mayor expansión en las pendientes.

Proyectos como Cinturón Verde o Jardín Circunvalar son algunos ejemplos de iniciativas que, además de apuntarle a la protección ambiental, buscaban frenar el crecimiento urbano hacia las montañas.

Ahora, según José Nicolás Duque, secretario de Gestión y Control Territorial de Medellín, la tarea está centrada en evitar que los asentamientos informales lleguen a las laderas, mediante brigadas de control que recorren las periferias, en especial la oriental.

Desde hace seis meses se han realizado 204 desmontes, 131 suspensiones de obras ilegales y se atendieron 3.261 alertas, en especial de casos de banqueo.

Eso en cuanto a la construcción informal, pero, respecto a la urbanización formal, el trabajo es diferente.

Planes como Río Centro, Río Norte, Río Sur, con los que se busca incrementar la construcción en los sectores paralelos al río Medellín, o el macroproyecto Borde Nororiental, que está en diseño, surgen a partir de los nuevos planteamientos del POT de la ciudad, sancionado en 2014.

Mario Flórez, ingeniero geólogo del Departamento Administrativo de Planeación de Medellín, explicó que la prioridad de ocupar las zonas bajas del valle se debe a que allí se encuentran la mayor cantidad de espacios y recursos disponibles.

Y aunque se cuente con herramientas como el mapa de altura, el cual define, según las características del suelo, cuál debe ser el máximo número de pisos de una edificación, la intención es darle prioridad a habitar más el borde del río.

Envigado y Sabaneta

La ladera suroriental del Valle de Aburrá, compartida por la comuna 14 de Medellín (El Poblado) y los municipios de Envigado y Sabaneta, entre otros, es uno de los territorios en los que la ocupación urbana, en especial en vertical, más se ha dado.

Por ejemplo, en Envigado, en 2016 se registraron 1.600 unidades de vivienda licenciadas y en 2017 la cifra fue de 2.100.

A pesar de que el POT de este municipio indica que la mayor densidad se debe concentrar en cercanías al río, la realidad, según detalló Esteban Salazar, director de Planeación de Envigado, es otra.

“El crecimiento inmobiliario se ha concentrado en las zonas de ladera por diferentes factores. Uno de ellos es que en estos espacios hay predios más grandes y menos propietarios: es más fácil negociar con pocas personas la compra de lotes que hacerlo en zonas donde ya hay más desarrollo, en especial de comercio e industria”, apuntó.

Otro aspecto destacado por Salazar es la cantidad de edificaciones que se pueden levantar en cada área. Cerca del río, se pueden construir, máximo, 300 unidades por hectárea en una altura no superior a 20 pisos, mientras en las laderas la cantidad no puede ser superior a 180 unidades, en la misma altura y espacio.

La norma actual que maneja Sabaneta, el municipio más pequeño del país con 15 km2 , es de 2009, aseguró Camilo Vergara, secretario de Planeación y Gestión Territorial, quien dijo que en ese plan se amplió el límite para construir, lo que llevó a que entre 2015 y 2017 se registraran 9.411 unidades de vivienda licenciadas, lo cual dejó consecuencias negativas como menos espacio público disponible y problemas de movilidad.

¿Qué hacer entonces?

Bethoveen Zuleta, director del Centro del Hábitat de la Universidad Nacional, sede Medellín, planteó que el problema es estructural, pues es un hecho de carácter histórico que la población de las laderas de Medellín, en gran medida, se ha adelantado sin planeación y sin tener en cuenta las características del terreno.

“La discusión está en cómo avanzar en un proyecto pensado para un territorio que quedó desbordado. Una propuesta que se debe tener en cuenta es la descentralización de los servicios, expandir los límites hacia otros espacios del departamento, garantizando la comunicación entre estos y pensando en la capacidad en cuanto a recursos”, complementó Zuleta.

En Envigado, detalló Salazar, se están implementando estrategias para desmotivar el interés por construir en las laderas y centrarlo en las zonas de desarrollo alrededor del río.

“Algunas de esas medidas son limitar de manera física el espacio permitido para la construcción, reduciendo el nivel de altura, y motivar a las constructoras”, señaló.

Todas estas medidas hacen parte de los planteamientos incluidos en la propuesta para modificar el Plan de Ordenamiento territorial de Envigado, lo que permitiría mejorar el control y asegurar el cumplimiento de la norma.

La urgencia de un estudio

Para saber qué hacer y cómo actuar, es necesario conocer cómo está el territorio y cuánto puede soportar.

Envigado es líder en este aspecto. En compañía de la Universidad Eafit finalizó, hace poco, un estudio de carga y soporte de las laderas del municipio.

“Con esto se pretende identificar cuál es el máximo de habitantes que pueden residir según la zona o el barrio y los recursos disponibles”, explicó Salazar, quien además contó que aunque este estudio finalizó, aún se están evaluando los resultados.

Agregó que hasta la fecha se ha logrado identificar que, al igual que en Medellín, “es en la zonas planas en las que hay mayor oferta de servicios de estudio, salud, comercio y transporte, así como la disponibilidad de espacio público”.

Sabaneta, por su parte, no cuenta con un estudio de este tipo, pero en la Administración están analizando los planes parciales, con el fin de identificar factores de riesgo y problemas puntuales, así como el impacto que ha generado el crecimiento urbano.

Zuleta, puntualiza con un interrogante sobre la situación actual de las laderas. “Más allá de rehabitar las laderas, ¿por qué no pensar en deshabitarlas?”.

Algunos municipios del sur del Valle de Aburrá trabajan para que, desde la normatividad, se puedan proteger las laderas de la ocupación urbanística sin planeación.

Contexto de la Noticia

Al estar estrechamente conectados, los 10 municipios del Valle de Aburrá comparten algunas problemáticas en cuanto ocupación. Por ello, actualmente está en construcción el Plan Estratégico de Ordenamiento Territorial Metropolitano (Pemot), un instrumento en con el cual se busca armonizar los planes de ordenamiento territorial locales, en el que se respete la autonomía de cada municipio.

En la creación de este plan, según Víctor Hugo Piedrahíta, subdirector de Planificación Territorial del Área Metropolitana, se tienen en cuenta las características y necesidades de cada territorio, para crear las directrices metropolitanas que acompañen el desarrollo de los planes de ordenamiento en cada una de las ciudades del Valle de Aburrá.

Entre los aspectos analizados se encuentra la manera en que se da la ocupación de las faldas de las montañas. “Tenemos muy claro que la ocupación de la que se habla en los POT es muy diferentes a la realidad que evidencian los territorios. El objetivo es que estas directrices acompañen la toma de decisiones en cada localidad a la hora de la planeación y ejecución de obras urbanísticas”, dijo Piedrahita.

La ocupación de las montañas, en especial la que se hizo sin planeación, llevó a “domesticar” las cuencas hidrográficas, según Bethoveen Zuleta, director de la Escuela del Hábitat de la Universidad Nacional. El experto comentó que la discusión sobre la conveniencia o no de canalizar y taponar quebradas y arroyos no se ha resuelto aún, pero recordó que ahora es algo muy difícil de revertir. Además, dijo, que a esa situación se le suma la mala costumbre de depositar residuos en estas cuencas.

Por su parte, Sebastián Bustamante, de Urbam Eafit, indicó que entre las consecuencias que deja el crecimiento hacia la periferia se encuentra la afectación a los bosques, ecosistemas encargados de proteger cuencas hidrográficas, albergar fauna y disminuir la posibilidad de movimientos de tierra. “No es gratuito que contemos con tantas quebradas y arroyos surtiendo agua constantemente. Eso es gracias a los bosques”, explicó.

La falta de planeación en la ejecución de obras y procesos de ocupación, generan un debilitamiento del suelo. Esto es un agravante si se considera que, según investigaciones adelantadas por la Universidad Eafit, los suelos de las laderas del Valle de Aburrá, al no ser rocosos, son más sensibles a los temblores de la tierra.

En cambio, las viviendas que están en los bordes del río, sobre suelo de roca, son más resistentes a los sismos.

Como agravante, el informe destacó que muchas construcciones en las laderas se hacen de manera informal, es decir, no cumplen la normatividad requerida, no está asegurada la profesionalidad de quién construye y, en ocasiones, se usan materiales y técnicas deficientes.

Dichas edificaciones son, entonces, las más susceptibles a verse afectadas por los sismos que se presentan con frecuencia en Medellín, los cuales, aunque son de baja magnitud, sí podrían representar una amenaza para ellas.

Bethoveen Zuleta, de la Universidad Nacional, enfatizó en la importancia de reconocer, en primera instancia, que un territorio tiene unos límites y unos recursos que son finitos.

Sebastián Bustamante, de Urbam Eafit, concuerda en la necesidad de realizar estudios previos que permitan no solo conocer la estabilidad de los suelos, sino también la capacidad que este tiene tanto en resistencia como en recursos.

“No podemos seguir creciendo como lo estamos haciendo. Debemos anticiparnos a que, en esas zonas, donde aún no se han adelantado construcciones, se protejan y delimiten”, agregó.

Por otra parte, resaltó Bustamante, para aquellas zonas de ladera que ya están habitadas, se deben liderar proyectos para la adaptación y la sostenibilidad. “El manejo de aguas lluvias, adecuación de acueductos, agricultura urbana, entre otras, son algunos de estos propuestas”, señaló.

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