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Con lágrimas, Salgar dijo gracias


Gracias a la SOLIDARIDAD, así, con mayúscula, Salgar escribe una nueva historia de esperanza y desarrollo, la cual es posible gracias a numerosos esfuerzos: públicos y privados, colectivos e individuales, que surgieron tras la avalancha de la quebrada la Liboriana, la madrugada del 18 de mayo de 2015.

Desde ese mismo amanecer de miedo, con buena parte del pueblo en ruinas, las aguas y el lodo ocupando los espacios que antes ocupaba la vida, 93 de sus seres queridos muertos, 11 más desaparecidos (hasta hoy sin hallar), numerosos niños huérfanos y familias desintegradas, Antioquia y Colombia levantaron la voz para decirle al pueblo que no estaba solo en la mitad de la nada.

Así, gracias a una suma de voluntades, comenzó el proceso de acompañamiento sicosocial, económico, infraestructural y de reconstrucción del tejido social comunitario de la población, liderado desde la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de la Presidencia de la República; la Gobernación de Antioquia, la corporación Antioquia Presente y las fundaciones Argos, Fraternidad Medellín y Berta Martínez de Jaramillo, todos agrupados bajo el lema “Juntos por Salgar”, y la fundación Solidaridad por Colombia, que aportó con 30 soluciones de vivienda y otras personas e instituciones que también acompañaron el proceso.

La gran retribución a todo este esfuerzo se vivió, el pasado martes en el pueblo, cuando muchas personas lloraron, esta vez no de tristeza, sino de alegría al darles las gracias al presidente Juan Manuel Santos y a representantes de las fundaciones que, en cumplimiento de su compromiso pactado por un nuevo Salgar, entregaron las últimas 186 casas, de un total de 278 construidas para los damnificados.

En la reconstrucción del área urbana de Salgar, su corregimiento La Margarita y veredas afectadas se invirtieron 35.000 millones de pesos, 24.086 de ellos para levantar los proyectos de vivienda.

El plan, que hoy disfrutan las comunidades, además incluyó 6 puentes peatonales y uno vehicular; la reconstrucción del parque principal del municipio, reactivación del sector agrario y pecuario, el montaje de una planta de tratamiento de agua potable, redes de alcantarillado y acueducto, la instalación de un sistema de alerta temprana, a fin de que el drama no vuelva a repetirse; el fortalecimiento de las asociaciones comunales, 24 unidades productivas y numerosos cursos de capacitación para el trabajo y la creación de empresas, claves para un futuro con dignidad de las familias afectadas.

Así en equipo, con entidades responsables y celosas del manejo de los recursos públicos y privados y del cumplimiento de las metas y objetivos trazados, Colombia, Antioquia y Salgar, dan alto valor a esta experiencia real de acompañamiento, que seguramente, en sus comienzos, tuvo sus detractores y críticos, por lo vivido en tragedias similares cuando todo quedó en firmas y discursos cargados de promesas que nunca se cumplieron, dejando a las víctimas en la desgracia.

Sin duda, por sus logros, ejemplo de solidaridad y cumplimiento de sus objetivos, la experiencia de Salgar debe replicarse en tragedias como la que hoy enfrenta la ciudad de Mocoa, donde otra avenida torrencial, o avalancha como la denomina el común de las personas, la noche del pasado 31 de marzo, mató a 332 vecinos, desapareció otros 77, arrasó 17 barrios y dejó a más de 22.000 damnificados.


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