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¿Cómo manejar la agresividad infantil?


El ambiente en el que se desarrolla el menor puede incidir en sus comportamientos agresivos. ILUSTRACIÓN: CAROLINA SALAZAR

Hay dos factores que determinan la agresividad anormal de un niño, un ambiente poco tranquilo o daños neurológicos. El primero es el más común, según el psicólogo clínico Juan Carlos Posada. El especialista afirma que un niño tiene conductas irritables porque está en un ambiente de mucha agresión, peleas entre sus padres, hermanos o incluso en el preescolar. Posada asegura además que los programas de televisión con alta carga de violencia puede causar que los más pequeños actúen también así, porque quieren imitar y en medio de juegos, las peleas con sus compañeros se tornan reales. Los niños acumulan todas esas conductas y lo manifiestan con agresión.

“Los niños no necesitan psicólogos, su entorno sí”, afirma Juan Carlos. Para él, profesores, padres, familiares y cuidadores deben unificar conceptos con respecto a las normas que se les impone. Todas las partes deben conocer cuándo la agresividad se torna anormal y cuáles son los límites y castigos.

La psicóloga María Teresa Gómez recomienda estar atentos a la frecuencia con la que el niño es agresivo. Preguntarse, por ejemplo, cuántas veces a la semana se comunican con los padres desde el preescolar a reportar este tipo de conductas o cuántas veces hay que llamarle la atención por esta causa al menor durante ese mismo tiempo.

Cuando estos comportamientos se presenten sin que el pequeño se haya sentido vulnerable por alguna razón y con mucha frecuencia, es necesario acudir al especialista. Posada habla de técnicas como el Time Out, tiempo fuera, en la que se extrae al niño de la situación agresiva, se aísla y hasta que no se calme no puede volver a estar con sus amigos o familiares. Otra opción es enseñarle al niño técnicas de relajación y respiración. (Lea también: Meditación, un juego con propósito)

Ambos especialistas coinciden en afirmar que la agresión en los niños es posible de manejar y superar con un tratamiento a tiempo que identifique las causas, implica paciencia y seguimiento activo de profesores, padres y psicólogos. María Teresa define a los padres como “coterapeutas” de sus hijos y resalta la vital importancia de los educadores en estos procesos para detectar a tiempo conductas irregulares y acompañar a sus estudiantes.

Es importante también mantener a los menores entretenidos, Posada asegura que estudios demuestran que los niños ocupados tienen menos posibilidad de ser agresivos porque las actividades descargan y canalizan emociones.

El especialista advierte que es necesario tratar a los niños a tiempo para que no se conviertan en adultos neuróticos o manipuladores sociales. Insiste sobre los entornos que rodean a los menores. Los padres deben evitar pelear frente a ellos, controlar su exposición a contenidos agresivos en televisión o redes sociales y estar atentos cuando las rabietas, pataletas y mordiscos se desatan sin un estímulo que provoque la respuesta.

Sí, las llamadas pataletas pueden convertirse en agresividad anormal. Los niños, lloran, se tiran al piso y patean. Posada afirma que la reacción de los padres es casi siempre ignorar la situación. Sin embargo, hay algunos que les prestan atención y de esta manera aumentan la posibilidad de que el niño repita la conducta. Además, porque para controlar al niño, algunos padres le dan premios, lo que es perjudicial para el menor.

Otra forma de agresividad anormal son los mordiscos, situación muy común en los preescolares. El especialista asegura que los niños que lo hacen necesitan descargar la tensión y además copian a sus compañeros que también muerden. Estas conductas se presentan también cuando los menores “no tienen normas, no tienen límites y las familias no los corrigen”.

Por lo general, los niños maltratados o abusados sexualmente presentan comportamientos irritables, esto como una manera de expresar lo que les incomoda de esas situaciones.

Es importante estar atentos a los comportamientos de los más pequeños, escucharlos, observar sus reacciones y evaluar cómo se comportan frente a la norma, la autoridad y a situaciones que nos les agradan.

A veces es necesario utilizar medicación, sin embargo, Posada es enfático al decir que en algunos casos funciona, pero en otros no, que solo debe ser utilizada en episodios muy severos, siempre administrada por un especialista y de manera discrecional.

¿Mi hijo es agresivo de manera anormal? Para determinarlo es importante tener en cuenta los siguientes indicadores:

• Frecuencia. Evalúe la cantidad de veces que el niño es agresivo durante una semana, hágalo durante un mes y establezca si el comportamiento es repetitivo.

• Intensidad. Es necesario establecer si las reacciones de los niños son muy fuertes y marcadas. Gritos, pataletas y mordiscos no son normales.

¿Qué debo hacer para controlarlo?

Primero, conocer las causas. Es necesario antes de tomar cualquier acción determinar si el niño tiene algún daño neurológico o si el origen es el ambiente que lo rodea.

De ser necesario, consulte al especialista. Si los comportamientos son frecuentes e intensos y no se controlan con llamados de atención y castigos, es necesario buscar ayuda profesional.

Los padres deben controlar el entorno de los niños, que sea tranquilo, sereno y sin violencia. Esto es determinante a la hora de evitar la agresividad en los preescolares.

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