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Movilización no logró alejar el vandalismo


Los estudiantes han salido cinco veces, durante las últimas cinco semanas, a protestar por más recursos. FOTO Santiago Mesa

Las manifestaciones del movimiento estudiantil, que durante el último mes se habían registrado en relativa tranquilidad y en las que, incluso, los propios estudiantes controlaban a quienes intentaban hacer desmanes o pintar grafitis, se salieron de control ayer.

Por ejemplo, en la capital del Tolima, vándalos arremetieron contra la sede de la Rectoría de la U. de Ibagué, pintando grafitis e insultos. En Bogotá, la situación no fue menor: se volvieron a registrar ataques con piedras contra RCN Radio; prendieron fuego y lo lanzaron contra policías que iban en el recorrido.

Aunque las situaciones no dejaron lesionados, sí dejan un antecedente negativo en la movilización, que había transcurrido con calma durante las cinco semanas de paro.

Incluso, como desde el pasado miércoles un grupo de estudiantes se “tomó la sede administrativa” de la U. Nacional, sede Bogotá, citando a la rectora Nelly Montoya, ayer manifestó: “el gran grupo de estudiantes ha hecho su movilización con respeto, pero hay otro grupo, pequeño, que optó por estas vías de hechos para manifestarse”.

Con más gente

Los estudiantes no ceden en sus pretensiones de un diálogo directo con el presidente Iván Duque, que permita tener más recursos para la financiación de la educación pública superior, aunque el mandatario no haya dado señales.

Si bien su voz ha hecho eco, la movilización de ayer tuvo un ingrediente adicional: las centrales obreras y sindicatos los acompañaron en sus reclamos; sin embargo, tenían sus propias preocupaciones, como pedir que se tumbe la Ley de Financiamiento –que en su grueso es una reforma tributaria– con la que se busca recaudar los $14 billones que no se tienen para el presupuesto del próximo año, de $258,9 billones.

Ahora, aunque esto logra reunir más voces en contra del Gobierno, también se puede convertir en un arma de doble filo, pues los puede sacar de su horizonte que, finalmente, es la de conseguir más recursos para la universidad pública. Así lo plantea el analista político Andrés Úsuga, al señalar que “todos pierden” y, para no ir muy lejos, pone de ejemplo el uribismo: “Con las marchas continuas contra el gobierno Santos, al ser tantas las marchas, en últimas la opinión pública deja el interés”.

De ida y vuelta

No obstante, Alejandro Palacio, presidente de la Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles de Educación Superior (Acres), que integra a estudiantes de universidades públicas y privadas, destaca que, por el contrario, tener más movimientos en las calles es la muestra de un “rechazo generalizado”.

“El apoyo recibido por los diferentes sectores que salieron es muy valioso, porque refleja que, primero, las necesidades en educación impactan todos los sectores y, segundo, que la tributaria es lesiva contra las clases baja y media”.

En cuanto a la posibilidad de que se pierda la fuerza del movimiento, el analista político Juan Arroyave considera que no sucederá, pues el propósito de las movilizaciones es imprimir el “problema en la agenda pública, para de esa manera se imprima en la agenda del Gobierno”.

$18

billones es el déficit de la educación pública superior, según Sistema Universitario.


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