antioquia | Publicado el 15 de febrero de 2018

Así se fue tejiendo la historia de Carabobo Norte

Transformación de los alrededores del Jardín Botánico por la carrera Carabobo. La foto antigua data de 1981, ahora la vía se convirtió en un corredor más peatonal. FOTOS ROBINSON SÁENZ Y ARCHIVO

Diego Zambrano Benavides

Lo que hoy se conoce como la Zona Norte de Medellín, por la carrera Carabobo en los alrededores de la Universidad de Antioquia, ha tenido tres etapas: una rural, otra más obrera y, la última, como un centro donde convergen la naturaleza, la ciencia y la educación.

Antes de la explosión del crecimiento urbano este sector quedaba a las afueras de la ciudad. Al lado de los lodazales, pastos y riachuelos que eran propiedad de la familia Cock-Arango, en Campo Valdés, existía un sitio de recreo con aguas limpias donde la gente se zambullía para nadar.

Serían los primeros años del siglo XX, recuerda el historiador Germán Suárez Escudero, y ese sitio, que se conocía como los Baños del Edén, perduraría mucho tiempo, siendo testigo del paso del tranvía de Aranjuez en 1921; pero ya había sido rebautizado como Bosque de la Independencia en 1913, en homenaje al centenario de la de Antioquia.

“De ese lago se tomó el agua para la primera fábrica de gaseosas de Medellín: La Cidra Holandesa, por allá en 1880. Pero el negocio no prosperó porque era difícil conseguir las botellas de vidrio para envasar las bebidas y por lo costoso del transporte en carros de bestia para llevar la mercancía al centro”, relata Suárez.

En el sitio había hasta un teatro; las caballerizas y el hipódromo eran otras de las atracciones por las que la gente visitaba el lugar. Álvaro Cogollo, investigador senior del Jardín Botánico que hoy se levanta sobre los predios del bosque, comenta que en el lago habían barcas y el sitio era un parque de puertas abiertas, sin muros, para visitar en familia.

El Jardín Botánico

“Con el tranvía y los automotores el sitio entró en declive”, revela Suárez. Cogollo agrega que el desarrollo trajo consigo la inseguridad a la zona y la ciudad absorbió lo que antes eran sus suburbios.

La carrera Carabobo se abrió paso como una vía en doble sentido y con el paso de los años, hasta la década de 1960, se fueron instalando talleres y bodegas que alejaron a la gente de allí, que buscó la misma tranquilidad en otros sitios de Medellín.

En 1968 se envió una comisión a Viena, Austria, donde se elegiría una sede para la séptima conferencia mundial de orquideología. Cogollo explica que para entonces la ciudad quería apostarle a su vocación por las flores y, cuatro años más tarde, en 1972, la capital antioqueña sería anfitriona del evento.

“Se escogió el Bosque de la Independencia para construir un Jardín Botánico. Se cerró el perímetro con muros de estilo colonial y al interior se construyeron viveros y un orquideorama”, reseña Cogollo.

Para entonces el Jardín Botánico tendría una extensión de 14.2 hectáreas, pero sus alrededores seguían siendo bastante inseguros, por lo cual ni siquiera con su belleza logró atraer visitantes.

La metamorfosis

El cambio de aires había empezado ya desde 1951, año en el que el gobierno local compró unos lotes donde funcionaba el basurero municipal. En 1974 fue inaugurado ahí el Parque Norte, que en las décadas siguientes fue nutriéndose de atracciones mecánicas hasta convertirse en lo que es hoy, un sitio que en Navidad, por ejemplo, recibe hasta 3.800.000 visitantes.

Además, en 1969 la Universidad de Antioquia le presentó a Medellín su Ciudad Universitaria, construida al sur del Parque Norte y diagonal al Jardín Botánico, a una cuadra de distancia.

Cogollo subraya que fue “la U. de A. el polo que atrajo el desarrollo de esa zona, alrededor se vinieron levantando otros centros que le cambiaron la cara totalmente a este sitio”.

El metro irrumpió en el paisaje a mediados de los 90. A partir de este, que fue otro eje integrador, el Jardín Botánico abrió su ingreso por el costado sur, con los ojos puestos en el Planetario Municipal que se sumó en 1984, con instrumentos traídos de la desaparecida Alemania Oriental, al complejo de ciencia que se iba tejiendo en Carabobo Norte.

El Parque de los Deseos, inaugurado en 2002, continuó con la renovación del sector, remplazando un viejo parqueadero por la Casa de la Música e integrándola con el planetario.

“Con la demolición de los talleres de Carabobo, para construir en 2008 el Parque Explora, la gente terminó por volver masivamente. Era un centro de ciencia que había sido planeado por años, y con él se terminó de concretar la vocación educativa y de innovación de esta zona”, expresa Cogollo.

Mientras se levantaba el parque, el Jardín Botánico cedió una de sus hectáreas para la peatonalización, la construcción de ciclorrutas y todas las reformas sobre la carrera Carabobo. Hoy, la vía es un corredor más peatonal que vehicular.

La Alcaldía ha bautizado a este sector como el Distrito de Innovación, donde se reúnen 48 instituciones entre las que se destacan el Parque Norte, Planetario, Ruta N, Parque Explora y la Universidad de Antioquia.

Carabobo Norte ya no es la periferia, es casi que parte del centro de la ciudad. En este barrio se evidencia una de las mayores transformaciones urbanas de Medellín. Atrás quedó la ruralidad y el bosque; el Jardín Botánico quedó como el único testigo vivo de parte de ese pasado.

Aunque el Jardín Botánico fue la primera institución que se creó en esta zona, fueron la Universidad de Antioquia y el Parque Explora los que trajeron el desarrollo a Carabobo Norte.

Contexto de la Noticia

Luis Alfonso Vélez lleva 36 años vendiendo golosinas, tintos y frutas a las afueras del Parque Norte. Recuerda cuando tenía que correr de espacio público antes de 2004, año en el que la Alcaldía le entregó una caseta para trabajar sin líos.

“A esto le empezó a cambiar la cara con el Parque Explora. La vigilancia se hizo más recurrente y eso hizo que las persones se sintieran a gusto caminando por la calle —cuenta—. La zona ahora es más bonita, dejó de ser el desorden que era y ahora está así como lo ve: limpio”.

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