Cultura | Publicado el 26 de August de 2018

En Jericó, una casa centenaria se convirtió en galería de arte

La construcción tradicional guarda algunos detalles religiosos. Talleres de artistas y galerías serán los servicios de este espacio. FOTOS edwin bustamante

Valentina Herrera Cardona

Ni el hecho de ser el pueblo de la primera Santa colombiana y ser reconocido por sus casas campesinas tradicionales parecía evitar que una edificación centenaria sucumbiera ante el progreso y los cambios.

En Jericó, suroeste antioqueño, a tan solo dos cuadras del parque principal, la Casa de la Joven y sede del colegio La Visitación tenía un destino asegurado: ser de todo, hasta parqueadero, menos patrimonio material.

Las grietas y el paso del tiempo marcaban las fachadas de este sitio. El deterioro había hecho palidecer las ventanas y puertas de madera que alguna vez fueron rojas y azules y, como si la historia estuviera condenada a repetirse, protegerla y preservarla era un reto económicamente imposible.

Hasta que una visita casual trajo desde Fredonia a Fernando Fernández, quien desafiaría el asegurado pronóstico y abriría las puertas de Bomarzo, una nueva vida dedicada al arte y la cultura.

Una historia por preservar

Monseñor Nabor Suárez vive en la parte contraria a la casa. A paso lento, recorre la calle empedrada y señala la capilla La Visitación que, hace 100 años, se construyó junto al edificio que ocupa casi media manzana.

Suárez es el presidente del Centro de Historia de Jericó. Solo necesita una silla cómoda para comenzar a recitar la historia de cada calle y edificio del pueblo como si de un cuento se tratara.

Esta vez es el turno del nacimiento del Monasterio de La Visitación.

–Por el año de 1915, las monjas de clausura del Monasterio de La Visitación, que estaban ubicadas en Santa Fe de Antioquia, se trasladaron a Jericó, que en ese momento había sido erigido como la diócesis del municipio.

Aunque parece una historia religiosa, tiene más tintes de exploración y de conquista de montañas.

–A Jericó no se llega sino subiendo –continúa monseñor Suárez– y ellas lo hicieron en mulas y caballos, por trochas y tras la línea del río Piedras.

Su asentamiento en Jericó se dio primero en una casa cerca a la antigua catedral y luego compraron varias de la calle 2 y carrera 7 y allí levantaron las paredes del monasterio, muros que hoy se mantienen.

La historia continúa. Monseñor cita cifras, fechas y apellidos a modo de notario profesional. Que la primera piedra de la capilla se ubicó el 4 de agosto de 1918, que la inauguraron dos años después y las casas fueron compradas a los Sierra.

El lugar está lleno de pasadizos y socavones. Las religiosas adaptaron cada rincón para su vida en el claustro y allí vivieron hasta finales de los años 50, cuando con la necesidad de ampliar sus terrenos para cultivar, migraron a Marinilla, oriente antioqueño.

El edifico, con cerca de 60 habitaciones, patio central y cocina fue ocupado luego por las hermanas Terciarias Capuchinas que dirigieron durante 20 años un colegio femenino de bachillerato.

Finalmente, la edificación pasó a ser La Casa de la Joven, nombre por el cual se le conoce hoy.

–Era un internado dirigido por las hermanas de La Presentación, que recibió hasta el año 2000 a jóvenes que llegaban de zonas rurales o de otros municipios a estudiar en Jericó –relata monseñor.

Pero, como el paso del tiempo es amigo y enemigo, las dificultades económicas no permitieron sostener esa gran edificación. Y, entonces, el abandono apareció y con él la amenaza de pérdida y destrucción.

Refundación

En 2014, también llegó a Jericó Fernando Fernández, un artista que había llevado por muchos años en su mente un proyecto y, cuando vio el viejo monasterio, descubrió allí el lugar para materializarlo.

–Mi sueño es convocar a los artistas en un mismo espacio, porque cuando están juntos, tienen la capacidad de crear más y mejor –dice Fernández.

La inspiración llegó de un cuento de Bomarzo, de Manuel Mujica. Adquirió la propiedad e invirtió sus ahorros en ella. Hoy la casa, llamada igual que el cuento, parece recién construida. Paredes pintadas, puertas y ventanas color rojo cafetero y cuartos renovados, en los que habitarán artistas nacionales e internacionales que solo deberán pagar su estadía creando y enseñando a los jóvenes del municipio.

–Me decían que si estaba loco, pero el proyecto se dio y acá estamos. Es un espacio diferente tanto para el local como el turista que visita –asegura.

A modo de trasteo, cuadros, caballetes y materiales de pintura son descargados de camiones y distribuidos en cada cuarto.

Los primeros artistas residentes llegarán de Bolivia, Costa Rica, Colombia y República Checa. Y aunque la apertura oficial de Bomarzo fue el pasado viernes, desde hace una semana arribaron los primeros visitantes.

A ellos los han recibido Fernando y Julián, el guía cultural de la casa.

–Este espacio llega a oxigenar y recuperar el movimiento cultural no solo de Jericó sino también del Suroeste –resalta Julián.

La meta está planteada: convertirse en un espacio que reúna a los artistas del mundo, que dejen su huella en los jóvenes y la futura generación sea más sensible al arte.

Esta transición de la religión a la cultura es para monseñor un proceso maravilloso y una oportunidad para dar ejemplo de cómo la memoria patrimonial sí puede ser conservada para los tiempos venideros.

El sueño y proyecto de un artista se convirtió en la salvación de una casa centenaria en Jericó, suroeste antioqueño. Un proyecto que resguarda la memoria patrimonial.

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