antioquia | Publicado el 18 de January de 2018

Aranjuez mantiene viva su esencia

La parroquia San Nicolás de Tolentino, construida en 1929, custodia el parque principal de Aranjuez. FOTos: Julio césar herrera

Valentina Herrera Cardona

Miércoles: 12:45 p.m. Una lluvia suave acompaña el cielo de Medellín y ni eso, ni que sea la hora del almuerzo, hace que un grupo disperso de adultos, con los efectos del anís aún en su cuerpo, se vayan del parque de Aranjuez, nororiente de Medellín. Un parque escalonado, con árboles frondosos, casi encerrado por una vía particular aunque la use todo el barrio. Y, como pocos parques de la ciudad, con una cancha de fútbol.

Hablar de la vida de Aranjuez es reflejar la historia de un país. Al ser uno de los primeros barrios de Medellín, recibió gran parte de los migrantes que, en busca de trabajo o huyendo de la violencia en el campo, o de ambas, se asentaron este epicentro de la zona nororiental.

Así lo explica, Gilmer Mesa, escritor y autor del libro “La cuadra”, un texto que narra gran parte de la historia del barrio y que fue galardonado con el Premio de Novela de la Cámara de Comercio de Medellín en 2015.

“Muchos de estos campesinos se asentaron cerca del río, pues sacar arena era una fuente de empleo. Es así como, con el paso del tiempo, se fue formando un barrio que, aunque no era muy planificado, sí tenía el estilo de pueblo: calles amplias y casas grandes”, dijo Mesa.

Luego llegaría el transporte. El tranvía conectaba el parque principal con la estación El Bosque (sobre la avenida del Ferrocarril) y a su vez hasta la entonces Plaza de Mercado de Guayaquil.

El tranvía ya no está, pero las calles amplias y casonas con portones y ventanas en madera y de fachadas con colores llamativos, sí persisten en su mayoría en el barrio, aunque los edificios, medianos o grandes, comienzan a aparecer poco a poco en la ladera como pequeños pinos.

Sigue lloviendo. Justo al frente del parque, en un casino, dos agentes de la policía, más que custodiar descansan de su jornada o quizás se resguardan del frío.

En la barra antigua, que no conjuga con las modernas máquinas tragamonedas, está Juan David Ramírez, quien lleva viviendo en el barrio 58 años, lo mismo que tiene de existencia el lugar en el que ahora ve pasar la tarde.

Claro de luna fue su nombre inicial, cuando era una heladería, uno de esos lugares donde las parejas de novios, cuando ya se tenían más confianza, según recuerda Ramírez, iban a tomar unos “roncitos”. Luego sería un bailadero y ahora, aunque no es visible el nombre, sigue siendo un referente en el barrio.

Huellas en la memoria

Como muchos barrios de Medellín, Aranjuez no escapó de la violencia de la ciudad durante las dos últimas décadas del siglo pasado. “Los priscos”, una de las más temidas bandas de sicarios, nació y se expandió allí y esto dejaría una marca indeleble en su historia.

Según contó Mesa, los enfrentamientos que lidiaba este grupo, además de generar temor, zonas vetadas y gran cantidad de dinero, cambió la arquitectura del barrio.

Otras transformaciones han cambiado la cara de Aranjuez pero no han afectado su alma. Con la llegada de más gente a la zona, Aranjuez dejó de ser solo un barrio para convertirse en comuna. Palermo, San Cayetano, Berlín, Miranda, El Bosque, Sevilla, San Pedro, son algunos de sus sectores. Además, la renovada zona de Carabobo norte, con su Jardín Botánico, Parque Explora y Planetario, se integra a él.

Historia y referente

Anteriormente, cuando la ciudad conservaba sus aires de pueblo, desde el carretero norte, ahora Carabobo, mirando hacia el norte, se lograba divisar una edificación que sobresalía en alguna zona elevada. Se trataba del manicomio departamental, construido en 1892 y sitio en el que pasaría los últimos años de su vida, el amante “de las montañas de esta tierra”, Epifanio Mejía, autor del himno antioqueño.

Ahora, más que locuras, este lugar alberga nuevas ideas y lecturas matutinas, con la biblioteca de Comfama.

La iglesia San Cayetano es otro de los puntos de encuentro por tradición, pues según cuenta Mesa, junto a este sitio, se construyeron las primeras unidades residenciales del barrio: La Aldea y Valdepeña.

Además, trovadores como “Pucheros”, grupos musicales como Crew Peligrosos, Alcolirykoz, Frankie Ha Muerto, entre otros, escritores como Juan José Hoyos y el ingeniero y muralista Pedro Nel Gómez, son eslabones determinantes en la historia del barrio. Y esta lista continúa.

Ha dejado de llover, pero el viento frío sigue presente. Estudiantes finalizan o comienzan su jornada escolar, esquivando charcos y el pantano que dejó la lluvia.

Aunque el comercio parece reactivarse y el transporte, fluir más rápido, la vida en Aranjuez no pasa de afán. Allí, la vida de barrio, esa en la que era normal que todos los vecinos de la cuadra se conocieran, pasaran fiestas y partidos juntos, ha habitado desde su fundación y lo sigue haciendo, en estos territorios .

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barrios conforman la comuna de Aranjuez, además de cuatro áreas institucionales.

Aranjuez, a pesar de su expansión poblacional y comercial y demás transformaciones, continúa albergando el ambiente y la vida de un barrio tradicional de Medellín.

Contexto de la Noticia

Recorrer Aranjuez es encontrar en cada calle, desde la casona con aire de pueblo, hasta el edificio moderno de apartamentos o toparse con los viejos que juegan ajedrez junto a los jóvenes que van al parque. El escritor y habitante del barrio,

Gilmer Mesa resalta que este es arquetipo del barrio popular en Medellín. “Quien habita aquí, quiere profundamente el barrio y muchos pasaron la época de la violencia y aún así se quedaron. En el barrio es el único sitio que me siento perteneciente a algo, me da sentido dentro de una ciudad tan caótica y contradictoria”.

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