antioquia | Publicado el

El ingenioso sensor, hecho por paisas, para medir la calidad del aire


Quien usa este sensor puede darse cuenta de qué tanto está expuesto a emisiones de alta concentración de material particulado, dicen los creadores. FOTO CORTESÍA uNLOQUER

Desde un garaje en Prado, donde tiene su centro de operaciones el colectivo Unloquer, un equipo de aficionados, entre profesionales y empiristas, diseñó un sensor móvil de bajo costo, mucho más económico que los del mercado y los equipos oficiales, para monitorear la calidad del aire de Medellín y el Valle de Aburrá.

No se trata de un invento, y ni siquiera planean patentarlo. Sus creadores explicaron que es más bien un aparato electrónico integrado por varios sistemas que, con un sensor de fabricación china que mide el nivel de contaminación, les ayuda a recopilar información sobre esta problemática en las calles de la ciudad.

El equipo tiene wifi para transmitir datos, gps para trazar recorridos, reloj que también da la fecha, y los sensores que dan cuenta de la humedad, la temperatura, y el material particulado 2.5 (el más conocido), 1.0 y 10.0 presente en el aire. Funciona con baterías portátiles y por eso es ideal para llevarlo en los recorridos caminando, en una bicicleta, en una moto, en automóvil o en cualquier vehículo.

“Hace más de un año, con el interés de analizar datos, queríamos ver cómo estaba la calidad del aire en la ciudad, pero cuando fuimos a buscar la información no encontramos mucha disponible. Entonces decidimos hacerlo nosotros”, cuenta Julián Giraldo, ingeniero electrónico e integrante de Unloquer.

El equipo investigó, se documentó por semanas en los tiempos libres de los 15 integrantes a través de una plataforma libre donde encontraron los sensores existentes en varias partes del mundo. Ensayo tras ensayo de distintos prototipos dieron con uno, del tamaño de un carnet, que les dio la fiabilidad en los resultados.

El sistema de medición es el mismo que cualquier sensor del Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá (Siata), el índice de calidad del aire en la escala de semáforo que va desde verde, pasando por amarillo, naranja y rojo, hasta violeta que es el estado más dañino de las partículas contaminantes.

“El sensor es de código abierto, es decir, los diseños no son secretos ni el código con el que hacemos las lecturas. Se puede usar estático en cualquier casa con un cargador de celular, o para llevar si uno se mueve por la ciudad con la batería portátil. En total, con mano de obra incluida, tendría un costo comercial de 300.000 pesos”, explica Giraldo.

Al comienzo lograron fabricar 10 equipos, pero hoy en día ya existen al menos 30. No han planeado distribuirlo comercialmente, sino que hay ciudadanos que se acercan a Unloquer interesados por tener uno, y el equipo lo arma.

Sensores diferentes

“Una cosa es el estándar que busca el Siata con sus mediciones, pero lo novedoso con nuestro sensor, además de ser desarrollado por la ciudadanía, es que quien lo usa puede darse cuenta que en por donde pasa todos los días para ir al trabajo o a estudiar está expuesto a emisiones de más alta concentración. Con eso puede decidir si cambia de ruta o usa una máscara antipolución”, detalló Giraldo.

Por otro lado está el asunto del costo. Por ejemplo, para medir la contaminación, el Siata tiene dos estrategias: las 20 estaciones que se reparten por todo el Valle de Aburrá, y el programa de Ciudadanos Científicos, que entrega sensores (nubes) a voluntarios para que ayuden a recopilar información sobre la calidad del aire desde sus casas o sitios de trabajo.

Los equipos instalados en 20 sectores del área metropolitana cuestan entre 90 y 100 millones de pesos; mientras que las nubes de los voluntarios tienen un valor de 1.200.000 pesos. En otras palabras, el sensor que diseñó Unloquer cuesta tan solo la cuarta parte.

Carlos David Hoyos, director del Siata, expresa que cualquier iniciativa ciudadana que aporte para recopilar información sobre la problemática de la contaminación es bienvenida. Reconoce que aunque la red oficial es robusta, sería magnífico poder ampliarla, y por eso decidieron enmarcarse en el programa de Ciudadanos Científicos que empezó en 2015 y que este año trabajará con 250 personas.

No obstante, matiza Hoyos, los sensores de bajo costo tienen contras. Mientras que las nubes que usa el sistema han sido contrastadas con los sensores oficiales, y no se instala ni una sola sin calibrar y validar la información, los de bajo costo pueden variar entre uno y otro, dependiendo de su trazabilidad, del detalle electrónico y el diseño.

“Tiene que ver con la mano de quien los fabrica, podría suceder que en la soldadura del equipo o en los cables se genere algún ruido electrónico que interfiera con la precisión de la información. Por eso siempre hemos creído en que hay que calibrar para que los datos que se aporten sean útiles, y así comparar manzanas con manzanas”, subraya Hoyos.

Giraldo conoce las apreciaciones que tiene el Siata, pero más que como un experimento académico, precisa que en Unloquer conciben los sensores como un ejercicio de ciencia, más pedagógico y experimental que académico. Aunque cada vez que se reúnen en el garaje en Prado Centro, buscan la manera de abaratar los costos del equipo y lograr que sea muy preciso en la información que aporta.

300

mil pesos es el costo, con mano de obra, de un sensor cotizado por Unloquer.

Contexto de la Noticia

“Tengo dos sensores, el que lo muevo lo llevo para donde voy, el otro está en la casa. Lo que me han revelado los recorridos, es que es variable la contaminación de un sector a otro; el Siata cumple dando una mirada general, pero a nivel individual la realidad es otra, uno puede estar al lado de un camión y eso cambia totalmente las condiciones. Me ha servido para no ir a ciertas zonas, para ponerme una máscara o ponérsela a mi hijo. Los uso hace un año y es muy fácil ver los niveles con la escala semáforo, luego uno puede ver en internet lo que uno ha estado respirando por meses o por años. También he notado que hay horas más complicadas, por ejemplo, de madrugada de 5:00 a.m. a 10:00 a.m. es muy alta la contaminación, cuando mucha gente cree que es mejor salir a hacer deporte a esa hora. Para una persona que le preocupa y le interesa su calidad de vida por donde se mueve, usar este sensor es muy válido”.

Federico López

Ciudadano.


Powered by