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“Los embolsados”, un crimen macabro que no deja rastros


Doble homicidio con embolsados en la calle 59A con carrera 63, barrio La Iguaná, el pasado 17 de diciembre de 2017. Foto: Edwin Bustamante Restrepo

En dos costales de color blanco, separados a unos escasos 200 metros, encontraron el 3 de febrero el cadáver desmembrado de Esneider Humberto Restrepo Pérez, un joven de 25 años de edad desaparecido desde hacía 7 días. En uno de los costales, las autoridades hallaron el tronco del joven y en el otro las manos, los pies y la cabeza.

Esneider llevaba una semana en el lugar, sin que nadie se percatara de su presencia. Solo un vecino que trotaba por los senderos de Cristo Rey a inicios de la semana notó un olor diferente que salía de la canalización y aunque dio aviso a las autoridades, estas no hicieron nada para buscar entre la maraña.

La semana pasó y Esneider seguía en el mismo lugar, el olor era más intenso y los vecinos desesperados obligaron a los oficiales a buscar en la canalización, ubicada en la carrera 67 con calle 1A, a un costado de la malla del aeropuerto Olaya Herrera de Medellín. Allí lo encontraron y fue reconocido por sus familiares, que lo buscaban desde el 27 de enero, gracias a los tenis y a un tatuaje que tenía en el pecho y decía “Danilo”. ¿Pero por qué asesinaron a Esneider de esa manera tan cruel y por qué lo depositaron al lado del aeropuerto?

Transcendió días después del crimen, que el occiso no era del lugar, sino que visitaba a unos familiares en Belén Rincón, que su lugar de residencia era el municipio de La Estrella. Al parecer hacía parte de las bandas criminales de la zona. “El cuerpo hallado en deplorables condiciones por el sector de Guayabal, al lado del aeropuerto Olaya Herrera, se trataba de una persona que hacía parte del combo de ‘los Juaquinillos’ en el sector de Belén Rincón y que se dedicaba al tráfico de estupefacientes y que por asuntos internos de la organización fue asesinado”, afirmó el secretario de Seguridad, Andrés Tobón.

Como este caso, hay otros 44 cuerpos encontrados en los últimos 14 meses en el Valle de Aburrá, jóvenes que según las autoridades hacen parte de bandas y que aparecen desmembrados o envueltos en posición fetal en sábanas, cobijas, costales, plásticos, maletas y hasta envueltos en papel chicle. Pero también aparecen dentro de alacenas, neveras, carritos de supermercado, muebles y hasta colchones, con el fin de hacerlos pasar como basura.

Un hombre fue hallado envuelto en una sábana en la carrera 85D con calle 57A, barrio El Pesebre, parte alta el 31 de enero de 2018. Foto: Reportero Qhubo
Un hombre fue hallado envuelto en una sábana en la carrera 85D con calle 57A, barrio El Pesebre, parte alta el 31 de enero de 2018. Foto: Reportero Qhubo

¿Qué hay detrás de ‘los embolsados’?

Se ha dicho de todo en la ciudad de Medellín. Algunos creen que los carteles mexicanos tomaron el mando del negocio del narcotráfico y están usando sus técnicas para intimidar. O que las estructuras están luchando por quedarse con el negocio de la marihuana hidropónica que llega del Cauca, la llamada cripa. Otros se aventuran hasta de hablar de un robo de una caleta en El Poblado, con 20.000 millones de pesos, y que eran la caja menor de alias “Tom”. Pero todas las hipótesis coinciden que los muertos por las millonarias rentas de la criminalidad en el Valle de Aburrá. Investigadores afirman que no hay un líder visible en el bajo mundo y que los combos actúan como ruedas sueltas, algo similar a lo que pasó tras la captura de “Carlos Pesebre” en marzo de 2013.

En lo que corresponde a los “embolsados”, la Policía y la Alcaldía los han relacionado a la captura de Juan Carlos Mesa Vallejo, alias “Tom”, jefe de “los Chatas”, y que habría provocado un reacomodo de las estructuras y un aumento en esta clase de homicidios, que hoy son 30 % más que el año pasado (14 casos más). Pero lo curioso es que en Bello, principal zona de “Tom” y con más vacío de poder, no se han incrementado este tipo delitos.

Pero eso no fue lo único que ocurrió. Después se produjeron los asesinatos a bala de “la Boa”, del combo “la 115” de San Javier (diciembre 18); y ”Caretorta”, del combo “la Colinita” de Guayabal (diciembre 31). El 4 de enero también capturaron a “Negro Memo”, del combo “la 260” de Robledo; y el 9 de enero a “el Ruso”, de la banda “la Capilla” de Belén. Solo esta semana se conocieron las capturas de dos supuestos cabecillas de la “Odín Caicedo”: alias “Lindolfo” o “Sebitas” y su supuesto socio apodado “Martín” o “Mao”.

Las autoridades han señalado que estos golpes y asesinatos han incrementado esta modalidad que no es nueva y que viene de la época de Pablo Escobar. Hoy las bandas que están dejando los “embolsados” raptan, torturan, obtienen información y se deshacen de los cuerpos desmembrados o completos en vías públicas, matorrales, taxis que fueron robados horas antes o vehículos abandonados. Algunos tiene signos de mordaza y tortura. Otros son asesinados con armas silenciosas como el puñal o por medio de la asfixia mecánica.

Lo hacen para desviar las investigaciones, dicen expertos, limpian los cuerpos o los mueven de una zona a otra. “Estas personas antes de asesinar a su víctima sacan información por medio de la tortura y después de lo que hizo, para que no quede ninguna evidencia, asesinan mediante la asfixia mecánica o arma blanca, porque no van a dejar huellas de arma de fuego. Con ese modus operandi hemos tenido muchos homicidios en Medellín”, relata Germán Antía, exdecano de la facultad de Ciencias Forenses del Tecnológico de Antioquia.

El experto agrega que estos crímenes son cometidos por verdugos que quieren desaparecer a sus víctimas, pero también que están enseñados a ese tipo de crímenes atroces. “Esa modalidad es supremamente sangrienta y violenta, son trabajos que no hace cualquier criminal sino que están entrenados para ese tipo de homicidios y eso es lo que realmente preocupa”, confiesa Antía.

El descuartizamiento es firma y sello de algunas bandas como el caso de “los Triana”, “los Mondongueros”, “los Chatas” y “Pachelly”. “Cuando capturamos cabecillas ellos envían esta clase de mensajes dentro de la estructura, para demostrar poder”, afirma el general Óscar Gómez, comandante de la Policía del Valle de Aburrá. “Pero en el lugar donde los asesinan no es el mismo donde aparecen. Los últimos cinco casos que aparecieron en diferentes lugares en Robledo los asesinaron en Calasanz y los depositaron en sectores cercanos a la vía al mar”, revela el oficial.

Sobre este caso en particular, las autoridades han relacionado este quíntuple homicidio con una disputa por la venta de drogas. “Estas personas (las víctimas) habían llegado al sector hace cinco días a expender estupefacientes en una zona donde opera la Odín Robledo. El cabecilla que dio la orden fue alias “Sombra”; y alias “Zurdo” y alias “Oso” habrían ejecutado los crímenes”, relató Gómez.

En la zona donde opera la Odín Robledo (la confederación de combos con el territorio más grande de Medellín y que delinque en el costado occidental, con redes en Robledo, San Javier, La América, Laureles, Belén y los corregimientos San Cristóbal y Altavista), se han encontrado en los últimos dos años un total de 19 “embolsados”.

Por su parte, la segunda zona que más registra este tipo de casos es la manejada por la Odín Picacho, otra agrupación de combos de las comunas 6 y 10, incluyendo algunos del Centro, autodenominados “convivires”. En su territorio las autoridades han hallado 8 cadáveres embolsados. Y por último en el sector que corresponde a la Odín Los Triana, que opera en las comunas 1, 2, 4 y 7 de Medellín, corregimiento San Antonio de Prado, y lo municipios de Bello, Caldas e Itagüí, se han encontrado 7 cuerpos embolsados.

¿Crímenes que no dejan huellas?

Kevin Mejía, director seccional de Medicina Legal, reconoce que los cuerpos encontrados de esta forma: desmembrados, descompuestos o tratados antes de ser abandonados son más complejos para la identificación e investigación forense. “Los criminales ya saben muchas cosas de los métodos de Medicina Legal y tratan de ocultar las huellas de lo que hicieron”, pero agrega que en general las necropsias se hacen de manera sistémica y es posible identificar a la víctima y los rastros que deja el victimario.

Pero no es nada fácil. Los victimarios no dejan generalmente las huellas en los cuerpos, pero si evidencias biológicas como pelo y sangre, y lo más importante el rastro de sus armas. “Lo que si queda en el cadáver es la forma de mutilar el cuerpo y las huellas de esas armas. También al utilizar un arma de fuego quedan huellas, quedará el proyectil y es una muestra que permite buscar el arma asociada en la base de datos y si esa arma está asociada a otros asesinatos. Hay que aclarar que la huella del arma es única y eso es lo que detectan y cotejan softwares balísticos como Ibis”, afirma Antía, exdecano de Ciencias Forenses del Tecnológico.

En Medellín y en general en todo el Valle de Aburrá hay unos protocolos para la inspección de esta clase de casos. Los cuerpos no se inspeccionan en el lugar, sino que se recogen y se trasladan a Medicina Legal. Allí inspeccionan el cadáver y determinan qué detalles encuentran y los dan a conocer a la Policía y la Fiscalía.

Se identifica además a la víctima y eso proporciona un patrón a los investigadores que analizan los antecedentes de la persona asesinada, o si perteneció a una estructura delincuencial, si tuvo algún problema con una banda o cabecilla o si estuvo en la cárcel. “Nosotros tenemos un análisis al detalle de todas las estructuras que hay en el área metropolitana, tenemos identificado a los integrantes de esas estructuras”, afirma Gómez sobre el método para entender esta guerra entre estructuras.

Cadáver de un hombre hallado en la carrera 46 con calle 35, estaba amarrado, envuelto en bolsas plásticas y en el baúl de un carro particular 24 de mayo de 2012. Foto: Reportero Qhubo
Cadáver de un hombre hallado en la carrera 46 con calle 35, estaba amarrado, envuelto en bolsas plásticas y en el baúl de un carro particular 24 de mayo de 2012. Foto: Reportero Qhubo

Un fenómeno que recuerda los peores años

“Esto es algo muy parecido a algo que ya habíamos visto por la mitad de los años 1999 a 2000, asociados a los fenómenos de paramilitarismo en la región de Santa Fe de Antioquia, San Jerónimo y el Magdalena Medio. Tuvimos también unos casos de cadáveres que fueron desmembrados y lanzados al río Medellín. En este momento por esto estamos perplejos por este asunto”, confiesa Germán Antía, exdecano de Ciencias Forenses del Tecnológico.

Para el experto se hace necesario que las autoridades puedan encontrar los lugares exactos donde ocurrieron los crímenes, para determinar a través de las manchas de sangre qué pasó con estas personas y si hay alguna conexión entre estos lugares, como ocurrió en su momento en Buenaventura con las casas de pique.

“Yo estuve en Buenaventura cuando se hablaba de las casas de pique. Aquí no hay casas de pique, aquí lo que hay es una descomposición social, un desequilibrio, porque una persona que entra a este nivel de crueldad es porque es un enfermo mental. Lo que quiero decir es que no hay casas específicas sino que lo hacen donde se les presenta la oportunidad”, afirma el general Oscar Gómez, comandante de la Policía Metropolitana.

Gómez pone como ejemplo el descuartizado encontrado en días pasados en San Joaquín. “No está relacionado con las bandas criminales y resulta que el asesino era un empleado del administrador del negocio y lo mató en el mismo local y lo metió en un costal. Y cualquiera podría decir que es una casa de pique”, agrega el alto oficial.

El oficial asegura que no existe ningún patrón que relacione todos estos lugares donde fueron cometidos estos hechos. “No hay una casa dedicada para matar, torturar y desmembrar”, reconoció Gómez Heredia. Según este los asesinan dentro de su jurisdicción y los dejan, en la mayoría de casos, en sitios no cercanos a donde ocurrieron los hechos para desviar las investigaciones o dificultarlas.

“En lo que va corrido de este año van 8 casos y de estos tenemos esclarecidos 7. Sabemos quién cometió el hecho, los casos los tenemos aclarados, sabemos qué está pasando y qué pasó en cada caso y las órdenes de captura saldrán en los próximos días”, anunció.

Agregó, que por estos días en Medellín existe la sensación de que el terror de la violencia de los 90 volvió, pero indicó que lo que ha venido es bajando los índices de homicidios. “Se nos olvidó que en Medellín habían 6.000 homicidios al año, la ciudad más violenta del mundo. Hoy tenemos unos homicidios que generan miedo y terror en estas modalidades, pero cada vez que se capturan capos una de sus formas de demostrar el poder son esta clase de homicidios”, concluyó.


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