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Ciudadanos denuncian que también los atacaron a balín; y no son Uber


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¿Qué haría usted si va manejando su carro a altas horas de la noche y de repente siente dos o tres impactos que le quiebran los vidrios y perforan la lata? Probablemente lo mismo que estos ciudadanos de Medellín: mirar por el retrovisor a ver quién está disparando y “meterle la chancla” al acelerador.

Este fin de semana, entre las 10 de la noche del sábado y las 3 de la mañana del domingo, cuatro conductores de Uber fueron atacados con pistolas de balines por supuestos taxistas en distintos sectores de la capital antioqueña. Y aunque nada justifica este tipo de agresión, los atentados contra choferes de esta plataforma tecnológica están en la mira de las autoridades desde hace varios años.

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Lo que sí es nuevo son los ataques contra vehículos particulares que son confundidos con carros de Uber por los supuestos taxistas. Seis ciudadanos se comunicaron con EL COLOMBIANO para denunciar que durante ese mismo lapso de tiempo fueron atacados, al parecer con pistolas de balines, en distintos puntos de Medellín. Todos coinciden en señalar a los taxistas como culpables.

En las historias aparecen dos elementos en común, además de la presencia de los taxis: los conductores aseguran que no trabajan con ninguna plataforma de transporte y todos los carros tienen los vidrios oscuros con distintos grados de polarización, aunque en varios se alcanza a ver el interior del vehículo.

Leandro Medina fue uno de ellos. Poco antes de las cinco de la madrugada del domingo salió en su carro Renault Aveo de San Javier, donde participó en una reunión familiar, tomó la calle San Juan y luego se desvío hacia la avenida Nutibara. “Cuando llegué a la bomba (estación de gasolina) un taxi me salió de frente y me cerró. Yo intenté evadirlo y me desvié pero apareció otro al lado y dos más por detrás. De pronto empecé a sentir como una ráfaga y lo que hice fue agacharme del susto porque eso retumbaba durísimo”, contó.

Pasaron unos segundos y cuando todo quedó en silencio levantó la cabeza y, según recuerda, vio que los taxis tomaban direcciones distintas. “Avancé dos cuadras hasta donde pude frenar y llamé a la Policía. Contamos 10 huecos en el carro, el vidrio panorámico de atrás reventado y la ventana trasera derecha estallada”, contó vía telefónica desde al Fiscalía, mientras hacía fila para poner la denuncia.

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A Juan Carlos Guzmán le sucedió lo mismo en cercanías al Parque Norte. Este hombre de 43 años asegura que no conoce ninguna de las plataformas de transporte, pero que tomó su carro en la madrugada para recoger a un sobrino y a su novia que estaban en un festival de música.

“Yo me parqueé adelante de los taxis y cuando ellos se subieron al carro sentimos un disparo. Solo vimos a los taxistas y nos asustamos mucho, pero nadie salió herido. Mi sobrino me dijo que arrancara de una y no parara, porque seguro estaban pensando que éramos Uber”, agregó también desde la Fiscalía.

El carro, un Renault Logan, terminó con un impacto de balín en la puerta trasera izquierda.

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Y a Edwin Alzate, de 35 años, le dispararon en el cruce de la calle San Juan con carrera 73. “Yo iba manejando y vi los taxis parqueados al otro lado y sentí los disparos. Del susto aceleré y vine a parar más adelante cuando me encontré a unos policías. Ellos me preguntaron si era de Uber y yo les dije que no, porque no conozco esas plataformas. Entonces me dijeron que podía haber sido por los vidrios polarizados”, contó.

Alzate le mostró a los uniformados dónde estaban los Policías y desde lejos presenció un operativo con requisa a los conductores. “No encontraron nada pero me dijeron que igual pusiera la denuncia para que quedara el registro para la investigación”, agregó.

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Catalina es una medellinense que también quiso contarle su historia a EL COLOMBIANO pero pidió ocultar su nombre, por miedo a posibles represalias.

A eso de las nueve de la noche del sábado iba en el carro con su papá por la avenida 33, con dirección a la Regional. Regresaban del consultorio veterinario, donde habían operado a su perro, y la muchacha decidió irse en el asiento de atrás del Chevrolet Sail para acompañar a su mascota y prevenir cualquier accidente.

Estaban llegando a la carrera 65 cuando escucharon varias detonaciones. “Inmediatamente entramos en pánico, pero nos dimos cuenta de que era un taxista el que estaba disparándonos con un arma de balines”, cuenta Catalina.

La víctima no está segura si el taxista los estaba persiguiendo desde hacía varias calles o si los abordó cuando pasaban por la calle 33 con 65. Del susto no alcanzaron a escribir las placas del automóvil amarillo y por miedo, tampoco quieren poner la denuncia en la Fiscalía.

Aunque no tienen certeza de quién los atacó -lo único que saben es que era el conductor de un taxi-, Catalina cree que les dispararon porque los confundieron con un Uber, porque su papá iba adelante “de chofer”.

La ventana trasera del carro quedó “destortillada”, pero a Catalina no le importan tanto los daños materiales: “¿Qué hubiera pasado si alguno de los dos hubiera tenido un vidrio abierto? Y si nos lastimaban, ¿quién responde? Todo por culpa de una confusión, yo creo que la violencia no es la respuesta y este tipo de actos tienen que parar”.

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También en la avenida Regional, pero cerca del cruce con la calle 30, el carro de Felipe Robledo fue atacado. Era la 1:30 de la madrugada del domingo y este muchacho de 33 años conducía hacia la casa de su novia en un Ford Fiesta.

“Sentí unos ruidos extraños y pensé que había golpeado una rama, pero cuando miré vi un vidrio estallado. Por los retrovisores vi dos taxis muy cerca. Los dos tomaron el desvío para Punto Clave y entonces yo llamé a la policía. Ellos me recomendaron hacer la denuncia, aunque no alcancé a ver las placas del carro”, recordó.

A Julián, otro lector de este periódico, le dieron balinazos cuando conducía el domingo temprano por la avenida Oriental, cerca a Villanueva.


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