Antioquia | Publicado el

Los narcos traen sus “cocinas” más cerca del Aburrá


Foto: Cortesía

Cuando los comandos Jungla incursionaron en el corregimiento Popalito, del municipio de Barbosa, unos disparos retumbaron en el bosque. Los tiros no pretendían herir a los uniformados, sino alertar a los “químicos” sobre la llegada de la Policía.

Los comandos aceleraron el paso, respaldados por un helicóptero Black Hawk que sobrevolaba el perímetro. Coronando la cumbre, vieron una finca protegida por el follaje. Adentro solo quedaba una persona, que con nerviosismo trataba de ocultar unas bolsas. “¡Quieto, Policía Nacional!”, le gritaron, y el corazón le martilló el pecho.

Tenía las manos en la masa: 60 kilos de carbón activo, 25 kilos de cloro y 2,5 toneladas de permanganato de potasio. La Dirección Antinarcóticos (Dirán) reportó el hallazgo el pasado 15 de mayo, indicando que esa “cocina” para preparar insumos químicos estaba valorada en $136 millones, y que “esta sustancia hubiera servido para producir 6 toneladas de cocaína”.

El 30 de agosto en la vereda El Venado, de Girardota, encontraron otro complejo de nueve construcciones rústicas. Allí convertían pasta de coca en clorhidrato, del cual había 98,3 kilos, además de los precursores.

La siguiente sorpresa se presentó el 17 de septiembre, en la localidad de Marinilla. En la vereda Los Alpes, los agentes y el Ejército se toparon con un laboratorio de cocaína totalmente dotado, hasta con transformador de energía, una estufa industrial, motobomba y dos hornos. Decomisaron 12,7 kilos de droga de alta pureza, 3.535 galones y 2.081 kilos de insumos líquidos y sólidos.

Los hallazgos de los últimos meses confirmaron lo que los investigadores sospechaban: que los narcos de Antioquia, en una nueva movida de su ajedrez ilegal, están instalando los laboratorios de cocaína cada vez más cerca de los centros urbanos.

Fuentes de Inteligencia dicen que en la región están surgiendo nuevos clanes, que no hacen parte estructural de los grupos armados tradicionales, sino que se especializan en el procesamiento y transporte de insumos y drogas, y ofrecen servicios al mejor postor.

Estos “químicos” prefieren instalar sus complejos cocaleros en cercanías a centros ciudadanos, como los citados casos de Barbosa, Girardota y Marinilla, a una hora de Medellín. Esto les permite trabajar con tranquilidad, alejados de las zonas de conflicto armado (Bajo Cauca, Norte y Urabá), y hacer recorridos más cortos para la distribución de los alcaloides; desde allá solo les llega la pasta de coca cruda, que ellos transforman después en el polvo blanco.

Así mismo, les posibilita camuflar en el agitado tráfico citadino el transporte de precursores y estupefacientes, para lo cual se valen de vehículos con logos de empresas de salud, funerarias y de refrigeración.

Según la Dirán, en lo corrido de 2018 han sido destruidos 64 complejos de este tipo en el departamento: 49 de base de coca, 13 de clorhidrato de cocaína y dos más de permanganato.

“Todos esos laboratorios son criollos, con mano de obra paisa. Por ahora no hemos detectado mexicanos involucrados en la fabricación”, cuenta un investigador policial.

Esta situación se presenta justo cuando Colombia padece un aumento de la producción, consumo y exportación de cocaína. Según el más reciente informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc), entre 2016 y 2017 hubo un incremento del 17% en los cultivos de coca, con 171.000 hectáreas (ha) afectadas.

En Antioquia creció un 55%, al pasar de 8.855 a 13.681 hectáreas, que representan el 8% del total nacional. Los municipios más permeados son Tarazá (2.797 ha), Valdivia (1.621 ha) y Cáceres (1.131 ha).

Plan de choque

Frente a este problema, la Región de Policía N°6 y la Dirección Antinarcóticos lanzaron una estrategia piloto para Antioquia llamada Plan Ares.

El general Carlos Rodríguez, comandante de la Región N°6 (para Antioquia, Córdoba y Chocó), explica que habrá una priorización de 17 municipios, en los que se busca contrarrestar el influjo de los laboratorios (ver entrevista).

Se trata de las 10 localidades del Valle de Aburrá (Medellín, Bello, Barbosa, Girardota, Copacabana, Itagüí, Envigado, Sabaneta, Caldas y La Estrella) y siete del Oriente (Marinilla, El Peñol, Guatapé, Rionegro, La Unión, Abejorral y La Ceja).

Estas áreas conforman uno de los mercados más lucrativos para la construcción de “cocinas” y tráfico de precursores. De hecho, a las autoridades les llama la atención que varios cabecillas del crimen organizado del área metropolitana han sido capturados recientemente en cabañas y apartamentos del Oriente cercano, lo que, dado el contexto, no parece casualidad.

En fincas de El Peñol fueron arrestados alias “Tom”, jefe de “la Oficina” (09/12/17); “Draculín”, de la banda de “Caicedo” (17/2/18); y “Sombra”, de la organización criminal “Robledo” (21/4/18).

En Guarne detuvieron a “Nano”, de “la Oficina de Manrique” (04/5/18); y en San Rafael cayó “Nicolás”, del Clan del Golfo (05/8/18).

Dentro del proyecto policial está la implementación de cuatro Focos de Intervención Antinarcóticos (FIA), que implican una vigilancia de los corredores más usados por “químicos” y traficantes: el eje Medellín-Santa Fe de Antioquia, La Ceja-Medellín, Medellín-Puerto Triunfo y Medellín-La Pintada.

De hecho, el martes anterior fue detenido un furgón en el sector Los Naranjos, cerca de Santa Fe de Antioquia, que transportaba 750 kilos de cripa. Según la Policía, el cargamento tenía como destino la capital paisa y se presume que pertenecería al Clan del Golfo.

El Plan Ares se complementa con un componente preventivo y de apoyo de la comunidad, que puede llamar a la Línea 167 para denunciar centros de acopio, laboratorios, plazas de vicio y demás actividades ligadas al narcotráfico, a cambio de recompensas.

Riesgo en el horizonte

El consultor internacional en seguridad, John Marulanda, afirma que al impactar los laboratorios se afecta un eslabón sensible en la cadena del narcotráfico. “Esa estrategia tendrá mejor resultado si logran articularla de forma efectiva con otros planes que quiere impulsar el Gobierno, como las restricciones a la dosis mínima, la erradicación con glifosato y el aumento en las interdicciones”, señala.

A su juicio, el hecho de que en Antioquia los laboratorios estén cada vez más cerca de las ciudades, implica un riesgo que no hay que pasar por alto.

“Con el crecimiento del consumo interno, nos estamos aproximando a una era poscocaína, en la que habrá una fuerte presencia en el mercado de las metanfetaminas. Esta clase de drogas se producen usualmente en casas de los centros urbanos, y si ya hay una influencia cercana de esos laboratorios, es un peligro en el horizonte”, asevera.

Las autoridades, que ya advirtieron el movimiento de los “químicos”, deben estar atentas a esa probable jugada, porque en el ajedrez de los narcos la sociedad siempre está en jaque.

167

es la Línea contra el Narcotráfico, donde la gente puede denunciar ese delito.

Frente al auge de los laboratorios de cocaína en proximidades al Valle de Aburrá, la Policía priorizó 17 municipios para intervenir con el Plan Ares.
Laboratorios del narcotráfico en Medellín y Valle del Aburrá

Contexto de la Noticia

General Carlos Rodríguez, comandante de la Región N°6 de la Policía

¿En qué consiste este nuevo Plan Ares?

“Es una estrategia integral, que pretende: acabar por completo los cultivos de coca y marihuana de los 17 municipios priorizados, porque hemos encontrado pequeños sembrados y hasta de media hectárea; generar desabaste- cimiento de las plazas de vicio urbanas, cortando la llegada de la droga con los Focos de Intervención Antinarcóticos; también, acabar con los laboratorios, evitando que les lleguen los insumos químicos”.

¿Por qué quieren concentrarse en los laboratorios?

“Hemos notado que hay un cambio en la dinámica: antes estaban ubicados monte adentro, en áreas rurales, ahora están cada vez más cerca de los perímetros urbanos. Eso les permite a los ‘cocineros’ tener los precursores químicos a la mano”.

¿Quiénes están gerenciando estos laboratorios en Antioquia?

“Son ‘cocineros’ independientes, personas que se especializan en procesar la coca y brindan ese servicio a los grupos armados. La cadena del narcotráfico se terceriza cada vez más, hay otros delincuentes independientes que se encargan del transporte de la droga para su exportación; y otros subcontratados para administrar las ganancias y hacer el lavado de activos. Hemos visto que esta subcontratación también incluye empresas fachada de transporte, que usan vehículos disfrazados con logos de entidades de salud, funerarias, productos refrigerantes o cementeras, para mover estupefacientes e insumos de un lado a otro”.

¿La estrategia es solo para esta región?

“Es un plan piloto que se está implementando en Antioquia y Nariño. Estamos trabajando en conjunto con la Dirección Antinarcóticos, la Fiscalía, Migración Colombia y el Ejército; y en nuestro caso, con la Gobernación de Antioquia”.


Powered by