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Un día en la vida de tres mujeres (y exitosas) empresarias

ElColombiano
Ginna Alejandra Jiménez Vergara, estudiante de Negocios y creadora de Comproagro. FOTO EDWIN BUSTAMANTE

Los esfuerzos de empresarias se materializan en sus trabajos. Ginna, en el campo; Eulalia, en la consultoría; y Luz María, en la infraestructura. Su familia y su educación no tienen nada en común; sin embargo, las tres comparten la alegría de construir para otros.

Ginna, la millennial de boyacá que creó el facebook del agro

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GINNA ALEJANDRA JIMÉNEZ La mejor bachiller del 2014 en el colegio Plinio Mendoza de Toca, Boyacá, está parada con ruana blanca y cuchillo en mano frente a varios bultos de cebollas cabezonas. Llegaron por montones en la madrugada al centro de acopio de la vereda Cunucá, y hay para todos los gustos: grandotas y blancas que, recién lavadas, se verían perfectas en un comercial; medianas, con visos verdes, y otras pequeñas, envueltas en cáscaras coloradas. Todas, rebosadas de esa tierra oscura y fértil que se esconde entre las montañas.

Son las 8 de la mañana de un martes de enero y el frío de 10°C entume los huesos. El cielo está encapotado y pareciera que la lluvia va a acompañar a los agricultores de Toca hasta el final de los tiempos.

Ahí, en la finca El Cerezo, está Ginna junto a Rosalba, su mamá, y a Brayan, su mellizo, tres minutos menor que ella. También están el tío Iván y los abuelos maternos (Segundo y Crisanta). Brad, el perro husky siberiano que les saca sonrisas desde hace 11 meses.

Las mujeres de la vereda que les ayudan llegarán en el transcurso de la mañana: el día antes hubo remate de fiestas patronales en el pueblo y el mariachi estuvo bueno. Todos tendrán la misión de seleccionar y organizar 6,5 toneladas -entre cebollas y papas- que en la tarde partirán en un camión rumbo a Bogotá.

El germen de Comproagro

Su comprador en la capital del país surgió gracias a Comproagro, un emprendimiento digital ideado por los mellizos Jiménez Vergara en el último año del colegio. Y es que ella dice que su familia, desde sus bisabuelos, se ha dedicado al cultivo. “La idea surge de ver la diferencia, en ocasiones, de hasta el 300 % o más del precio que le pagaban al productor y el de la venta al consumidor final. Por eso comenzamos a estructurar una plataforma gratuita para productores y compradores en la que se conectaran directamente”.

Comproagro tuvo ocho meses de gestación y vio la luz en febrero de 2015. Primero como app y luego como una página web, que en la actualidad tiene 9 mil usuarios registrados desde regiones como Boyacá o Antioquia hasta La Guajira y el Putumayo.

Ginna combina la agricultura en la finca de los abuelos con el pregrado de Negocios internacionales que cursa en la Universidad de Boyacá. En época escolar va y viene todos los días en bus. Son 40 minutos que tarda el trayecto desde su natal Toca hasta Tunja.

El amor por la academia lo heredó de su madre, que trabajó durante 11 años en cultivos de rosas mientras estudiaba a distancia una licenciatura para ser maestra.

Han pasado 8 horas desde que comenzó la jornada -el camión ya llegó- y todavía quedan bultos por organizar. Hubo hora de almuerzo y tiempo para el café con mogolla, tiempo para cuadrar, entre cebolla y cebolla, los precios de venta vía WhatsApp.

Sobre sus sueños y perspectivas, Ginna habla en plural, a nombre de su familia. El objetivo para el 2018 no es otro que Comproagro siga creciendo y que más agricultores del país logren vender sus productos, incluso al exterior, a un precio justo. En otras palabras: que más fresas, cebollas o cacaos colombianos se exhiban en internet ante el interés de muchos como si fueran bendecidos y afortunados.

Eulalia en la consultoría, un trabajo hecho a pulso

Eulalia Sanín Gómez, economista creadora de Prospecta (2004 - 2016) y socia de la firma consultora A.T. Kearney.
Eulalia Sanín Gómez, economista creadora de Prospecta (2004 - 2016) y socia de la firma consultora A.T. Kearney.

EULALIA SANÍN Una ejecutiva camina por el pasaje peatonal de Ciudad del Río, que separa al centro empresarial del hotel Ibis. Camisa, pantalón y chaqueta, todos azul oscuros, le imprimen el toque formal a Eulalia Sanín Gómez. Su reloj marca las 8:30 de la mañana: la primera cita de la jornada del lunes comienza puntual y es la oportunidad perfecta para desayunar.

En el transcurso del día se reunirá con parte del equipo de trabajo de A.T Kearney, la firma consultora de alta dirección, que tiene oficinas en más de 40 países y de la que ahora es socia en Colombia.

La agenda del día también incluye dos reuniones confidenciales: presentaciones ante juntas directivas de empresas multilatinas que acompaña y la pausa: un cálido almuerzo en su apartamento junto a su madre y un compañero de trabajo.

El día sigue con una teleconferencia para monitorear otro proyecto. Todo deberá transcurrir en orden para finalizar en una silla de avión, que espera por ella, en el Aeropuerto José María Córdova. La aeronave la llevará de Rionegro a Bogotá donde su esposo y sus dos hijas la extrañan en casa.

Así es el día a día de Eulalia, quien nació en 1974, estudió en el colegio Columbus School de Medellín y la universidad en Los Andes de Bogotá, donde se graduó en Economía. Hizo la práctica en el Banco de la República y, sin más experiencia que esa, se aventuró a estudiar una maestría, en Washington, en relaciones internacionales.

Su hoja de vida nunca dirá que se graduó del pregrado por ventanilla, pero no hay de qué sonrojarse porque no pudo reclamar el título en persona ya que se encontraba recibiendo clases en la escuela de negocios de la Universidad Johns Hopkins. Allí se enamoró y conoció a Ralf Leiteritz, el académico alemán con el que está casada desde hace 15 años. Luego llegaron al mundo Eloísa y Paz. Les alegraron más la vida.

Quienes trabajan con ella describen a esta mujer antioqueña como diplomática y apasionada, con especial tino para sugerir estrategias cuando algunos de los más importantes empresarios del país, que contratan su firma de consultoría, quieren avanzar en grandes cambios.

“Crecí en una familia en la que nunca se me dijo que por ser mujer las cosas serían más difíciles. A los 25 años no se me había pasado por la cabeza esa diferencia y creo que eso me llenó de confianza y me sirve mucho para hablar desde el conocimiento y la experiencia adquirida. Después me dí cuenta de que hay un montón de restricciones que vienen de lo cultural y las creencias, por eso, uno que está en una posición de liderazgo tiene que ser muy activo en ayudar a las mujeres a crear sus propios caminos”, dice Eulalia en la tarde, desde la comodidad de su casa, y al compás de una agua aromática. Al fondo una biblioteca amplia repleta de libros da cuenta de que creció entre leyes, literatura y cocina francesa, fruto de la educación que recibió de sus padres, Ignacio Sanín Bernal y María Stella Gómez.

Cae la tarde en la capital antioqueña y Eulalia logra su cupo rumbo a Bogotá. Las reuniones fueron exitosas y volver a su natal Medellín siempre la reconforta. Estará en casa para darle un beso de buenas noches a sus hijas, pensará en algunas preguntas impertinentes del reportero y maquinará ideas para darle rienda suelta al que es su principal hobbie: emprender para que otras mujeres escriban nuevas historias en condiciones de igualdad.

Luz María edificó la empresa para que El Cóndor volara más alto

Luz María Correa, presidenta de Construcciones El Cóndor.
Luz María Correa, presidenta de Construcciones El Cóndor.

LUZ MARÏA CORREA Esa sonrisa afable que mantuvo ese miércoles, el día en que la conocí en El Poblado, la acompaña en todas sus jornadas.

Luz María Correa aparece por los recovecos de las oficinas de Construcciones El Cóndor. Es como su casa, así lo siente, y no es para menos: este 2018 ajustará 32 años -los últimos 17 como presidenta- en la empresa familiar que comenzó con pequeños contratos de obra y que hoy tiene cerca de 2 mil empleados y varias de las vías 4G en Colombia.

Una oficina amplia, adornada con dos orquídeas blancas, y una vista imponente de Medellín desde el suroriente la acompañan.

Luz María, que viste un pantalón negro formal que combina con tacones y accesorios pequeños, que dan brillo en un día opaco, empieza su jornada al filo de la madrugada en su casa con un poco de ejercicio para despejar la mente. Después viene el desayuno y las primeras reuniones corporativas. La agenda debe ser concisa porque al mediodía, como todos los miércoles, habrá almuerzo familiar con fríjoles en la casa del matrimonio Correa - Vargas. Ya la madre (Maria Antonieta) citó a las hijas y a los nietos vía WhatsApp.

A El Cóndor llegó como practicante cuando, a mediados de los 80, terminaba sus estudios en Administración de Negocios y su papá la “colaba” en las juntas con varios de los empresarios más importantes de la región. Le agarró cariño a la empresa, le fue dando su estilo y se amañó tanto que nunca trabajó en otro lado. Es además la única de las cuatro hijas que asumió un papel protagónico en el sector de la construcción, en el que predominan los hombres.

“Fui creciendo como persona y como profesional a la par de lo que creció el sector de la infraestructura en el país. Me tocó ver nacer el esquema de las concesiones en Colombia y eso fue un aprendizaje enorme”.

Cuando habla de su familia se extiende y se siente orgullosa de ellos: de su esposo Julio Andrés Sanín, con quien ajusta 29 años de matrimonio y con el que procura almorzar en medio del corre corre de los días laborales y jugar golf o pescar los fines de semana; de su hijo Andrés, que está estudiando un MBA en Europa, y de Camila, que recién volvió a Colombia luego de un periplo académico en el exterior. También de sus padres, que están vivos, y suman 54 años de casados.

A Jairo Correa, su papá, lo acompaña hasta en los caprichos más excéntricos como cuando en 2012 decidió, a título personal, comprar la mayoría accionaria para salvar al Independiente Medellín en un momento financiero complejo.

Y luego de los recuerdos familiares, esa tarde la pasó entre reuniones de trabajo en Argos y un encuentro con “don Jairo” en la oficina. Allí recuerdan el liderazgo de esta mujer desde que estaba jovencita y cómo la empresa cambió con el sello corporativo que le fue dando con los años.

Razón tenía, en el 2000, el cazatalentos extranjero contratado para recomendarle a Jairo Correa, socio fundador, un buen sucesor en la presidencia de la compañía: todas las cualidades del nuevo líder las reunía su hija mayor: Luz María. No hacía falta buscar afuera.


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