Colombia | Publicado el 6 de March de 2018

A 101.046 hombres les pegaron sus parejas

De cada 100 hombres que denunciaron agresiones, 36 fueron maltratados por exnovias, exesposas, excompañeras, examantes o compañeros sentimentales, según datos de Medicina Legal. Foto: Vlue

Germán Jiménez Morales

El de Crescencio Bejarano Palacios, de 58 años, no es un caso más dentro de las denuncias que 101.046 hombres pusieron en Colombia ante las autoridades por haber sido agredidos por sus parejas y exparejas. El suyo es de los más graves: el 16 de enero de 2016, mientras dormía, según su versión, su excompañera sentimental lo bañó en gasolina y le prendió fuego. Crescencio saltó de un segundo piso, “se apagó” en las aguas de la quebrada Doña Josefa, 50 % de su cuerpo quedó con cicatrices y su mente aún recicla esa pesadilla.

El hecho está impune.

A Manuela Cuesta, su expareja, le imputaron el presunto delito de tentativa de homicidio agravada. Un juez de la República consideró que no había pruebas suficientes para encarcelarla y la dejó en libertad, en una decisión que fue apelada por la Fiscalía. Mientras tanto, Crescencio, alcalde del municipio de Atrato, Chocó, hace sus terapias, prueba suerte con otro amor y confiesa que a nivel sicológico “uno siente algún temor y desconfía de algunas mujeres”.

La razón de la agresión de la que fue objeto la atribuye a los celos y a que su pareja se enamoró de un funcionario de la alcaldía, que renunció. “Ella se fue de la casa y después vino a causarme daño”. Crescencio sostiene que la ley parece creada solo para las mujeres, “porque cuando ellas agreden a los hombres, como en mi caso, no pasa nada, todo el mundo se queda callado”.

Entre 1996-2016 el silencio lo rompieron 101.046 hombres que denunciaron agresiones de sus parejas (64%) y exparejas (36%). Eso es tanto como si hubieran recibido golpizas todos los hombres de los municipios antioqueños de Apartadó, Anorí y Giraldo.

En ese mismo período 861.123 mujeres fueron golpeadas por sus parejas y exparejas. Las cifras de Medicina incluyen parejas homosexuales y heterosexuales, y están en el centro de las violencias que se registran en el hogar, de las que damos cuenta en el infográfico. Allí hay delitos sexuales, no solo contra los menores de edad, sino también contra personas mayores de 65 años. Homicidios cometidos por familiares y personas que se quitan la vida ante tantos conflictos de pareja.

¿Qué está pasando?

Sobre las agresiones femeninas, Fabio Castro Herrera, magíster en asuntos culturales y coordinador Académico de la Escuela de Justicia Comunitaria Universidad Nacional, sostiene que, al igual que el hombre, una mujer que genera violencia también está amparada en unos patrones altamente patriarcales. Este no distingue si se es mujer o se es hombre, se trata de un criterio de dominación política.

Por asuntos culturales, anota, en un sociedad machista el hombre tiene restricciones para guardarse los ataques en su contra de parte de su pareja u otras mujeres. Entre muchos otros, el hombre considera que si hace visible su situación se afecta su masculinidad, lo feminizan o señalan como al que le pega la mujer. “Pero cuando se empieza a denunciar este tipo de casos se comprende que la violencia es un asunto más o menos permanente, solo que ahora tenemos un nivel más elevado de casos porque el hombre ya denuncia”.

En concepto de Castro Herrera la denuncia masculina lleva, además, a pensar que ha habido procesos formativos en los que los hombres también comprenden que tienen un lugar vulnerable en el mundo de las relaciones de pareja.

Para el investigador, “esto sería lo positivo del asunto. Si denunciamos la violencia del hombre contra la mujer, también debe hacerse la de estas contra los hombres. Ambos comportamientos no admiten ningún tipo de justificaciones, aunque sean comunes en una sociedad como la nuestra en la que la violencia tiene mucha legitimidad social”.

Guillermo Aguirre, sociólogo y catedrático universitario, marca el contraste que hay entre lo ocultas o no muy ventiladas que son las estadísticas de muertes de hombres a manos de mujeres, con los feminicidios que se sacan a flote en el entorno de la igualdad de género.

Manifiesta el docente que “en el comportamiento común de nuestra sociedad, que en un alto porcentaje tiende a la violencia, es casi un toma y dame, entre feminicidios y homicidios. La diferencia es que no parece noticia que una mujer mate a un hombre y se toma como una suerte de venganza social oculta del género oprimido”.

¿Por qué las golpizas?

Para Eliana Mejía, sicóloga especializada en sicología jurídica, “lo que pasa es que en las relaciones de pareja hablamos más de roles que de géneros. Puede ocurrir que en una pareja heterosexual, quien lleve el rol masculino o dominante sea la mujer, mientras que el hombre es el sumiso. Lo que he visto, según la experiencia clínica y los casos que llegan de Comisaría de Familia, es que las mujeres tienden a ser más agresivas desde la parte verbal, mientras que los hombres tienden a ser más agresivos desde lo físico. En algunas ocasiones, la violencia de una mujer es la respuesta a la del hombre, como una forma de defenderse, entonces vemos que la víctima se convierte en victimaria. Cuando hablamos de violencia de pareja, el 90% es generada por hombres. Eso significa que hay un 10% de mujeres agresoras, que también asesinan hombres”.

La sicóloga sostiene que en Colombia tenemos la costumbre de minimizar las agresiones: “si atacan a una mujer, decimos que fue por buscona o por su vestimenta; si el agredido es un hombre, decimos que es un debilucho, poco hombre o bobo”.

En opinión de Gloria Luz Gómez, exsecretaria de la Mujer, de la Alcaldía de Medellín, los casos de agresiones de las mujeres contra los hombres “son mínimos, no se denuncian o no son representativos frente a la violencia contra las mujeres, y no es un fenómeno sociológico que esté en aumento”. La exfuncionaria recuerda que durante su gestión no se estudió ese fenómeno, porque al ver las cifras de la Fiscalía, el 123 y Medicina Legal “los casos son absolutamente escasos” y no dan para pensar, en su sentir, que “las mujeres nos estamos volviendo muy malas porque respondemos o nos defendemos de ellos”.

Aunque opina que las mujeres están hoy más empoderadas, expresa que hay una brecha muy grande en el ejercicio del poder, en las esferas política, económica y hasta educativa. “Nos falta mucho para estar en las mismas condiciones de igualdad”.

Rocío Pineda-García, quien se califica como “una humilde feminista”, coincide con Gloria Luz Gómez en que el fenómeno de las mujeres que golpean a sus parejas y exparejas no es muy estudiado, debido a que es pequeño si se le compara con la violencia de los hombres contra las mujeres.

“Los problemas públicos son aquellos que afectan a una gran comunidad o población”. Reconoce la especialista en investigación social, que mientras a las mujeres les pesa el miedo para denunciar, en los hombres juega el temor al escarnio público, a que se ponga en tela de juicio su virilidad, fuerza y carácter dominante.

“Nadie debería agredir a nadie, pues no está legitimada la violencia de un lado o del otro”, concluye Rocío Pineda-García. Y tampoco debería minimizarse ni ridiculizarse esa violencia femenina, pues cuenta Eliana Mejía que conoció el caso de una mujer que terminó rompiéndole la cabeza a su compañero e intentó tirarlo por el balcón.

Los vecinos llamaban a la Policía, la misma que evidenciaba las lesiones, moretones y hasta heridas sangrantes del hombre. Pese a ello, “ni siquiera hacían el reporte. Asumían que era un simple problema de pareja y que quién sabe por qué motivo ella le había pegado a él” .

Otras Noticias